Opinión

  • | 2009/07/10 00:00

    El revés como camino al triunfo

    De ninguna manera las derrotas en la vida constituyen el final de un proyecto. Por el contrario, para los visionarios, los percances y los obstáculos hacen parte del proyecto.

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Aunque puede sonar contradictorio, parte del secreto del éxito en los negocios y en la vida subyace en las derrotas y en la forma como estas se asumen.

Vale la pena recordar la historia de la escritora inglesa Joanne Rowling, reconocida por su serie sobre Harry Potter. Esta joven inglesa decidió estudiar lenguas clásicas y no lenguas modernas, como sus padres se lo habían sugerido. Siete años después de su graduación, la chica fracasó a una "escala épica", según sus propias palabras. En adición, y tras una corta convivencia marital, Joanne se divorció y, siendo madre soltera, quedó desempleada. "No tenía idea de cuánto se alargaría el oscuro túnel y durante mucho tiempo cualquier luz era solo una esperanza, más que una realidad", comentó alguna vez la afamada escritora.

Así, Rowling habla de la derrota como una oportunidad de cambio hacia lo esencial. "Ante el revés tuve que detenerme, revisar mis objetivos, entender lo que buscaba y empezar a trabajar sobre lo que realmente quería". Tras sufrir una depresión clínica, el reto de Joanne era liberarse de sus propios miedos. Para empezar de nuevo, su capital era su propia vida, pues valoraba que aún estaba viva, tenía una hija a la que adoraba, una máquina de escribir y grandes ideas. "El suelo de aquel túnel se convirtió en el cimiento sobre el que reconstruí mi vida", concluye la hoy exitosa escritora.

Esta experiencia nos confirma que, de ninguna manera, las derrotas en la vida constituyen el final de un proyecto. Al contrario, para los visionarios, los percances y los obstáculos hacen parte de sus cálculos. Los resultados adversos se convierten, por tanto, en una oportunidad para reconocer las debilidades, identificar las fortalezas, redireccionar, adecuar lo inadecuado. Como lo diría el reconocido economista Joseph A. Schumpeter: "se necesita un proceso de creación destructiva para poder sacar de una vez por todas adelante una empresa, un proyecto o la economía de un país". En línea con esto, y desde mi perspectiva, considero válido -cuando llega el triunfo- tener muy presentes todas aquellas cosas que se han sufrido para alcanzar la meta, pues existen evidencias psicológicas de que el no-logro genera reflexiones más profundas y productivas que el éxito mismo.

Y, las empresas, ¿por qué pierden? Es normal que, al iniciar un emprendimiento, el deseo de alcanzar la meta nos lleve a invertirle todos nuestros esfuerzos, tiempo, recursos, y muy pronto la nueva organización se convierta en "modelo de éxito". No obstante, es natural que ante el crecimiento, aumenten las posibilidades de fallar en uno o en varios frentes. Con más personas y más procesos en interacción, es probable que se reduzca la capacidad de comunicación, de transferencia rápida y efectiva del conocimiento y, como producto de todo ello, paulatinamente los resultados se conviertan en frustración. En otros casos, las organizaciones se 'acomodan' en sus posiciones de liderazgo y empiezan a concebir el mundo de una forma única, considerándose a sí mismas lo mejor en su sector. Así, poco a poco, y sin darse cuenta, van acumulando pequeños errores, que al principio no se perciben, pero que sumados pueden desatar una catástrofe.

Cualquiera sea la causa que lleve a su empresa a un resultado adverso, debe asumirse que esa situación es solo un paso más, nunca el final. No obstante, para levantar de nuevo el vuelo, se hace indispensable analizar el porqué de dicho revés, trazar de nuevo el objetivo, planificar, reconstruir el equipo y trabajar con todo el empeño, la dedicación y los recursos que sean necesarios para llegar a la meta trazada.

Sydney Finkelstein, autor del libro ¿Por qué fracasan los ejecutivos brillantes y qué pueden aprender de sus errores? concluye que los resultados adversos se deben, en esencia, a la adopción de una visión incorrecta de la realidad, que a su vez lleva a una aversión al cambio, a la ausencia de innovación, a la omisión de información vital y, como producto de todo ello, a la ejecución de la estrategia equivocada.

Como lo he reiterado en escritos anteriores, la aventura empresarial no es una ciencia exacta. Los negocios son cíclicos, con alzas y bajas. El éxito está entonces justo en creer en el proyecto, trazar objetivos con grandeza, hacerle seguimiento a las ejecutorias, actuar -incluso cuando la tarea es tediosa-, asumir los riesgos -tomando las precauciones necesarias-, persistir, volcar todas nuestras energías en hacerlo bien y buscarle el lado positivo a lo que ocurre, incluso cuando lo que acontece es negativo.

Recordemos: los conocimientos, las habilidades y la actitud son tres grandes pilares reconocidos por la gente de éxito. Sin embargo, de ningún modo daría igual peso a estos factores. Los conocimientos se adquieren a lo largo de los años y las habilidades se ejercitan con la práctica, pero es la actitud la que hace la gran diferencia. Es esta la que más profundamente define la capacidad de una persona. Por fortuna, la actitud ha hecho que la gran mayoría de seres que han tenido un revés empresarial, triunfen cuando se embarcan en otra experiencia.

De esta manera, podemos decir que perder una batalla no significa jamás perder la guerra y fracasar es, entonces, si se quiere, avanzar hacia el triunfo.

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