Opinión

  • | 2004/02/20 00:00

    El sentido de la vida

    Nuestra pareja no puede ser todo en nuestra vida, al punto de que parezcamos no ser nadie si no la tenemos. Evitarla tampoco se debe convertir en un propósito en sí mismo.

COMPARTIR

Me ha llamado la atención constatar que muchas mujeres jóvenes parecen encontrar todo el sentido de su vida en tener un hombre a su lado. Es como si ellas y sus propias necesidades, intereses y gustos estuvieran completamente definidos por la persona con la cual están de novias, o van a estarlo o ya no lo están. Todo parece girar en torno a "quién es ese hombre", como dice la canción. Al punto de que he visto cómo algunas de ellas prefieren estar de novias con alguien que no quieren y que ni siquiera les llama la atención por sus valores o prioridades, que estar solas. Su único tema son los hombres en su vida o en la vida de las demás.

En el otro extremo están esas mujeres ejecutivas en sus treinta que parecen encontrar todo el sentido de su vida en trabajar, trabajar y trabajar. Al punto de que, como contaba la hija de una amiga que estaba trabajando en Nueva York, ¡la única foto que aparecía en la oficina de su jefe era la de su gato!

Ni tanto ni tinto: nuestra pareja no puede ser todo en nuestra vida, al punto de que parezcamos no ser nadie si no la tenemos y entremos en desespero sin alguien a nuestro lado. Evitarla tampoco se debe convertir en un propósito en sí mismo.

Creo en la relación de pareja, la vivo diariamente con mucho gusto, interés y afecto y disfruto sus desafíos. Quiero a los hombres, me gusta su diferencia, la mirada alternativa que me plantean. Aprendo con entusiasmo de su conducta y sus propuestas. Siento que me complementan y me retan en sentido constructivo. Lo que me llama la atención es que hoy, en pleno siglo XXI, las mujeres todavía parecemos estar como las universitarias de los años 50 que tipifican en la película de "La sonrisa de la Monalisa": encontrando en nuestra pareja y en las tareas del hogar, la definición de qué hacer con nuestra vida y nuestro futuro. Para mí es claro que es necesario superar esa época: las mujeres tenemos hoy múltiples opciones de vida, y en América Latina al menos, aún podemos combinar esas opciones de diversas maneras.

Considero que la falta de propósito y sentido de vida propios se expresan en esa búsqueda y necesidad de pareja a toda costa, y que esto está en la base de estas manifestaciones.

Lo mismo veo en algunos estudiantes, hombres y mujeres, que comparten sus experiencias conmigo: vacíos y temores por una falta de sentido en su vida. Se lanzan en picada a situaciones, según ellos mismos, extremas y luego se arrepienten, se sienten mal, no saben por qué lo hicieron, se llenan de propósitos de no volverlo a hacer, hasta la próxima vez en que hacen el "replay".

La invitación que les hago a todos ellos y a las mujeres de cualquier edad que solo encuentran su norte en otro, es a penetrar en nosotros mismos para aprovechar todas esas ocasiones de vacío y soledad para identificar qué es importante para cada uno/a de nosotros, a la luz de unos valores propios e identificar así las tareas y espacios en estos tres niveles: en el orden intelectual y laboral, en el ámbito sentimental y del corazón y en el servicio a otros.

He visto cómo cuando se integran equilibradamente nuestras actividades, pensamientos y sentimientos en estos niveles, nuestra vida adquiere mayor sentido. En lugar de correr a conseguir una pareja como quien consigue un vestido: nos gusta unos días, otros ya no nos gusta y finalmente conseguimos otro, o seguimos en una búsqueda sin un propósito claro.

El aprendizaje que las mujeres debemos asimilar se resume en la siguiente metáfora de un querido maestro:

"Sembramos semillas, las proveemos de una buena tierra, de agua y de abonos. La semilla germina y crece hasta convertirse en un árbol frondoso. El hecho de haberla puesto en la tierra no hará que se convierta en tierra, ni se convertirá en agua por absorberla, ni en abono por alimentarse de él. De todos ellos solo asimilará lo que la pueda beneficiar, y se desarrollará hasta convertirse en lo que es esencialmente: un inmenso árbol".

Cada una de nosotras puede darse la oportunidad y la libertad de encontrar su esencia, con la compañía y el apoyo de otros; pero, claro, sin volverse el otro, o lo que él quiera o defina.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?