Opinión

  • | 2006/05/12 00:00

    El valor y la limitación de las reglas

    Sin una comunicación real y directa, lo único que logramos con las reglas es una distancia entre las partes que impide la atención a los problemas que pretendemos evitar o controlar.

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Las reglas me producen una reacción ambivalente. Por un lado, veo el valor de facilitar "justicia igual para todos" y de establecer límites y marcos de referencia. Sin embargo, cuando me encuentro con la rigidez de la norma, con su valor absoluto, siento que impide la relación directa y parece llamada a hacerlo. Qué más cómodo que acudir a las reglas en lugar de vérselas con la exigencia de la relación interpersonal y con "darle la cara" a cada persona para atender su situación particular. La norma obra como un escudo que evita o suprime la relación interpersonal. Se me viene a la mente la imagen de las rejillas de los edificios públicos, detrás de las cuales estaba un funcionario a quien era difícil escuchar y quien no levantaba la mirada para atender. El mensaje era: "usted como persona no cuenta; lo importante es que el papel que entregue esté conforme a la norma o al procedimiento respectivo".

Veo constantemente en las organizaciones, en las relaciones familiares y en las parejas este uso de la norma. Se establecen procedimientos y normas para todo. Y la paradoja es que la conducta de las personas sigue igual.

Así atendemos el problema de la copia en las instituciones educativas, por dar un ejemplo. En lugar de intentar comprender qué pasa con el o la estudiante que copia y cuyo caso es identificado, diseñamos y aplicamos normas cada vez más fuertes para supuestamente suprimir la copia. No buscamos comprender qué llevó a esa persona a copiar para así identificar, como institución educativa, qué tendremos que revisar, sino que aplicamos un castigo cada vez más fuerte. Y el problema sigue igual o peor, porque cada vez hay más casos de copia. Y cada vez la distancia con los estudiantes es mayor.

En las relaciones padres - hijos sucede algo semejante. Los padres definen unas reglas de juego para atender los diversos permisos, lo cual como marco de referencia es adecuado. Pero la vida es muy diversa. Por un lado, cada hijo, cada hija, es diferente y cada situación requiere mirarla según el caso. Así, para un hijo puede ser muy importante tenerle una hora de llegada, mientras que con el otro es suficiente compartir unos parámetros generales y dejarlo a su criterio. Lo importante es haber ido desarrollando la relación con cada uno que permita el diálogo que a su vez vaya generando los espacios para tomar decisiones. Y así ellos pueden comprender la diferencia en el manejo. La regla claramente no atiende esto. Es más, no permite desarrollar las relaciones para hacerlo y por el contrario produce reacciones como ver de qué manera "se pasan la norma por la faja". E incluso, hacerlo, se convierte en un reto pues la ven como algo irracional.

Los padres y madres tenemos que enseñar unas normas a nuestros hijos que les sirvan de marco de referencia para comportarse en sociedad. El ideal es que en el proceso ellos introyecten estas normas como algo propio de forma tal que, al hallarles sentido, las puedan utilizar en su beneficio. Pero parece que tanto los padres como las instituciones educativas estamos logrando todo lo contrario, según lo que dice un estudiante al describir lo que hizo durante la Semana Santa —y no es un caso aislado—. Describe cómo él y sus amigos y amigas se dedicaron a tomar hasta el cansancio. Reconoce luego: "el autocontrol es un proceso increíblemente complejo y en esto necesito ayuda, lo digo porque la familia lo ayuda a controlarse a uno. (…) En el paseo, me di cuenta de que quiero llevar todo a los extremos, sentirme totalmente liberado de todo…". Parece que las reglas han conducido, en algunos casos al menos, a intentar romperlas para sentirse libre y a necesitar la presencia física y el control del otro para atenderlas.

Considero que sin una comunicación real y directa, lo único que logramos es una distancia entre las partes que impide la atención a los problemas que pretendemos evitar o controlar. Habría que perderles el miedo a las relaciones y sus exigencias y utilizar las reglas solo como un marco general que no reemplaza el contacto personal.



conniedesantamaria68@hotmail.com
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