Opinión

  • | 2004/08/06 00:00

    El precio del éxito

    Muchas personas exitosas terminan teniendo dificultades para sentir y expresarse. Así, tampoco en el hogar pueden manifestar sus emociones, aunque quieran.

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Entiendo aquí por éxito "ocupar posiciones de dirección en las organizaciones", es decir, tener a cargo un grupo de personas y ser responsable por el manejo de recursos de distinto orden. He encontrado tanto en casos concretos, como en la literatura académica, que las personas exitosas en este sentido terminan asumiendo un papel y una forma de vida que dejan de lado los sentimientos y los afectos propios y los de los demás y todo ello se ve acompañado de una aparente superioridad por esta forma de vivir. Pareciera que en algún lugar se "prescribió" la separación de los espacios y las dimensiones: en unos sitios se trabaja, en otros se descansa, y en el trabajo hay que ser racional y dejar los sentimientos para otro lugar. Tal vez con lo que no se contaba es que como seres humanos que somos, esta "separación" no ocurre en vano: tiene efectos, uno de los cuales es que muchas personas exitosas terminan teniendo dificultades para sentir, para expresarse. Así, tampoco en el hogar pueden manifestar sus emociones, aunque quieran, por lo cual les cuesta trabajo escuchar el relato de su hijo sobre alguna hazaña del día, sentir algo al respecto y mucho menos expresarlo. A su vez, se vuelven muy buenos deportistas, contribuyen a la conformación de entidades con propósitos sociales y comunitarios, todo lo cual aumenta su imagen de persona exitosa. Sin embargo, dicen sentir un gran vacío y una desazón permanente, que intentan atender llenándose de más actividades "exitosas" que reclaman nuevamente su consagración y su razón. Esto lo he visto tanto en hombres como en mujeres de éxito y es lo que premia y favorece el medio. Es parte del llamado "mundo corporativo" en el cual lo importante es el resultado, el negocio, el proyecto. Y las personas -ellos inclusive- que contribuyen a su realización o intervienen en dicho resultado, parecen irrelevantes. Es el precio del éxito.

Me pregunto si este precio es la consecuencia o la causa de la forma como trabajan las personas en posiciones de dirección y que son exitosas al hacerlo. De acuerdo con mi observación directa de personas exitosas, el "agite" se vuelve una especie de adicción. Aunque se proteste por "la cantidad de trabajo" o la falta de tiempo para tomarse algo con una amiga, los días se rellenan con la ocupación permanente y se pasa de un tema a otro, de diferente importancia, sin parar, con una cierta hilaridad por estar tan ocupado.

Según Henry Mintzberg, académico canadiense que ha investigado la naturaleza de los directivos exitosos observándolos y pidiéndoles que registren todas sus actividades, estos mantienen un ritmo y una carga de trabajo sin parar, que se caracteriza por "la brevedad, la variedad y la fragmentación". No parecen tener tiempo para profundizar, ni reflexionar con calma y en silencio. Al parecer, prefieren este estilo "carrusel" de interrupciones constantes de todas sus actividades y ser manejados por una agenda que alguien define por ellos. Dice Mintzberg que "la superficialidad es sin duda alguna uno de los gajes del oficio. Para alcanzar el éxito, por lo visto, el directivo debe obtener un perfecto dominio de la superficialidad". Quizá por esto solo leen memorandos de una hoja.

Esta "manera de funcionar" se ha convertido en un hábito y en un comportamiento generalizado. Es urgente transformar este engranaje, disminuyendo "la brevedad, la variedad y la fragmentación". Una alternativa es un verdadero trabajo en equipo, el cual disminuye la soledad del poder y permite compartir las responsabilidades. Es además una forma de profundizar sin sacrificar ni el tiempo que requiere la atención a las emociones, ni el equilibrio que hay que mantener al atender la multiplicidad de asuntos. Así aparecen las personas, cobra relevancia su aporte, se pueden establecer relaciones significativas y manejar el temor que pueda surgir por la exigencia que nos plantean.

Insisto en que esta puede ser, como lo es a veces, una de las contribuciones de las mujeres a las organizaciones, si ellas se lo permiten y si la organización no las obliga a volverse como los hombres de éxito para ser exitosas.



conniedesantamaria68@hotmail.com
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