Opinión

  • | 2011/02/04 00:00

    El rechazo al neoliberalismo: ¿racionalidad o ideología?

    El Consenso de Washington es una marca desprestigiada, pero aún es muy pronto para llamar a los funerales del neoliberalismo.

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Las grandes reformas económicas son cosa del pasado. Sin importar la orientación política, en la década del noventa todos los presidentes que dejaron algún sello en la conducción económica de sus países tomaron medidas “neoliberales”. Por igual, presidentes tan derechistas como Fujimori en Perú o tan izquierdistas como Fernando Henrique Cardoso en Brasil levantaron las barreras a las importaciones, privatizaron las grandes empresas estatales y liberalizaron el sector financiero.

Aunque habría todavía espacio para seguir privatizando y liberando, las reformas neoliberales se han detenido y la orientación económica de los gobiernos se ha movido en la dirección opuesta, especialmente en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

El entusiasmo reformador se acabó esencialmente por falta de apoyo político al neoliberalismo. El partido de un gobierno reformador típico de los noventas perdió el 15% de su caudal electoral por cuenta de las reformas pro mercado, según una investigación que hice en el BID con Mauricio Olivera hace algunos años (1). Los reformadores más agresivos tuvieron desastres electorales aún mayores, sobre todo si le mintieron a sus electores sobre cuáles eran sus verdaderas intenciones reformadoras. Lo que sí rindió jugosos beneficios electorales fue poner fin a episodios de inflación desbordada. ¿Es justificado el rechazo de los electores al neoliberalismo? Y, en caso de que lo sea, ¿debemos esperar entonces que continúe el movimiento anti-reformador?

Nuestra conclusión en el estudio citado fue que, aunque las reformas fueron beneficiosas para el crecimiento económico y para el bienestar del grueso de la población, fueron rechazadas esencialmente por razones ideológicas. Para el común de la gente es difícil establecer si las privatizaciones son buenas o malas para la eficiencia, el empleo o la distribución del ingreso. Aunque la mayoría de la gente se beneficie, puede no ser consciente de esos beneficios, especialmente si ha pasado poco tiempo desde las medidas. En cambio, quienes resultan perjudicados no sólo lo sienten, sino que encuentran voceros políticos que lo expresan públicamente, y eso refuerza la ideología anti-privatización.

Efectivamente, entre 1998 y 2003 se derrumbó el apoyo que alcanzaron a tener inicialmente las privatizaciones. En Bolivia, Ecuador y Venezuela, donde cerca de la mitad de los electores creía en 1998 que las privatizaciones eran beneficiosas, solo 19%, 21% y 32%, respectivamente, tenían esa misma opinión cinco años más tarde. En toda América Latina, el apoyo a las privatizaciones pasó de 46% a 22% en ese período (que fueron años de muy mal crecimiento por razones que nada tuvieron que ver con las privatizaciones).

Si bien esto demuestra que la ideología es muy importante, también implica que no es inmutable. El paso del tiempo y nuevas experiencias pueden alterar las creencias de la gente sobre los efectos de las reformas. Y esto puede ocurrir en una u otra dirección.

En efecto, desde el 2003 el apoyo a las privatizaciones ha aumentado en todos los países, y en el 2010 llegó al 36% de los encuestados por Latinobarómetro, la cifra más alta desde 1998. (Es posible que la buena situación macroeconómica haya contribuido, pero durante la recesión del 2009 el apoyo a la privatización apenas cayó.)
El péndulo ideológico nunca deja de moverse, y con frecuencia lo hace en la dirección opuesta a las políticas. De hecho, algunos de los países donde más ha aumentado el apoyo a las privatizaciones han sido aquéllos que se han subido al tren de las nacionalizaciones: en Bolivia las privatizaciones ya cuentan con un apoyo del 45%, en Ecuador del 53% y en Venezuela del 43%.

Por consiguiente, aunque con buenas razones se ha dicho que el Consenso de Washington es una marca desprestigiada, aún es muy pronto para llamar a los funerales del neoliberalismo. Antes bien, el apoyo a la economía de mercado parece estar renaciendo, especialmente en los países con gobiernos de izquierda. En Brasil, Ecuador, Nicaragua y Venezuela más del 60% de la gente considera que la economía de mercado es el único sistema con el que su país puede llegar a desarrollarse. Y cuando se le pregunta a la gente si la empresa privada es indispensable para el desarrollo del país, el sí más rotundo se escucha en Ecuador y Venezuela (81 y 80%).

Posiblemente hay mucho de ideológico en estas respuestas. Como cuando se rechazaba el Consenso de Washington.

Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título estrictamente personal.
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[1] “The Electoral Consequences of the Washington Consensus”, Economia, 2005.

 

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