Opinión

  • | 2009/03/06 00:00

    El reto de la calidad en la educación

    El país ha logrado importantes avances en cobertura y la política de calidad del Gobierno se ha centrado en mejorar los aprendizajes de los estudiantes.

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Desde hace algún tiempo, el foco del debate sobre educación en el país se ha desplazado de la cobertura a la calidad. El desarrollo del sector ha hecho que la discusión pública pase a enfatizar los aprendizajes de los estudiantes y la pertinencia de la educación recibida.

Esto se ha dado gracias a los esfuerzos hechos durante esta década por garantizar un número suficiente de cupos escolares para albergar a todos los niños y jóvenes en edad de cursar la básica y la media. Los logros dan espacio para que los administradores de la educación podamos concentrar nuestra acción en el mejoramiento de la calidad.

El desafío no es trivial. Es necesario que, al pasar por el sistema educativo, los estudiantes alcancen los logros esperados y se disminuyan diferencias existentes. Esto es particularmente difícil cuando, por efecto de la ampliación de la cobertura, ingresa a las aulas un gran número de estudiantes provenientes de entornos socioeconómicos poco favorables, cuyos padres en muchos casos no terminaron la primaria o son analfabetos.

La política de calidad del Gobierno se ha centrado en mejorar los aprendizajes de los estudiantes, estableciendo los estándares de competencia básicas y desarrollando el sistema de evaluación de todos los niveles.

El diagnóstico para el país no es bueno. Tomando como referente los resultados de pruebas nacionales e internacionales, vemos que los colombianos no están adquiriendo, en su paso por el sistema educativo, las competencias suficientes para avanzar individualmente y aportar al desarrollo colectivo. Nuestros estudiantes no cuentan con un nivel adecuado de competencias básicas en lectura, pensamiento científico y resolución de problemas; elementos indispensables para enfrentar un mundo globalizado y para resolver los problemas específicos del país.

Para ser justos, no todas las noticias son malas si consideramos la evolución de la última década. Las pruebas, especialmente las que ha realizado la Unesco para los países Latinoamericanos, nos muestran avances. En 1997, cuando se hizo la primera evaluación para Latinoamérica, Colombia se encontraba por debajo de la media de la región pero, en la prueba realizada en 2007, el país había superado la media y había obtenido resultados comparables a los de Argentina, México y Brasil.

En el Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias (TIMSS), también presentamos progresos comparativos. A pesar de ubicarnos por debajo del promedio, en Colombia se registraron avances muy importantes entre 1995 y 2007. En 8º grado, el promedio de nuestro país subió 20 puntos en matemáticas y 24 en ciencias. Adicionalmente al incremento de los promedios hubo una disminución en la dispersión de los resultados.

Esto no quiere decir que estemos conformes. Los enormes retos de calidad son compartidos por todo el sistema: administraciones, instituciones y la sociedad en general y hoy el país está maduro para enfrentarlos.

Muchos tienen recetas para mejorar la calidad: algunos insisten en la necesidad de establecer un pensum específico en el que se definan todos los contenidos que deben recibir los estudiantes. Otros se centran en el mejoramiento de la infraestructura, o en la disponibilidad de tecnología. También están los que asignan toda la responsabilidad a los maestros. Otros más piensan que la clave está en los materiales educativos. En fin, una multiplicidad de factores que seguramente inciden de alguna manera en la calidad.

La política de calidad del Ministerio parte del convencimiento de que esta se genera en las instituciones educativas. Que son buenas las que cuentan con un modelo pedagógico pertinente, que evalúan permanentemente sus resultados como elemento clave para la toma de decisiones y que constantemente diseñan y ponen en práctica acciones para mejorar.

Por esta razón, la política se ha orientado a fortalecer las instituciones educativas y a articular los niveles de preescolar, básica, media y superior, en torno al objetivo de mejorar la calidad de la educación. El círculo de la calidad incluye, por supuesto, las Secretarías de Educación, que deben acompañar a las instituciones educativas en el desarrollo de sus planes de mejoramiento institucional.

En el desarrollo de la política, además de acompañar a través de las Secretarías a 1.584 instituciones identificadas como de bajo logro en las pruebas, hemos apoyado proyectos en temas como el mejoramiento de la gestión y el desarrollo de competencias básicas (lecto-escritura, matemáticas, ciencias y ciudadanía). Y, para promover los programas ligados a la competitividad del país, hemos trabajado en la capacitación de maestros en inglés, tecnologías de información y comunicación, y competencias laborales.

El mejoramiento de la calidad educativa es un proceso de largo plazo en el que los resultados de las acciones de hoy los veremos en las generaciones posteriores.

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