Opinión

  • | 2006/02/16 00:00

    El porqué de los precios del petróleo

    Lo que jalona los precios es la necesidad del gobierno estadounidense de aumentar sus reservas estratégicas ante los peligros en que lo sitúa su política internacional.

COMPARTIR

El último discurso de Bush sobre el Estado de la Unión (infortunadamente, 'último' solo en el sentido de 'más reciente') tiene como uno de los temas centrales lo que podríamos llamar el coletazo de su política de imperialismo antiterrorista. Lo grave es que ni en la presentación por parte del mandatario estadounidense, ni en su lectura por parte del cada día más grande 'patio trasero', se ha visto como un problema universal sino solo como interno de Estados Unidos.

Al mencionar que su país debe buscar fuentes alternativas de energía, para liberarse de la dependencia de países que pueden serle hostiles (o que se deben ver 'preventivamente' como potencialmente terroristas) se entendió (sobre todo entre nosotros) que podía referirse a lo tenso de las relaciones con Venezuela.

Pero el tema es algo más complejo: Más que las supuestas armas de destrucción masiva o el supuesto maridaje con Osama Bin Laden -que fueron pretextos publicitarios para disimular lo que era el verdadero interés del gobierno estadounidense-, la verdadera motivación de la segunda guerra contra Iraq fue tomar el control de su participación en el mundo del petróleo. Eso es lo que hoy queda en entredicho cuando les toca resolver sobre el tema del retiro de sus tropas, lo que los llevaría a quedar dependiendo de la capacidad (o incluso la voluntad) del gobierno que allá impusieron de someterse a sus intereses.

Igualmente con la declaratoria de esa especie de 'guerra fría' contra Irán -al promover nuevas sanciones en marzo de 2005, definiéndolo como parte del 'eje del mal' y graduándolo 'preventivamente' de 'peligro para la seguridad nacional' y de 'terroristas potenciales'-, Bush buscaba -y logró a medias- el respaldo para su oposición a la adquisición de tecnología nuclear por parte de los ayatolá. Pero al mismo tiempo alborotó las relaciones de ese país con buena parte del resto del mundo y, en consecuencia, produjo incertidumbre respecto al posible uso o más correctamente a la posibilidad de cierre de su potencial de suministro de petróleo al mercado mundial. Y aunque Estados Unidos no depende directamente de él, la situación mundial es que la capacidad total de extracción coincide con el actual consumo, de tal manera que el retiro de la oferta de petróleo del segundo exportador del mundo como es Irán, no sería reemplazable por los otros exportadores (aunque por el momento afirmen que no acudirán a ese medio de presión, el punto es que cuando quieran podrían hacerlo).

La situación con Venezuela es conocida, aunque vale la pena destacar que igual que Bush tiene sus reservas estratégicas de petróleo, Chávez tiene -o siente que tiene- reservas en dólares suficientes para no tener que someterse al 'Imperio'. En todo caso, en ese enfrentamiento está en juego el 14% del abastecimiento estadounidense. Y existe el peligro no tan remoto de que Andrés Manuel López Obrador en caso de ganar en México (como parece bastante probable) siga la línea de los países que no soportan el régimen imperial de Bush (lo cual también parece bastante probable y representaría otro 14% de las importaciones).

El caso de Nigeria como proveedor de otro 9% está perturbado por ser este un país donde la religión principal es el Islam, pero más aún porque es el sitio donde China ha dedicado su mayor esfuerzo en cuanto a inversión en ese sector.

Como 'aliado' principal le queda Arabia Saudita; pero el triunfo de Hamas en Palestina y las protestas en los países musulmanes por las caricaturas de Mahoma han mostrado claramente que se ha fomentado un choque de culturas, y que, como protagonista -o más correctamente culpable- de primera línea, los odios contra quien más se manifiestan es contra los estadounidenses. En 1974 se fundó la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) para obtener beneficios comerciales del control que podían tener sobre la producción mundial. Los resultados fueron fulminantes, puesto que en su momento se triplicó el precio y se organizó desde entonces el mercado para que el abastecimiento de las necesidades mundiales dependiera de esa alianza. Desde entonces, el mundo cambió: la tecnología se orientó a encontrar usos más eficientes de los combustibles, a buscar sustitutos para ellos y, en cada país en proporción a su dependencia del petróleo que importan, a crear reservas estratégicas que les garanticen una relativa autonomía durante algún tiempo.

Obviamente, Estados Unidos fue el país más afectado pero probablemente por ser una acción pacífica no se destacó el tamaño de lo que significó ese proceso. En 1975 se creó la Strategic Petroleum Reserve -SPR-, construyendo depósitos hasta por 700 millones de barriles (entonces cien días de consumo, hoy cerca de un mes). En 2001, el presidente Bush por primera vez ordenó que se copara la capacidad autorizada, lo cual se alcanzó en 2005. El efecto de los huracanes Katrina y Rita disminuyó la producción del Golfo de México y obligó a acudir a las reservas con lo cual la vulnerabilidad del país quedó comprobada.

Mientras en 1970 ningún país representaba siquiera el 5% del consumo (y era un tema de poca importancia por el costo del producto y el exceso de potencial de producción), en 2006 uno de esos seis países individualmente puede ponerlo en jaque en cualquier momento (con las repercusiones mundiales que eso puede tener). Por el orden que logró imponer la OPEP en el mercado, la capacidad de extracción de todos sus países miembros está equilibrada con la cuota de exportaciones asignada; la producción mundial apenas podría aumentarse en el orden de un 4% a 5% concentrado exclusivamente en Arabia Saudita que podría aumentar su oferta en algo como 1,5 millones de barriles diarios (o sea menos el 7% de lo que consume Estados Unidos). En pocas palabras, la economía mundial no aguantaría el uso del petróleo como parte de las nuevas guerras frías que estamos viviendo.

La verdad es que el alza de precios no se debe a reducción y menos a agotamiento de las reservas mundiales, ni a la escasez de capacidad de extracción (aunque sí está en el límite de la demanda), ni al aumento del consumo (el cual por el contrario ha disminuido); lo que jalona los precios es la necesidad del gobierno estadounidense de aumentar sus reservas estratégicas ante los peligros en que lo sitúa su política internacional; o, visto de otra manera, responde a una necesidad estratégica para que pueda continuar sus guerras el actual mandatario estadounidense.

Lo que hoy sucede es que la política bushiana de graduar de enemigos a quienes le suministraban el alimento a su maquinaria productiva va camino de conformar una posible variante de la OPEP no con fines comerciales sino para enfrentar el poder o por lo menos las políticas del poder estadounidense.

Para ver hasta qué punto nos afecta aquí, basta pensar que nuestras exportaciones de petróleo fueron casi iguales al total de nuestro crecimiento. Afirmar, como lo hace el gobierno, que el aumento del PIB significa que aumentó el aparato productivo nacional es engañar, en la medida en que la mayor parte de ello es atribuible a este fenómeno de precios; pero además es jugarle a que esa alza se mantenga, lo cual, dados los anteriores elementos de juicio, parecería poco sensato.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?