Opinión

  • | 2005/12/01 00:00

    El trago en la juventud: síntoma de un problema

    A veces, parece que el consumo de alcohol es lo único que entusiasma a los jóvenes. ¿Qué hay detrás de ese fenómeno? ¿Qué deben hacer los padres y los educadores?

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Por mis estudiantes y por las historias sobre sus hijos que me cuentan las parejas que atiendo en consulta, me entero de la cantidad de trago que toman los jóvenes de 16 a 25 años. Parece que lo único que les genera alguna ilusión es la rumba del fin de semana. Un colega me decía que su hijo prefiere almorzar mal y guardar la plata para la rumba, que alimentarse adecuadamente.

Por lo que relatan algunos alumnos, la semana de receso en las universidades es una maravillosa oportunidad para tomar. Se van a una finca o a un club del que no tienen que salir en carro y por consiguiente no se ven forzados a limitar la cantidad que toman. Consumen cerveza fundamentalmente, pero también mezclan con otro tipo de licor y toman hasta que se sienten mal o hasta que se quedan dormidos. Y al día siguiente vuelven a comenzar hasta sentirse mal otra vez. Algunos solamente quedan "en una prenda" sin pasar a más, otros toman casi hasta la inconciencia. Al reflexionar sobre esto, ellos mismos se dan cuenta de los efectos nocivos sobre su salud física, se dicen que tal vez no deberían tomar tanto. Y llega el siguiente fin de semana y nuevamente "el plan" es comprar trago para tomárselo en alguna fiesta o lugar público.

Sé que también los estudiantes de bachillerato toman bastante. Según una amiga, el plan de la excursión para los de grado 11 es tomar. Al punto de que a varios hoteles les dan miedo estos paseos y no les dan cupo porque los desmanes son grandes.

¿Y los papás a todas estas dónde están? Según me dicen los jóvenes, respecto a la semana de receso, los papás están "tranquilos" porque no hay carro de por medio. Y en los fines de semana, se aseguran de que va a ir algún chofer que conduzca o algún amigo o amiga que no toman. Y respecto a las excursiones de 11, o confían en los supervisores de los colegios, o se limitan "a rezar para que no pase nada" porque no se atreven a decirles a los hijos que no vayan o a hacerles recomendaciones que a estas alturas suenan fuera de lugar.

El trago en mi concepto no es el problema: es la manifestación de un problema más hondo que tenemos que identificar y comprender. Que la juventud tome trago de esa forma y de manera tan sostenida, es para mí el síntoma de que algo estamos haciendo muy mal en la educación, tanto en la casa como en los colegios y en la universidad.

Al preguntarles a unos estudiantes qué hábito quisieran cambiar, un alumno señaló la pereza. Escribió en su ensayo: "siempre me ha dado pereza hacer la mayoría de las cosas que debo hacer y más aún si son las tareas de la universidad". Evidentemente no le encuentra mayor sentido a lo que debe hacer.

Me pregunto si el hábito de tomar trago no tendrá alguna relación con la falta de sentido de la vida, con la ausencia de intereses propios, con el temor a no pertenecer o ser aceptado por su grupo de referencia. ¿Y qué estamos haciendo los padres y los docentes para desarrollar en ellos intereses propios, sentido de la solidaridad, valores que guíen su comportamiento? Veo en muchos padres un gran temor a sus hijos. Y muchos de esos hijos, reconocido por ellos mismos, tratan mal a sus padres. ¡Y los padres se dejan! No ponen límites, no buscan conversar, intentar comprender, acercarse. Por el contrario, terminan aislados de sus hijos, no saben quién es su hijo o hija y les da miedo preguntar. Ya a estas alturas del juego, frente a un muchacho de 20 años, no es tan fácil comenzar a conocerlo. Pero se puede. Nunca es tarde. Y con aquellos pequeños de 10 y 12 -y obviamente desde antes- se puede establecer una comunicación que permita que compartan lo que sienten, sus dudas y sus temores sobre la vida, su futuro, su sexualidad, ¡sobre lo que sea! Para eso tenemos que estar disponibles, dispuestos, presentes, desarrollando la capacidad de escucharlos para comprenderlos y no para juzgarlos. Y los docentes y las instituciones educativas revisar lo que enseñan, para qué lo enseñan, y qué sentido tiene para cada uno de sus estudiantes todo aquello que les están enseñando.

conniedesantamaria68@hotmail.com
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