Opinión

  • | 2004/06/11 00:00

    El TLC - A manera de constancia

    Solo dentro de tres o cuatro años se contará con evidencia, preliminar, sobre los efectos del TLC, pero quiero hacer, desde ahora, algunas precisiones.

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Sobre el TLC se han dicho muchas cosas, la mayoría desde posiciones comprometidas. Creo que, bajo circunstancias que precisaré al final de esta nota, el TLC puede tener un efecto neto positivo, pero me repelen las exageraciones sobre sus beneficios y las descalificaciones a quienquiera que señale sus costos. Y no puedo menos que notar que, quienes hoy hacen las más despectivas alusiones a los críticos del TLC, hace tres lustros aseguraron que la apertura de los 90 tendría efectos moderados sobre las importaciones y excelentes sobre las exportaciones. Que también dijeron que haría florecer la inversión extranjera, y no propiamente por la venta de los activos que la Nación acumuló durante décadas cuando, por alguna extraña razón, el ineficiente sector público, con bajos impuestos y tarifas 'subsidiadas' para los servicios, fue capaz de invertir en lugar de desinvertir. Y que todo eso se traduciría en una aceleración del crecimiento, distinta de la lograda en forma transitoria durante la primera parte de los 90 mediante un impulso irresponsable e insostenible de la demanda interna. Hoy sabemos que esas proyecciones no resultaron ni primas de la realidad.

El error es inevitable cuando se proyecta pero no valdría la pena ejercer la profesión si uno creyera que una decisión económica puede tener casi cualquier resultado. Puesto que el tema ya nos tiene a todos hasta la coronilla prometo que, después de esta constancia, no volveré a hablar del TLC al menos durante dos años. Mis proyecciones al respecto son:

- En los primeros años del TLC las importaciones aumentarán el doble o más de lo que aumentará el PIB, por su abaratamiento al reducirse los aranceles frente a Estados Unidos. La magnitud del aumento dependerá de cómo se negocie el TLC y del tipo de cambio real que mantengamos durante el proceso, pero las proyecciones de aumentos marginales en las importaciones, como las que hace poco publicó el DNP, no tienen sentido, y no cuadran para nada con la experiencia de los 90.

- Las exportaciones no tradicionales a Estados Unidos no se dispararán a partir del TLC porque casi todos los productos que podríamos exportar ya están liberados en ese mercado. Además, Estados Unidos está firmando tratados de liberación comercial hasta con el gato, de manera que la competencia entre exportadores se acentuará respecto a la situación que durante años disfrutamos bajo el Atpa-Atpdea.

- Como resultado de lo anterior, bajo el TLC la balanza comercial de Colombia con Estados Unidos se deteriorará.

- Para la agricultura el efecto será negativo. La velocidad del deterioro puede reducirse mediante una liberación gradual, pero Estados Unidos no aceptará nada que se parezca a conservar la actual protección al sector agrícola colombiano por un período prolongado.

- La inversión extranjera directa, distinta a que se efectúe para adquirir activos de la Nación o la explotación de recursos no renovables, no va a aumentar gran cosa. En el sector industrial, la IED va a disminuir pues varias empresas estadounidense que hoy atienden el mercado colombiano encontrarán que, si no hay ventajas arancelarias por estar localizadas aquí, es mejor producir afuera y exportar a Colombia.

- El crecimiento no acelerará y, dentro de unos años, los técnicos mostrarán que el crecimiento potencial del PIB es inferior al actual, que ya es muy inferior al que se consideraba rutinario hace tres lustros.

Con tantas cosas negativas sería necio afirmar que, con seguridad, el balance del TLC será positivo. En mi opinión, es alto el riesgo de que sea negativo. El resultado dependerá, claro, de lo que se negocie, pero ese es un frente donde no creo que Colombia tenga mucha capacidad de maniobra. También dependerá de la política económica. En primer lugar, del tipo de cambio real con que entremos al TLC y el que mantengamos una vez adentro. En segundo lugar, de nuestras tasas de interés en comparación con las de Estados Unidos, que afectarán la capacidad de competir con sus productores. En tercer lugar, de que en los próximos años gastemos lo suficiente en seguridad para reducir a niveles tolerables los actuales costos asociados con el orden público.
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