Opinión

  • | 2008/10/24 00:00

    El síndrome del pánico

    El manejo dado por el 'médico' americano (el gobierno Bush) se limitó a pedir poderes extraordinarios para disponer de US$700.000 millones con el fin comprar la 'cartera basura', sin presentar ni discutir otras opciones (o sea olvidando el fenómeno de 'pánico').

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Retransmito un correo electrónico: En una comida de repente una persona se cae; se levanta diciendo que se tropezó, o que se enredó un talón, o que estaba distraída; sin embargo, nada de esto parece lógico -no hay con qué enredarse o tropezarse, y parecía involucrada en lo que se hacía-. Si después se ve algo 'rara' o 'despistada' puede ser que haya sufrido un pequeño infarto cerebral o isquemia.

Consiste esta en que un coágulo bloquea un vaso sanguíneo del cerebro impidiendo la circulación por él y generando esa perturbación. Si este accidente es atendido antes de tres horas y con la apropiada intervención, el paciente se recupera probablemente al 100%; si pasa más tiempo o el tratamiento no es el correcto, el bloqueo puede generar un derrame y llevar a lesiones permanentes o incluso hasta la muerte.

Tres pruebas fáciles se recomiendan para saber si algo así sucede: -pedirle a la persona que sonría-; -pedirle que levante un brazo y después el otro-; y pedirle que responda coherentemente una sencilla pregunta (v.gr. ¿qué estaba haciendo hace una hora); si se nota alguna dificultad en alguna de ellas, se debe llevar a urgencias inmediatamente.

Hasta aquí el correo; lo complemento:

El cerebro en todo caso ha sufrido una lesión. Mientras ella se cura el cerebro manda mensajes avisando de su estado, creando una reacción de ansiedad y de inseguridad en la persona, la cual a su turno causa un efecto psicológico que retroalimenta un estado de angustia; el conjunto de esto produce el 'síndrome de pánico' que una vez pasada la urgencia es poco atendido por los médicos.

El tratamiento debe ser para ambos aspectos, el físico para curar la lesión y evitar la posibilidad de nuevos coágulos, y el psiquiátrico que, en parte mediante droga y en parte mediante asistencia psicológica, impida que el paciente entre en ese estado de pánico o, si es del caso, salga de él.

Lo anterior sirve también de introducción para hacer el paralelo con el pánico que están sufriendo las economías del mundo, siendo las autoridades de los diferentes países los médicos tratantes de este mal.

Lo que colapsó fueron las hipotecas en Estados Unidos donde son títulos que afectan solo al inmueble y los puede constituir cualquier persona, de forma tal que, si cesan los pagos, el prestamista se queda con el bien y no con un deudor moroso. Esta actividad no tenía ningún control y funcionó en forma desbordada mientras crecía la burbuja: el bien subía de precio, frente a su valor la proporción de lo prestado disminuía; y mientras el mercado inmobiliario iba al alza el incentivo era para ampliar cada vez más ese negocio y hacerlo cada vez con menor porción del valor cubierto efectivamente.

Los bancos hipotecarios adquirían estas hipotecas subprime (es decir, con más riesgo del normal), constituían paquetes que supuestamente disminuían ese riesgo al dispersarlo entre muchos deudores, y con un nombre muy sugestivo los convirtieron en un 'producto financiero' que los bancos de inversión negociaban. El aumento de precio de la finca raíz volvía atractivo y seguro el negocio, al punto que los bancos extranjeros entraron en ese carrusel.

La burbuja reventó, más de 1,8 millones de familias pierden sus hogares, los 'paquetes' pierden su valor, se quiebran primero los bancos hipotecarios, después los de inversión y explota el sistema financiero y, con él, la bolsa -puesto que a las empresas se les bloquea el crédito- y el pánico atrapa a los inversionistas, a los depositantes en los bancos, a los dueños de vivienda que ven desvalorizar su propiedad; se reduce el consumo y la inversión, etc.

