El valor y el peligro de las creencias

| 7/6/2001 12:00:00 AM

El valor y el peligro de las creencias

Cuando se vuelven realidades, las creencias pueden mover el mundo o paralizarlo.

por Connie Cárdenas de Santamaría

"Yo soy así". "Soy un fracaso en la cocina". "Los niños son más valientes que las niñas". "Las mujeres inteligentes no se casan fácilmente".

Todas estas creencias no son sino eso: ¡creencias! Pero las volvemos realidades, y como tales inamovibles. Si lográramos reconocer que son tan solo ideas, podríamos cambiarlas.



Ella: "Pedro no es una persona que exprese sus sentimientos; entonces, me acostumbré a que las manifestaciones de ternura no se podían dar porque no las tenía. Se las pedía, me hacían falta, pero acepté que no se dieran".



El: "Mi matrimonio se basó en reglas de juego muy claras. Julia y yo pusimos unas reglas racionales para todo y yo las he cumplido. Cuando apareció una persona que sirvió como detonante de una faceta mucho más emotiva, descubrí que tenía esa dimensión. Pero ahora ya no sé cómo meterla en nuestra relación". Esta pareja acude a consulta ante la dificultad para manejar la compleja situación que se les presenta, después de 4 años de matrimonio, frente al enamoramiento de él de una mujer bastante más joven que ambos.



Me pregunto si en alguna medida lo que los tiene atrapados es su 'sistema de creencias' sobre lo que es cada uno y lo que a cada cual le corresponde hacer. El, honestamente, 'cree' racionalmente que la dimensión emotiva que descubrió con otra persona no la puede incorporar a su relación matrimonial.



La mayor parte de nuestros actos se guía por 'creencias' que armamos a partir de nuestra experiencia: por ideas que 'creemos' que definen lo que somos. Ser como creemos que somos se convierte en nuestra identidad, y cualquier amenaza a ella dispara nuestras defensas más primitivas.



Cuando una creencia nos sirve, luchamos por mantenerla. Se nos vuelve rígida. Nos incapacita para cambiar, nos impide revisar nuestra forma de actuar. Perdemos así la flexibilidad necesaria para responder creativamente a nuevos retos y cuestionamientos por parte de nuestros clientes o de quien nos exija una forma diferente de comportarnos.



Esta inflexibilidad convierte nuestro sistema de creencias en dogma: ¡nos hace dogmáticos! El dogmatismo olvida que, como dice el premio Nobel François Jacob, "...ningún sistema es capaz de explicar todos los aspectos y detalles de nuestro universo". Pero es más fácil amarrarse a lo conocido, a lo que 'creemos', que correr los riesgos de explorar ante cada nueva situación cuál puede ser la mejor forma de actuar. Una pareja en dificultades puede preferir romperse antes que correr los riesgos de cambiar. Muchos grupos humanos prefieren matarse entre sí que revisar sus 'creencias'.



En nuestras manos está revisar nuestras creencias para encontrar nuevas formas de pensar, hablar, sentir y hacer, que nos permitan convivir armónicamente con nuestra pareja, con nuestros amigos y, también, con nuestros enemigos. Es muy difícil... pero es posible. Para comenzar hay que reconocer que nuestras 'creencias' son ideas, ¡solo ideas! Así nos abrimos a nuevas realidades.
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