Opinión

  • | 2010/03/26 00:00

    Elecciones y economía: luces y sombras

    Los colombianos debemos sentirnos orgullosos de tener siete buenos candidatos. ¡Qué contraste con lo que ha venido pasando en las últimas elecciones en el vecindario!

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El proceso electoral reciente ha traído buenas y malas nuevas para la democracia y la economía colombiana. La mejor noticia fue, sin duda, la actuación autónoma de la Corte Constitucional al haber declarado inexequible el referendo reeleccionista por amplia mayoría. La aprobación del referendo hubiese sido funesta para nuestras instituciones democráticas y económicas. Que la popularidad de un caudillo, por bueno que fuese, le permitiese pasar por encima de nuestra Constitución y de nuestras leyes, habría constituido un grave antecedente para la democracia.

 

El desbalance de poderes y contrapesos resultante habría posibilitado el ejercicio futuro de arbitrariedades y, a la larga, se habría constituido en un serio desestímulo a la inversión privada, nacional y extranjera. Ante el mundo hubiésemos quedado como una "república bananera", aislada y desprestigiada. A buena hora se evitó semejante esperpento y el Presidente acató con humildad la decisión de la Corte. Ojalá le hubiese evitado tanta incertidumbre al país y tanto daño a su imagen personal.

Otra buena noticia fue el resultado de la consulta conservadora. Habría sido lamentable que la ganara un precandidato cuyo único mérito político consiste en tratar de parecerse a otro y cuya campaña electoral se basaba en asegurar que era "el del Presidente". Arias es un joven inteligente, pero inexperto, inmaduro, excesivamente ambicioso y capaz de cualquier cosa, como lo demuestra su manejo de Agro Ingreso Seguro, así como las irregularidades en la financiación de su campaña. En contraste, Noemí es una mujer con una amplia experiencia y que ha tenido éxito en las importantes funciones que ha desempeñado en el sector público y privado. Además, es absolutamente íntegra. Parece mentira que el partido Conservador estuvo a punto de preferir a Arias.

La tercera buena noticia fue el resultado del Partido Verde y la alta votación por Mockus. Estos resultados demuestran que hay un amplio número de colombianos que vota motivado por la seriedad y responsabilidad de los candidatos, así estos no tengan maquinaria política. Ojala fueran la mayoría. Mockus es sin duda alguna el personaje más interesante de la política colombiana: filósofo, pedagogo y educador, le cambió la fisonomía ciudadana y financiera a Bogotá. Peñalosa completó el proceso de cambio y Garzón continuó bien la labor de sus predecesores. Los tres merecían este apoyo.

Así como el Polo mereció el voto de castigo que tuvo. Lo que está pasando en Bogotá es dramático: campea la incompetencia, el desorden y la corrupción, después de todo lo que habían logrado los tres alcaldes anteriores. Ya las mayorías del Polo habían expresado su inconformidad al elegir a Petro como candidato, pero en un acto mezquino y sin antecedentes, los pragmáticos del Polo no quisieron entregarle el manejo del Partido y se dedicaron a obstaculizar su campaña. El hundimiento de Dussán es bien merecido. Lástima que no sucedió lo mismo con Iván Moreno.

Estas fueron las luces. Pero fueron también muchas las sombras. La peor es constatar que la parapolítica está viva y coleando. Lo del PIN es una vergüenza nacional. Como también lo es que otros partidos hayan aceptado en sus filas candidatos que representan maquinarias políticas cuyos jefes han sido condenados o están siendo investigados bajo indicios graves de vínculos con los paramilitares. Y qué decir de lo que sucedió y está sucediendo en el Valle. El proceso electoral reveló que la parapolítica aún campea en ese departamento.

Resulta también vergonzoso y preocupante la incompetencia con la que la Registraduría manejó el proceso. El Registrador Nacional debería presentar su renuncia cuanto antes.

¿Qué se avizora en la elección presidencial y qué implicaciones puede tener para la economía nacional? Para comenzar, los colombianos debemos sentirnos orgullosos de tener siete buenos candidatos. ¡Que contraste con lo que ha venido pasando en las últimas elecciones en el vecindario!

Después de los resultados del domingo, parece lo más probable que gane el uribismo, en cabeza de Juan Manuel Santos o de Noemí Sanín. Con Santos o Noemí se garantizaría la continuidad de la política de seguridad democrática, lo cual reviste enorme importancia para nuestro país y nuestra economía. Por demás, confío en que el uno o la otra tendrían una actitud diferente a la del actual gobierno con respecto a los derechos humanos y al respeto por las instituciones judiciales y los procedimientos constitucionales y legales establecidos. Lo mismo sucedería en el caso, menos probable pero no imposible, de que ganara alguno de los otros candidatos. Un cambio de actitud en estas materias resultara muy conveniente para nuestra democracia y nuestras relaciones internacionales.

Confío también en que Santos o Noemí manejarían la economía con mayor seriedad de lo que hizo Uribe en su segundo mandato. Uribe comenzó bien: cuando recibió el país apenas saliendo de la crisis de 1999, confió en los técnicos y apoyó sus recomendaciones, gracias a lo cual (y a los éxitos en materia de seguridad) la inversión y la economía crecieron con rapidez, empujadas por los vientos de cola del auge internacional en el comercio y el precio de nuestros productos de exportación. Además, impulsó reformas económicas importantes. Pero apenas comenzó el boom y se empeño en su reelección, decidió distanciarse de las recomendaciones de sus técnicos, no ahorró casi nada de los recursos excepcionales de la bonanza y se dedicó a gastar sin orden, debilitando los procesos tecnocráticos establecidos para la inversión pública y atomizando y politizando la asignación de los recursos públicos. El debilitamiento de la influencia de Planeación Nacional y del propio Ministerio de Hacienda, da grima. El Presidente saboteó una buena reforma tributaria presentada por el ministro Carrasquilla y se dedicó a otorgar a diestra y siniestra privilegios tributarios para ciertos sectores y empresas, creando enormes inequidades y sacrificando valiosos recursos fiscales. Asimismo, apoyó un manejo errático y poco transparente en los Ministerios de Transporte y Agricultura, pasando por encima de Planeación y Hacienda. Los resultados de este desorden están a la vista: no hubo con qué hacer una política fiscal anticíclica eficaz cuando se necesitó, la sostenibilidad fiscal del Gobierno está hoy en entredicho y hay un gran atraso en infraestructura.

Santos manejó con éxito el Ministerio de Hacienda y el de Comercio Exterior, se rodeó de excelentes técnicos y siguió su consejo. Creo que como Presidente volvería a fortalecer Hacienda y Planeación, buscaría sanear las finanzas públicas y ponerle un poco de orden al gasto público y las concesiones, en particular en el Ministerio de Transporte. Creo que lo mismo sucedería con Noemí.

Hay, sin embargo, algunos riesgos. ¿Estarán dispuestos Santos o Noemí a dar virajes bruscos en las áreas en que Uribe lo ha estado haciendo mal? ¿Estará Uribe dispuesto a hacerse a un lado o tratará de ejercer su enorme influencia para impedir que cambien algunas de sus malas políticas? O, en el caso menos probable de que gane un candidato independiente o de la oposición: ¿continuaría con las políticas de Uribe en las que se han demostrado avances importantes (en seguridad pública, en educación, en programas como Familias en Acción) o caería en la tentación de cambiar no solo lo malo sino también lo bueno?

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