Opinión

  • | 2003/11/14 00:00

    El pulpo y la tinta

    ¿Por qué le pidió el Presidente la renuncia a Fernando Londoño?

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Durante las discusiones del Foro Nacional Ambiental, que ha congregado a ex ministros de México, Venezuela, Ecuador y Colombia, a expertos de diferentes países y a entidades como la Cepal, para analizar el estado de la política ambiental en América Latina, nos llegó la noticia sobre la renuncia del ministro del Interior y Justicia.

En medio de los análisis sobre el nuevo contexto global, el rompimiento del multilateralismo por la guerra de Iraq y las agendas de seguridad y libre comercio que se han impuesto y que han venido acompañadas por un significativo retroceso en la institucionalidad ambiental en muchos países de la región, incluido Colombia, surgieron, a la hora del café, una serie de comentarios sobre la actualidad política de nuestro país y las causas de la renuncia del ministro Londoño.

Entre las numerosas especulaciones y anécdotas fueron traídas a colación las posiciones radicales que el ministro había asumido con respecto a los ambientalistas, a quienes tildaba de comunistas, así como su más reciente salida en falso, en la cual planteó ante la bancada conservadora la posibilidad de una ruptura del orden constitucional por parte del Presidente, quien anticiparía las elecciones si esta le quitaba su apoyo. También la tergiversación y amaño de las reglas del juego con las cuales había buscado, a como diera lugar, alcanzar el umbral para la aprobación del Referendo.

No es difícil entender que la fuerte personalidad y la manera en que el ministro trataba a los miembros del Congreso -fueran estos parte de la coalición de gobierno o no- puso en grave amenaza el trámite de las urgentes reformas que requiere el Ejecutivo para adelantar su plan de gobierno y ante todo para tapar el hueco fiscal, luego del fracaso del Referendo.

El malestar, producto de las recriminaciones mutuas entre los perdedores -gobierno y bancada uribista-, y el juicio de responsabilidades había llegado a tal punto que una vez perdido el Referendo y las elecciones de alcaldes y gobernadores, todos empezaron a pedir la renuncia del ministro. El costo de no hacer un cambio en esta cartera se vio de manera inmediata: proyectos de ley como la reelección presidencial fueron hundidos y hasta en la misma Comisión Primera del Senado, con amplia mayoría gobiernista, el proyecto de acto legislativo para la reforma constitucional tan solo logró un empate de votos al no presentarse algunos de los senadores uribistas y más adelante fue aprobado con vicios de forma, según algunos senadores. Y qué decir de la Cámara, donde una vez votado y hundido el proyecto de Ley antiterrorista, el presidente de la corporación tuvo que hacer malabares para revivir el cadáver y suspender abruptamente la sesión en medio de una fenomenal pelotera. Los editoriales de los periódicos y los principales columnistas tampoco dieron espera solicitando la renuncia del ministro.

Al igual que en anteriores ocasiones, el Presidente, con el recio talante que lo caracteriza, mantuvo su posición del gabinete de cuatro años; pero fue la noticia sobre la sanción impuesta al ministro de Interior y de la Justicia por el superintendente de Sociedades en el caso de las acciones de Invercolsa la que, sin lugar a dudas, provocó un giro en la decisión presidencial. Aquí no se trata de un problema político sino de uno ético. Y es por este cuestionamiento que Londoño se va.

En esta oportunidad, la estrategia del pulpo -que para distraer y confundir a sus enemigos, suelta su tinta mientras se escapa- no va a funcionar. La crisis política que ha vivido el gobierno en los últimos días no puede servir de disfraz para ocultar la verdadera causa por la cual el Presidente le ha pedido la renuncia a su ministro estrella.
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