Opinión

  • | 2005/04/15 00:00

    El respaldo a Uribe

    El reportaje de López invita a evaluar el 70% de respaldo al presidente Álvaro Uribe.

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Ante los cuestionamientos respecto al cumplimiento de los preceptos y principios humanitarios, constitucionales, legales y democráticos, a su ataque a las instituciones y a su culto de la personalidad; ante la falta de resultados en lo social, en lo económico, en lo político e, incluso, en el orden público; ante el desbarajuste creado a la estructura democrática de la división de poderes, a toda la legislación, y al orden y a la organización política del país; ante la descalificación de las ONG, de las instituciones multilaterales, de las Cortes Internacionales, de prácticamente toda la comunidad de países exceptuado el gobierno estadounidense; ante todos estos elementos adversos no es fácil entender el resultado de las encuestas.

Tampoco coinciden con ese 70% el resultado negativo del referendo; o el de las elecciones locales, donde a comenzar por Bogotá, le fue adverso el gran voto urbano al que debió su triunfo; o el fracaso de leyes que no prosperan por falta de apoyo de su propia bancada; o, en general, los eventos donde se debería concretar ese respaldo.

Mucho se puede explicar por la habilidad mediática para confundir a la opinión respecto a la realidad. Un simple ejemplo lo da la idea de que "estamos derrotando a las FARC", cuando información seria y detallada como la de la fundación Seguridad y Democracia, de Alfredo Rangel (quien ha ejercido como asesor de la Fuerza Pública), dice que en los dos primeros años de Uribe los ataques de la guerrilla a las fuerzas oficiales fueron más que en los cuatro años de Pastrana, y que para producir un desequilibrio en la confrontación se debería duplicar el número de efectivos, quintuplicar el número de helicópteros, etc., o sea, en términos económicos, aumentar al triple el presupuesto del Ministerio de Defensa y el ya catastrófico déficit central.

Pero mucho también se debe a las características de las encuestas. Por ejemplo, pensaría uno que ni los cinco millones de expatriados ni los dos millones de desplazados (la mitad bajo este gobierno) parecen tener debida representación (¿cómo o dónde los encuestan?). Probablemente, aparece como respaldo mucho de lo que no es sino aceptación pasiva, indiferencia o resignación. Claramente, se ve que se sustituye la noción de imagen (que es indudablemente favorable por sus virtudes personales, y sí da el 70%), con la de respaldo (que sería la calificación a sus programas y resultados, en lo cual, exceptuando seguridad, en todos los otros aspectos es rajado -economía, internacional, empleo, manejo social, democratización del país, etc.-)1.

Se puede concluir que ni muy diciente ni muy correcto como indicador de respaldo real es ese 70%.

La realidad es que el ciudadano común no evalúa al gobierno por el respeto que este tenga de la Constitución, ni le interesan mucho los temas humanitarios, ni se preocupa por la visión que del país tengan en el mundo; tampoco se guía por una filiación política, ni por las estadísticas que se le presentan. Lo que es grave en el nivel nacional solo lo percibe así cuando lo afecta gravemente a él: desplazados, expatriados, destrucción institucional, empobrecimiento, injusticia social, etc. son temas adjetivos; cuenta más si puede o no salir a las carreteras.

Lo que manifiesta la posición del encuestado es lo intuitivo y elemental. En algo, la simple sensación de más seguridad y de la lucha contra el mal -terrorismo, politiquería, corrupción-. Pero sobre todo, pienso yo, cómo reacciona ante el enfoque del gobierno, según el cual la prioridad absoluta -y lo fundamental- es defender la vigencia del sistema económico y social que caracteriza a la sociedad colombiana, evitando las controversias sobre su contenido; y según el cual el orden político debe por tanto adaptarse a lograr ese fin, y el principio de autoridad debe prevalecer sobre otros como los de consenso, equidad, tolerancia, respeto por la institucionalidad, vigencia e impulso de los principios democráticos, etc., tal cual se caracteriza en el actual ejercicio del poder -autocrático, caudillista, fundamentalista, pragmático, etc.-.

Y manifiesta también, el cómo toma la consecuencia de que se puede relegar a un segundo plano la jerarquía de los principios humanitarios, legales, constitucionales, y en general las diferentes reglas del juego que no lleven al resultado buscado: según los niveles de formación (o de malformación) de las personas y de adhesión a esos propósitos, caminos como la motosierra, el narcotráfico, la más descarada politiquería o la desafiante actitud ante quienquiera que pretenda poner límites en ese comportamiento, son válidos y aceptables. En alguna forma genérica, con cuánta convicción o rechazo se sitúa ante la máxima de que "el fin justifica los medios".

De ser así, el respaldo al Gobierno, y cuanto representan sería:



En contra están

-Quienes, sin importar si los medios son aceptables,

radicalmente se oponen al estado de cosas que se

busca preservar 5%

-Aquellos que cuestionan los medios sin importar

los propósitos 5%

-Un sector que aplica el pragmatismo y la 'real politik'

de 'el fin antes que los medios' pero a propósitos

diferentes (¿la guerrilla?) 2%

-Algún sector 'fundamentalista ético' que siente que

ante la duda esa es la posición que se debe tomar 3%

-Y quienes no estamos en contra solo de propósitos o de medios, en contra de ambos (encabezado por la mayoría

de intelectuales, columnistas, analistas independientes,

académicos, etc.) 5%

Subtotal: 20%

Son 'indecisos'

-Otros, también en la duda, pero que prefieren no tomar

partido (como el sector más convencional del

establecimiento -Iglesia, amas de casa, etc.-) 10%

-Quienes podrían compartir el enfoque del gobierno

pero preferirían como medios alternativas diferentes 6%

-Los que no 'sienten' esa esencia en el proyecto de

gobierno ni esa actitud en los medios que utiliza, pero

lo que ven tampoco los motiva 1%

Subtotal: 17%

Lo respaldarían

-Quien apoya tanto propuesta como medios, considerando

que entre más eficientes sean, más se justifican

(¿los de Ralito?) 1%

-Quien acepta ambos (porque los medios deben servir

los fines) pero a regañadientes, como un mal necesario

(¿el Presidente?) 6%

-Quien solo ve el efecto de la propuesta y ni ve ni le

importan los medios ("pero por lo menos ya puedo salir

a las carreteras") 45%

-Quien, indiferente a los intereses nacionales, hace

'autodefensa' pero de los suyos -económicos, de

narcotráfico o políticos- 5%

-Quienes empiezan a dudar que la esencia sea la única

prioridad pero por compromisos previos aún no transitan

fuera del uribismo (¿Pardo? ¿Gaviria?) 3%

-Quienes creen que el enfoque del gobierno en realidad sí es la convivencia, la paz, y la justicia social, y que las acusaciones que se producen y aquello de que para el gobierno 'el fin justifica los medios', son solo difamaciones de la oposición (como la enferma de anorexia que ante un espejo que refleja una imagen como la de un prisionero de Auschwitz, dice "cómo estoy de gorda" y decide "debo enflaquecer más") 6%

Subtotal: 63%

Invito al lector a un doble test con esta metodología: ¿En qué categoría se ubicaría? Y ¿cómo cambiarían los porcentajes cuando ya toca decidir el voto?



1. El conjunto de encuestas así lo demuestra. La de Invamer Gallup es tal vez la más completa.
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