El reto del futuro

| 7/21/2000 12:00:00 AM

El reto del futuro

Las sociedades tienden a ser cada vez más injustas por el efecto de la información y el conocimiento.

por Sergio Fajardo

La frase apareció escrita en alguna pared, "lástima que no haya dos Medellines, una para vivir y otra para ir a pasiar". Más allá de la exageración paisa, detrás de esta expresión se esconden las dos caras de la ciudad y su gente, sus fortalezas y, sutilmente, su talón de Aquiles.



El arraigo de una cultura que ha combinado en todas las formas posibles visión, malicia, ímpetu, aventura, creatividad y disciplina, la excelente infraestructura de servicios construida por las Empresas Públicas durante varias generaciones, y la seductora belleza física de la ciudad, entre otras razones, hicieron de Medellín en el último siglo una ciudad especial, con unos logros y avances impresionantes.



Al mismo tiempo, y de la mano de los éxitos tangibles, Medellín acumuló una deuda social de profundas dimensiones. Los síntomas visibles se pueden resumir en un par de cifras contundentes de la ciudad, que hablan por sí solas: 22% de desempleo formal y, de acuerdo con la información de un editorial reciente del periódico El Colombiano, en los primeros cuatro meses de este año, una tasa de 247 homicidios por cada 100.000 habitantes.



Esta es la otra cara de la moneda. Pero el siglo se acabó, y el mundo globalizado, con una velocidad inusitada, se está moviendo en direcciones que hasta hace poco nadie sospechaba. Las estructuras y conceptos que sirvieron de apoyo a la era industrial están siendo rápidamente revaluados por todo el planeta. Los países en este período de transición, con afán, buscan ubicarse en posición privilegiada para enfrentar los retos que plantea la nueva era de la información y el conocimiento.



En particular, aparece un reto social que está por venir y del cual poco hablamos: las nuevas sociedades pueden ser las más desiguales de toda la historia, pues la discriminación de los que no tienen el conocimiento marcará profundas diferencias, con consecuencias sociales insospechadas.



De esta forma, al entender de dónde venimos, dónde estamos y para dónde vamos, es posible identificar con claridad, los retos que con urgencia enfrenta una ciudad como Medellín, y que en cierta medida tiene algunos elementos comunes con los de otras ciudades colombianas: resolver el problema de la gigantesca deuda social acumulada y utilizar las fortalezas construidas para dar el salto cualitativo a las nuevas realidades que encontramos, para evitar quedar rezagados por muchas generaciones.



Estas tareas, tan fáciles de enunciar, se tienen que hacer en forma simultánea, y la palabra clave que caracteriza esta nueva etapa es bien conocida en Medellín: liderazgo, que no es otra cosa que la capacidad de construir un norte, compartido por los ciudadanos, que permita movilizar la energía de la ciudad en una dirección. Así comenzó el siglo pasado y la historia, una vez más, se repite. La pregunta obvia es cómo se hace. Una respuesta en el próximo artículo.
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