Opinión

  • | 2007/09/14 00:00

    El reto ambiental de las empresas

    Nada justifica que una empresa moderna con ganas de crecer concentre esfuerzos en detener la “ola verde”; lo inteligente es montarse en ella.

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Los asuntos ambientales fueron y siguen siendo vistos por muchos empresarios y por sus agremiaciones como una carga. Los costos, retrasos y los conflictos asociados al cumplimiento de las normas y de los estándares, y a la obtención de licencias y permisos ambientales los llevaron a acometer distintas estrategias defensivas. Unas más ortodoxas que otras. Algunas empresas y agremiaciones optaron por contratar abogados y expertos ambientales que les ayudaran a tramitar permisos, a defenderse de los requerimientos de las autoridades y a tumbar las normas, o a negociarlas. Otras cedieron a las presiones indebidas de algunos funcionarios de las autoridades ambientales y optaron por sobornarlos. La primera estrategia ha resultado costosa para las empresas y la segunda costosa para la sociedad. Ninguna de las dos ha beneficiado en el largo plazo a las empresas y, al aumentar los costos, ambas han disminuido la rentabilidad y la competitividad. Esto no solo ocurrió en Colombia. Ocurrió en todos los países donde las autoridades ambientales han intentado actuar.

Pero no todas las empresas y agremiaciones reaccionaron de la misma forma frente al fortalecimiento de las regulaciones y de las autoridades ambientales. Algunas, las menos, las más inteligentes, encontraron oportunidades. Entendieron que el buen desempeño ambiental podría generar beneficios. Algunas optaron por revisar sus procesos productivos y ajustarlos de manera que los problemas de contaminación y de producción de desechos tóxicos, fuesen evitados. Con mucha frecuencia, esto condujo a la utilización más eficiente de los insumos, la energía y el agua, a la reutilización de subproductos y, finalmente, a producir más con menos. Esto, a su vez, condujo a una reducción en sus costos de producción, al mejoramiento de su imagen pública, al acceso a mercados ambientalmente exigentes y, en últimas, a empresas mejores y más competitivas.

Algunas empresas y agremiaciones observaron que las demandas por un mejor desempeño ambiental no solo venían de las entidades del Gobierno sino que también venían del mercado. Observaron que algunos grupos de consumidores comenzaban a preocuparse por los impactos ambientales causados durante la producción y por el consumo de determinados bienes. Esos consumidores demandaron entonces bienes con certificaciones de calidad ambiental. Certificaciones que les garantizaran que durante su producción no se habían causado daños ambientales ni sociales, que su consumo tampoco causaría daños y que se trataba de bienes cuyos procesos de producción podrían, incluso, generar beneficios ambientales. Esas empresas, para atender las nuevas preferencias cambiantes de la sociedad, innovaron y pudieron acceder a nuevos mercados. Todo lo anterior, naturalmente, mejoró su desempeño económico y su imagen pública. Con frecuencia, su desempeño ambiental fue más alto que el exigido por las normas.

En Colombia, algunos empresarios, productores de flores, de madera, de palma de aceite, de carne y leche, y de azúcar, principalmente, han visto con claridad que montarse en la "ola verde" es mejor idea que tratar de detenerla. En el sector manufacturero también hay algunos buenos ejemplos. Sin embargo, los ejemplos de las empresas que tuvieron la visión de montarse en la "ola verde" son menos numerosos de lo que parece. Muchas gastan más dinero tratando de convencer a sus consumidores, al gobierno, a los medios y a la opinión pública de que son ambientalmente responsables, que tomando medidas para efectivamente prevenir y controlar sus impactos ambientales. Esa estrategia no funcionará en el largo plazo porque cada vez es más difícil esconder la verdad sobre el desempeño ambiental de las empresas.

Todo indica que el retroceso que ha vivido Colombia durante los últimos años en materia de gestión ambiental del Gobierno es transitorio. Todo indica que hacia el futuro las regulaciones y las exigencias ambientales se fortalecerán en Colombia y en el mundo. Se observa también que la preocupación de la sociedad por los problemas de deterioro ambiental seguirá creciendo y que las preferencias de los consumidores seguirán migrando hacia bienes producidos mediante procesos ambientalmente sanos y socialmente responsables. Por todo lo anterior, nada justificaría que una empresa moderna con ganas de crecer concentrara esfuerzos en detener la "ola verde"; lo inteligente es montarse en ella.
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