El rollo del modelo

| 2/11/2000 12:00:00 AM

El rollo del modelo

Las Farc probablemente aceptarán que se mantenga el modelo económico si el Gobierno cede en otros frentes claves, y una vez se convenzan de que no pueden ganar la guerra.

por Javier Fernandez Riva

El inicio formal de las negociaciones de paz con la guerrilla, en términos de una "discusión del modelo económico" ha despertado apenas un tibio interés. Uno o dos artículos de politólogos, algún comentario lateral de economistas, las inevitables declaraciones de los gremios, un editorial y pare de contar. La cosa tiene que parecerles escandalosa a los observadores externos. ¿Cómo es posible que este país, desangrado por una guerra interna, tome con apatía la oportunidad de llegar a acuerdos en materias económicas, que le den un chance de alcanzar la paz? Pero la entiendo. Después de tantos años de retórica todos nos hemos vuelto escépticos. La pobre respuesta a la convocatoria de la primera "audiencia" sobre la paz, que no atrajo más que a unos pocos lagartos, no fue un problema de logística. A estas horas quien esté por fuera del Gobierno y crea que su opinión cuenta, si no está respaldada con hechos de fuerza, es tan ingenuo que seguramente no merece ser oído. Además, pese a la presentación oficial de un cronograma con plazos cortos para la negociación, y la aceptación de la metodología de ir ejecutando los acuerdos parciales, el colombiano es demasiado realista para no darse cuenta de que los plazos se extienden cuando ninguna de las partes en un conflicto está arrinconada, y que la pretensión de ejecutar acuerdos económicos parciales no tiene sustento legal ni político. No importa lo que diga un papel, nadie que deba pagar un costo alto como resultado de los acuerdos los considerará legítimos a menos que con ellos se haya logrado la paz. Y eso. Los verdaderos plazos se definirán en el frente militar. La negociación durará unos pocos años si con el Plan Colombia se logra golpear el poder económico y militar de la guerrilla, y obligarla a ceder. Y durará muchos años si el plan fracasa y los subversivos concluyen que pueden seguir ganando terreno, de manera que exigen el oro y el moro.





La economía es

Mi primer comentario en relación con la selección del tema para iniciar las negociaciones es que el asunto económico es secundario para la subversión. La idea romántica de que la guerrilla colombiana se metió al monte como Che Guevara, y aspira a cambiar el Modelo Económico (así, con mayúsculas) es ingenua. La guerrilla colombiana nació porque una parte de la población se sintió maltratada (ella, y sus marranos y sus gallinas) por la autoridad, y capaz de enfrentarla. Y a medida que la subversión afirmó su capacidad militar fue elevando sus aspiraciones políticas. Lo ha dicho: lo que quiere es el poder. El modelo económico vendría por añadidura. Creo que muchos jefes guerrilleros siguen pensando en el poder como objetivo final. Pero, como soy un optimista, no descarto que la realidad militar fuerce a la guerrilla a ceder y conformarse con una meta menor. En ese caso sus intereses primordiales en la negociación no serán los del modelo económico sino todo aquello relacionado con el poder: reformas al Ejército y su inclusión con mando en el mismo, participación en el Congreso, programas de TV, autonomía política en amplias regiones, etc.



El tema económico no será lo más difícil de negociar porque, casi por definición, para lograr sus metas en el frente político la subversión tendrá que ceder en el económico. El establecimiento no aceptaría propuestas económicas demasiado radicales, y si la guerrilla rompe por razones económicas arriesga perderlo todo. Pero nada de eso implica que las negociaciones vayan a ser fáciles. Le sorprende a uno que algunos comentaristas incurran en la candidez de pedir que se procure llegar cuanto antes a unos acuerdos sobre puntos como "el respeto a la libertad de empresa, a la participación del país en la economía globalizada y la existencia de garantías a la inversión nacional y extranjera", a fin de evitar que la incertidumbre le haga daño a la economía. Ni siquiera si las Farc creyeran en el "Consenso de Washington" estarían dispuestas a llegar a un acuerdo rápido sobre todos esos puntos, puesto que la esencia de la negociación es una transacción, un quid pro quo.



Sí, ya sé que el Gobierno ha entregado mucho sin contraprestación pero ¿alguien ha visto hacer lo mismo a las Farc? ¿Y hay alguien que crea que a las Farc les preocupa que la incertidumbre le haga daño a la economía? ¡Por Dios! El daño a la economía es una de sus armas de negociación.



Creo que las Farc van a ceder en muchos puntos económicos, pero dejando constancia de que ceden, y como parte de pago de las concesiones político-militares que tendría que hacer el establecimiento.



Pero las Farc no cederán en todo. Mi adivinanza es que irán por cosas muy precisas. Para comenzar, tratarán de destruir para siempre la base económica de sus archienemigos, los paramilitares, mediante la liquidación del latifundio. También creo que le otorgarán prioridad a aumentar su base política regional y nacional, exigiendo una protección a ultranza a la producción agrícola. Y es probable que traten de establecer nuevos beneficios laborales y una estructura de impuestos a la renta y al patrimonio mucho más progresiva que la actual.



El que yo no piense que la guerrilla, obligada a transar, pretenda poner patas arriba la economía no implica que subestime el daño que algunas medidas populistas favorecidas por la subversión pueden causar. Ahora que iniciamos las negociaciones, es preciso reconocer que habrá un costo y que ese costo será tanto mayor cuanto más adverso al Gobierno sea el balance militar y cuanto más erosionada esté la legitimidad del "modelo económico" ante los trabajadores, por un alto desempleo.



Sería una triste paradoja que los recortes en el gasto militar y en las inversiones públicas, para cumplir las metas fiscales impuestas por el FMI, afectaran el balance militar y la legitimidad oficial hasta hacer que, en las negociaciones de paz, el país tuviera que aceptar propuestas verdaderamente dañinas para su economía.
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