El manejo dado por el 'médico' americano (el gobierno Bush) se limitó a pedir poderes extraordinarios para disponer de US$700.000 millones para comprar la 'cartera basura', sin presentar ni discutir otras opciones (o sea olvidando el fenómeno del 'pánico'). El Congreso 'negoció' alguna limitación a ese manejo y la situación actual es que ninguno de los sectores afectados (excepto la banca) tiene idea o expectativa alguna de qué ayuda se le va a dar. Esto con el agravante de que el dinero solo saldrá por etapas, y que con la elección de por medio no se sabe qué rumbo le dará el nuevo gobierno.

Las economías europeas se ven afectadas en proporción a la cercanía que tienen con lo que sucede en Estados Unidos, bien sea por su identidad con el modelo, o por la dependencia directa de lo invertido en ese país.

Ejemplos: Alemania propuso hace dos años en el G8 mayor control sobre los mercados financieros mundiales; USA y Gran Bretaña se opusieron; entonces montó mayores controles e impuso exigencias adicionales de solvencia y liquidez a sus bancos. La paradoja alemana es que por ley sus entidades oficiales territoriales solo pueden emitir papeles donde el underwriter o garante sean instituciones AAA y por eso gran cantidad de sus títulos estaban cobijados por la AIG, por Lehman Brothers, etc. Al bajar de calificación estas entidades, los bancos alemanes están obligados a provisionar lo correspondiente a esos papeles; así, sin que en nada hayan perdido sus deudores la capacidad de pago, los balances reflejan enormes pérdidas que obligan al Estado a intervenir. No teniendo el mismo tamaño de problemas de hipotecas, ha buscado detener el pánico evitando el retiro de depósitos mediante garantía estatal hasta cierta suma, y la toma explícitamente transitoria de algunos bancos.

Inglaterra, en cambio, siguió el modelo de desregularización a ultranza y, además de las inversiones en papeles americanos, copió su camino, cayendo en el mismo proceso (hipotecas subprime, paquetes que se convierten en títulos especulativos, sobrefinanciación del mercado de vivienda y crisis de las instituciones de crédito); y, al igual que su modelo, se ha mostrado indeciso, sin atender directamente el problema de las hipotecas, de los deudores y de los cuentahabientes, y buscando la solución solo en la nacionalización de los bancos.

Colombia no sufre tanto pues adelantó el golpe hace nueve años. Aquí lo que colapsó fueron las cooperativas de financiación que, como captaban también sin control, se vieron con altas pérdidas; el gobierno de entonces, haciendo de 'médico brujo', creó un pánico económico que arrasó con todo el sistema financiero. Un señor Aristóbulo de Juan, que había asesorado la entonces exitosa recuperación del caso español (donde quebraron algunos bancos como el Argentaria pero otros como el BBVA o el Santander se volvieron bancos mundiales), sugirió la receta ('a lo Pambelé') de sacar la cartera mala del sistema y tener pocos bancos muy buenos; lo que el gobierno entendió y lo llevó a hacer a través de CISA lo que hoy pretende el Gobierno Bush, e intervenir indebidamente varias entidades financieras y a acabar con 130 de ellas (el Estado va perdiendo todas las demandas por esas intervenciones; cinco grupos manejan el 90% del sistema1); eso llevó al país a la peor crisis de su historia, haciendo perder billones a ahorradores y contribuyentes.

Gracias a la dinámica internacional que mejoró las economías de todos los países, y a la enajenación de nuestros recursos no renovables -con alzas transitorias-, salimos aparentemente adelante.

Hoy, el mismo asesor está por llegar al país; esperemos que los 'médicos' actuales -Superfinanciera y Ministro de Hacienda- sean más capaces y menos brujos que los de entonces.



1. BBVA, Santander, Grupo Aval, Grupo Davivienda, Bancolombia

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