Opinión

  • | 1993/07/01 00:00

    El virus de la moda

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Las modas a lo largo de la historia se han puesto en práctica por muy variadas

razones, según se desarrollen ellas en diferentes escenarios y en distintas culturas o en géneros humanos diversos. Pero lo que viene sucediendo a partir de la caída de la Cortina de Hierro, del glasnost y de la perestroika, y todo lo que de ello se ha derivado, en materia de moda económica es preocupante.

En materia de política económica y en relativamente corto plazo (en los últimos 40 años) hemos vivido y cambiado súbitamente un buen número de modas, pasando por el intervencionismo, el desarrollismo, el estatismo, el monetarismo, el cepalismo, la industrialización a toda costa y ahora: El NEOLIBERALISMO, el aperturismo y, lo que es más grave aún, la moda de la privatización a toda costa.

Todas las modas han hecho carrera por un tiempo corto, como ha sucedido también con las morías femeninas de la minifalda, el pantaloncito caliente, la falda larga, la de la media pierna, el pelo largo, el pelo corto o el motilado a la papindó.



Pero también, casi siempre, terminan ligero y quien no cambia se convierte en anticuado y pierde de alguna manera el atractivo y las razones de ser. El que no las practica y propicia, queda "fuera de onda", "poco in", fuera de moda. Bien, pero esto ocurre más que todo en lo referente a las moda femeninas y todo ese ceremonial y esa "mise - en - scene" en aras a la belleza femenina se puede justificar.

Lo extraño es que a los gobernantes y a sus asesores en economía, los piquen los cambios económicos con la misma intensidad del virus de la moda femenina y no establezcan por cuenta propia, un modelo serio, relativamente estable y que se mueva de acuerdo a las circunstancias y a las necesidades del país, dentro de las cuales se pueda ir ajustando el modelo, que no la moda.

En mi pueblo un sastre famoso, Jorge Puerta, anunciaba así: "Jorge Puerta el sastre que impone la moda, porque la ajusta a su cuerpo, cambiando la moda". Así las cosas, modificaba la solapa ancha por una angosta, o la bota de pantalón campana, por la de pantalón estrecho. En Colombia, donde nos han picado todas las modas, una de las más graves hoy es la de la privatización a toda costa, mediante la cual vamos a terminar, de pronto, privatizando el ejército, la policía, los bomberos, las alcaldías, los jueces y la Cancillería, para no citar sino unos pocos de la larguísima lista que parece existir.

En opinión de muchos, el Estado tiene que tener presencia y no puede ni debe delegar incondicional e ilimitadamente todo en el sector privado, ya sea el nacional, internacional o mixto.

La totalidad de los servicios del Estado en manos de particulares, por eficientes y honestos que sean, no deja de ser una nueva moda y de acarrear consigo graves

riesgos. Por lo demás, las variaciones de modas económicas casi nunca se han aplicado integralmente y muchas veces solo han logrado desgastar al país en foros - conferencias - discursos - declaraciones de funcionarios, gremios y empresarios; en fin, toda una retórica científica y complicada en la que todos hablan y terminan sin hacer mucho pero "revolcando" todo. Esta es otra moda, la de la cháchara y la especulación a través de los medios para terminar en que la política no es "ni chicha ni limonada".

Transferir a unos pocos grupos económicamente fuertes, de cualquier origen, toda la función estatal es peligroso y no debe obedecer a una moda, si no está ella fuertemente planteada y respaldada por un plan serio y un programa debida

mente estructurado, que permita prever como se van a dar las circunstancias y como se van a prestar eficientemente los servicios en el mediano y en el largo plazo.

Me temo que no existen aún estudios serios, imparciales y profundos que le garanticen al colombiano en general cómo defenderse el día de mañana de los grandes monopolios privados que suplanten al Estado en la prestación de muchos de esos servicios, que tal vez no deben endosarse en forma general a nadie.

Privatizar porque sí, hacer apertura incondicional e ilimitada y neoliberalismo sin fondo, son modas que posiblemente colocan en la "onda in" a los chicos "plays" y a algunos "antiguos" que se creen "chéveres" y manejan la economía nacional, pero son programas que no dejan de comportar riesgos serios.

No hay que olvidar que todo lo que el Estado va a vender, se construyó con los ahorros del pueblo colombiano, a quien tampoco le han dicho en qué se van a invertir los millones de dólares o de pesos que los nuevos dueños le paguen al tesoro público por lo que durante años y con gran esfuerzo se pudo construir. ¿Dónde están los planes de inversión y los criterios que deben aplicarse para el manejo de esos grandes volúmenes de dinero?

Hay sectores en los cuales me niego a creer que el Estado no pueda aprender a manejarlos honesta y eficientemente. Según publicación reciente hecha en la prensa nacional, los servicios públicos en el departamento de Antioquia no sólo son eficientes sino rentables y su producido indefectiblemente va siempre destinado a la prestación de un mayor número y una mejor calidad de los servicios públicos.

En vez de calcar la moda internacional de la privatización a toda costa y en toda las áreas, por qué no se calcan más bien, la moda sostenida ya durante muchas décadas de honestidad y buen manejo de los servicios públicos, que se dan en casi todas partes del mundo y en algunas regiones del país con muy buen éxito?

Si la moda de privatizar termina, en corto plazo, con un montón de empresas que privatizadas dan pérdida y se quiebran, desapareciendo el servicio, quién responde? Será que el Gobierno, con los impuestos de todos, tendrá que volver a rescatarlas para no incumplir en la prestación del servicio, en las obligaciones internas y externas y pagar todo esto, nuevamente con los dineros del contribuyente?
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