Connie de Santamaría

| 5/31/2002 12:00:00 AM

El poder, ¿para qué?

Detrás del abuso del poder está la certeza de poseer la verdad. La guerra actual así lo muestra. Cada uno está convencido de "tener toda la razón", con lo cual justifica cualquier acción, por violenta que sea.

por Connie de Santamaría

Una de las tres motivaciones del ser humano, según teóricos de la psicología, es el poder. Como impulso, nos "mueve" a actuar, nos lleva a buscar obtener satisfacción. Poner el poder al servicio de una causa, canalizarlo para lograr un determinado resultado, es maravilloso. Pero ver que al dar una orden se cumple, al dar directrices se siguen, gracias a saber ejercer el poder, se nos puede convertir en una adicción, en una necesidad o en una costumbre o, incluso, como dice mi médica, en una enfermedad. Perdemos de vista para qué estamos usando el poder. Deja de importarnos si nos siguen por temor o convicción. Incluso se nos convierte en la única, o la principal, motivación de todo lo que hacemos, con lo cual dejamos de lado nuestras lealtades, principios y afectos. El todo es ganar. Y arranca el juego entre el poder y el control.



En las relaciones de pareja, este juego es constante: ella a controlar por medio del afecto, él a ejercer el poder mediante la fuerza del argumento o la dimensión económica.



Mujeres: - "El no me deja salir de noche".



- "Si me dejara trabajar, yo...".



- "Si no accedo a una relación sexual cuando él dice...".



Hombres: - "Ay de que yo llegue después de..., ¿dónde me da el agua?".



- "Si no se hace exactamente lo que ella quiere, son tres días de malestar".



Por dependencia económica, por tradición, por gusto, las mujeres se someten a una relación que impide su desarrollo; los hombres --por temor al rechazo-- dicen ceder su poder.



¿Y qué decir del poder de los padres sobre los hijos? Queremos saberlo todo, invadimos sus espacios, preguntamos qué piensan, qué sueñan, qué van a hacer, en nombre de nuestra responsabilidad. ¿Será? ¿O será simplemente una expresión del control que queremos tener porque "sabemos lo que a ellos les conviene"?



En la relación profesor - alumno, el primero puede -y tiene toda la investidura- pasar por encima del segundo, sin miramiento alguno, sin que nadie se lo cuestione, porque no solo tiene el poder del papel, sino también del conocimiento.



Igualmente en el trabajo se cometen abusos en nombre de "la autoridad", de los objetivos de la organización, de la lealtad al grupo. Se exige cualquier cosa y se pagan todos los precios: en dinero, en especie, en tranquilidad y en principios.



- "Jamás creí que sería capaz de botar a mi mejor amiga para congraciarme con mi jefe. Yo sentía que eso era lo que él quería y lo hice" (jefe de departamento).



- "Preparé toda la información para la reunión, me trasnoché, la pulí, saqué copias para los miembros del comité y, cuando la estaba repartiendo, mi jefe dijo: 'Pero, Luis, ¿quién le dijo que se necesitaba todo esto?'. ¡Ahí me desmoroné! (Asistente de oficina de control).



Empoderados por el cargo, por el conocimiento, por la edad, padres, maestros, esposos, jefes, hombres y mujeres terminamos abusando del poder.



Detrás del abuso del poder está la certeza de poseer la verdad. La guerra actual es una clara expresión de esta certeza. Cada uno, cada grupo, está convencido de "tener toda la razón", con lo cual justifica cualquier acción, por violenta que sea.



Solo con relaciones equitativas se puede dar un paso adelante para salir de los abusos del poder en cualquier contexto.
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