Opinión

  • | 1997/06/01 00:00

    El próximo alcalde de Bogotá

    La elección más importante después de la de presidente de la República.

COMPARTIR

Más temprano que otros años, por la renuncia de don Antanas, estamos "ad portas" de la campaña del nuevo alcalde de Bogotá. Ya han aparecido varios candidatos y se prevé una reñida contienda en la que se sacarán los trapos al sol. Y como simultáneamente está prendiendo motores la campaña presidencial, donde los personajes son más vistosos y, sobre todo, donde se está jugando nuestra supervivencia como país vivible, es de esperar que la mayoría de los ciudadanos le ponga más bolas a esta última. Y así debe ser, porque si no reaccionamos contra el continuismo de Serpa, que es como si los peruanos hubieran reelegido a Alan García, en otros cuatro años de populismo no quedará país para nadie ni ciudad para los bogotanos.



Pero esta evidente prioridad no releva a los habitantes de Bogotá de la responsabilidad de elegir bien y de propiciar un cambio radical en la manera como se administra nuestra ciudad. Y no sólo a los bogotanos, ya es hora de que el resto del país entienda que tiene también una responsabilidad con su capital, pues el discurso del falso centralismo es una de las causas del problema que afrontamos. La provincia nos manda alrededor de cien mil pobres desplazados cada año y simultáneamente, con el truquito de la descentralización, la mayoría de los tributos de los bogotanos se va para el resto del país, a financiar burocracias, a engrosar bolsillos de chanchulleros provinciales y a abonar las campañas de los gamonales que apoyan el gobierno de turno, por la vía de Redes de Solidaridad, Fondos de Cofinanciación, FIS, PAN y FER.



Entonces tenemos que examinar cuidadosamente a los candidatos, y esta vez sí exigirles una serie de condiciones. La primera es que presenten un programa de gobierno. Mockus nunca presentó el suyo durante la campaña, y creo que nos tomará años averiguar qué fue lo que hizo en un año de gobierno (sí, uno, porque el primero lo gastó en escoger su equipo y en el último abandonó el cargo). No sólo necesitamos saber qué piensa hacer el futuro mandatario, sino que tenemos que estar seguros de que él mismo lo sabe. Para la ciudad sería un desastre elegir otro alcalde que llegue a improvisar, que no se haya tomado el trabajo de estudiar los problemas y preparar un arsenal de soluciones, pues con un mandato tan corto es signo de irresponsabilidad esperar a la posesión para enterarse de los problemas.



La segunda condición es que prepare desde ahora un equipo de gobierno y lo presente a la ciudadanía. La realidad es que no se elige solamente al alcalde, un buen gobierno depende de sus colaboradores y a ellos hay que exigirles, desde ahora, los mismos compromisos que a su jefe. Para que no volvamos a tener las sorpresas del pasado, secretarios y gerentes ineptos o corruptos, Guavios y Chingazas, necesitamos mirar con anticipación -y con lupa- a los que van a conformar el gabinete del alcalde y basar también en su idoneidad nuestra decisión de voto.



La tercera es un verdadero compromiso de permanencia en el cargo. No podemos aceptar otro alcalde que practique el "mandatus interruptos", que se salga antes de terminar. Tal vez deberíamos exigirle una póliza de seguro que compense el daño de una salida prematura. Y no sólo eso, también debe comprometerse a gestionar ante el Congreso una reforma constitucional para alargar el período y permitir la reelección, efectiva para él mismo, de manera que los ciudadanos sepamos que está dispuesto a permanecer lo que haga falta para arreglar los problemas más grandes, que son los que requieren más tiempo. Y a la vez tenemos que estar preparados para sacarle tarjeta roja a la primera falta grave. La revocatoria del mandato tiene que ser un instrumento que realmente se utilice -y muy especialmente si se alarga el mandato-, porque también es culpa de todos, por falta de fiscalización efectiva, que hemos permitido la indolencia, el despilfarro y la corrupción de muchas administraciones distritales.



Y finalmente, las condiciones usuales que, aunque obvias, no siempre han estado presentes en todos los alcaldes de nuestra pobre capital. Honestidad a toda prueba, inteligencia y sagacidad política, plata limpia en su campaña, independencia de narcos y de grupos poderosos, de caciques locales, concejales y jefecitos de barrio, capacidad gerencial y ganas de trabajar duro y, sobre todo, visión del futuro. Que pueda imaginar una ciudad vivible dentro de diez años y que vislumbre los caminos para llegar allá.



Ya hay varios precandidatos, y probablemente uno de ellos será el próximo alcalde. Enrique Peñalosa lleva varios años preparándose y reúne la mayoría de los requisitos aquí esbozados. Néstor Humberto Martínez ha hecho una carrera brillante y variada, y nadie duda de su honestidad ni de sus dotes de jurista, muy útiles en una gestión de esta índole, pero no sé si su conocimiento de la ciudad vaya más allá de haber vivido aquí toda su vida. Rudi Hommes, aunque ha estudiado menos a Bogotá que Peñalosa y probablemente conoce menos los laberintos legales que Néstor Humberto, tiene un bagaje personal y administrativo que lo hace, a mi juicio, el mejor de los tres. Su retiro prematuro de la Universidad de los Andes no debe ser indicio de falta de compromiso, pero sí lo obliga a hacer una manifestación contundente de su deseo que quedarse el tiempo necesario para sacar a Bogotá al otro lado. Y éstos son los pesos pesados. Antonio Galán también anunció su aspiración pero, a mi juicio, su único mérito es el apellido y su única ejecutoria es haber entregado la empresa de teléfonos al sindicato. Aunque se oyeron rumores, parece que ni Juan Martín ni Jaime Castro quieren reincidir, gracias a Dios. Y Moreno de Caro lo único que ha hecho es tapar huecos, con mano de obra regalada y donde más votos pueda producirle.



El próximo alcalde va a encontrar los problemas más grandes de la historia de la ciudad y las mejores oportunidades para inmortalizarse. Ojalá las utilice para arreglarlos y no para buscar candidaturas presidenciales. Yo invito a los ciudadanos a votar, todos a una, por uno de los tres primeros y sobre todo a apoyar al que salga elegido, porque ninguno de ellos, ni nadie, es capaz de sacar a nuestra ciudad de su postración actual sin la ayuda efectiva de todos los ciudadanos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?