Eduardo Lora

| 3/8/2002 12:00:00 AM

El rechazo a las reformas

Lo que les duele a los latinoamericanos no son las privatizaciones, sino la corrupción que las ha rodeado.

por Eduardo Lora

La opinión pública latinoamericana se ha vuelto muy crítica sobre los resultados de las reformas económicas. Según las encuestas del Latinobarómetro para el 2001, el 63% de los latinoamericanos cree que las privatizaciones no han sido favorables para los países. Tres años antes, solo el 43% de los latinoamericanos tenía esa opinión.

La opinión pública no parece estar de acuerdo siquiera con el principio que ha orientado las reformas económicas de la última década, como es el que "la actividad productiva debe dejarse al sector privado". Actualmente, el 45% de los latinoamericanos está en desacuerdo con esta afirmación; en 1998 solo 28% pensaban así.



Hace unos años, la opinión sobre las reformas no tenía connotaciones de clase. Pero según las últimas encuestas, las clases medias se han tornado especialmente críticas, mientras que las clases altas y las bajas parecen más tolerantes. Por supuesto, esta polarización se está reflejando en el debate político, y en no pocos países se está hablando de "cambiar el modelo" económico como una forma de responder a la insatisfacción de las clases medias.



El desencanto con las reformas se suma a una situación de descontento con el funcionamiento de la democracia: dos de cada tres latinoamericanos están insatisfechos con los resultados de la democracia en sus países, y solamente uno de cada dos piensa actualmente que la democracia es la mejor forma de gobierno. No sería de extrañar que estas opiniones empiecen a reflejarse en hechos políticos.



Las opiniones de los latinoamericanos en contra de las reformas no parecen estar reflejando principalmente la situación económica de los países. Hay mucha más receptividad a las privatizaciones en Venezuela que en México, a pesar de que México ha tenido un desempeño económico mucho mejor y tiene mucho menos desempleo que Venezuela. Las opiniones tampoco están reflejando la profundidad de las reformas. Chile o Brasil, que han sido grandes privatizadores, y reformadores en general, son mucho menos críticos que Colombia o Guatemala, donde las reformas han avanzado mucho menos.



La opinión está mostrando, más bien, que el público está rechazando, no las reformas en sí, sino el que se hayan hecho sin el soporte de unas instituciones públicas sólidas. O, para decirlo en forma más directa: lo que les duele más a los latinoamericanos no son las privatizaciones, sino la corrupción que las ha rodeado. Y esto es lo que está produciendo la radicalización de las clases medias, que no han visto mayores beneficios de las privatizaciones, pero sí han observado el enriquecimiento de otros.



Lo paradójico de todo esto es que en varios países los políticos que están criticando las privatizaciones y rechazando el proceso de reformas son los mismos que han contribuido a su falta de transparencia, y que incluso se han beneficiado de la corrupción.
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