Opinión

  • | 2005/04/01 00:00

    El petróleo y las mariposas

    Las jugadas de Venezuela en el mercado del petróleo pueden tener un efecto sobre el mundo más grande de lo que la gente quiere ver.

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Es conocido el principio según el cual el efecto de algo tan insignificante como el sacudir las alas de una mariposa estaría en capacidad, según la cadena de consecuencias que traiga, de cambiar el mundo. Aunque ningún elemento es menos insignificante para el mundo actual que todo lo que tiene que ver con el petróleo, valgan algunas consideraciones, en lo que sería ese extremo opuesto, para que el lector ensamble los escenarios y deduzca las conclusiones que considere más interesantes.

Para Estados Unidos, uno de los temas estratégicos más sensibles, prioridad de su seguridad nacional, es mantener en reserva un determinado nivel de combustibles que garantice durante cierto tiempo el funcionamiento del país, independientemente de las condiciones de suministro de abastecedores externos.

Las más recientes informaciones sobre el nivel de almacenamiento señalaron una baja mayor a lo usual y dispararon un nuevo récord en los precios.

En días recientes se calentó una vez más la temperatura entre Venezuela y Estados Unidos. Detrás de esa relación se presentan diferencias culturales, económicas y personales, pero sobre todo políticas. El fundamentalismo de la América profunda que ganó las elecciones es incompatible con el temperamento caribe; naturalmente en un negocio bilateral lo que gana el uno lo pierde el otro; las personalidades de Bush y Chávez tienen en común la prepotencia y el mesianismo pero en los extremos opuestos, o sea, potencian cualquier distancia que haya entre las partes; pero lo fundamental es que cada uno de ellos representa una propuesta política antagónica a la del otro -el uno de derecha y el otro de izquierda-.

Entre ambas naciones hay una relación de interdependencia mayor que la de cualquier pareja de países, excluida la de Estados Unidos con Arabia Saudita. Estados Unidos importa 11 millones de barriles diarios, de los cuales 13,5% (1'500.000) de Venezuela y esto representa más del 60% del ingreso de ese país (las cifras con Arabia Saudita son 1'600.000 barriles y más del 90% de las exportaciones).

En el último decenio, la producción interna estadounidense ha disminuido de 11 a 8 millones de barriles (la más baja de la historia) y las importaciones han subido de 4 a 11 millones de barriles1.

Estados Unidos está en proceso de bajar su dependencia de Arabia Saudita, porque la confrontación con quienes tienen fuertes lazos culturales y religiosos con ella, puede poner en riesgo las relaciones actuales. El enfrentamiento con el mundo musulmán ha sido la característica de las recientes relaciones estadounidenses (Iraq, Irán, Palestina, Afganistán, Indonesia y, obviamente, Al Qaeda) y esto no puede ser indiferente a quien más lo representa.

La primera guerra de Iraq fue para respaldar a Arabia Saudita en su control sobre el crudo y neutralizar la posibilidad de que, con el manejo de su propio potencial y el de Kuwait, Hussein o cualquier gobernante de ese país fuera un jugador determinante en las políticas petroleras mundiales.

La segunda guerra contra Iraq sí fue para mejorar directamente la participación estadounidense en el contexto del negocio petrolero: adquirió directamente el control político del crudo iraquí, y el operativo por medio de sus compañías o de las de los países incondicionalmente alineados con ellos; así pesa hoy en la regulación del suministro, y sobre todo impide que una rueda suelta contraria a sus intereses pueda anarquizar el mercado; y de paso detiene o por lo menos difiere la tendencia de algunos países petroleros a dar preferencia a las negociaciones en euros que acabarían con la hegemonía del dólar.

Sin esta nueva situación, la vulnerabilidad en relación con el abastecimiento de petróleo venezolano sería sensiblemente mayor; a su turno, Venezuela no solo pierde importancia relativa en cuanto a su posición de 'aliada' estadounidense, sino que sube en prioridad como objetivo a someter por parte de Estados Unidos, reemplazando en esa posición a Iraq (talvez en competencia con Irán).

Es natural que en estos momentos Estados Unidos busque la baja de precios, ya que es esta su mayor factura. Esta prioridad no es compartida en forma similar por otros países industrializados, ya que en sus propias monedas la variación no es mayor. Por esta razón, tampoco los productores consideran que hay un desbordamiento de los precios que desestabilice el mercado.

En la más reciente reunión de países productores, con el apoyo saudí solo se logró un aumento de la cuota total de 500.000 barriles en la OPEP (sobre 27 millones).

Los medios conocedores estiman que, en caso de un corte en las ventas por parte de Venezuela (poseedor de las mayores reservas del hemisferio occidental), se crearía un caos total en el mercado y el crudo se dispararía mínimo a US$70 el barril y muy probablemente alrededor de US$100.

Es probable que, en tal caso, para el gobierno Bush el costo político resultaría más grande que el económico, pues además debería acudir por lo menos transitoriamente al uso de las reservas estratégicas.

En Venezuela por el contrario, aunque el 'establecimiento' cuestionaría aún más a Chávez, es de suponer que el pueblo chavista no solo respaldaría esa posición sino lo incentivaría a ser firme en ella.

La mayor partida de los inmensos ingresos que con los nuevos precios del petróleo ha recibido Venezuela los ha destinado a comprar armamento.

Iraq era la mayor fuerza militar del Medio Oriente en una dimensión por lo menos diez veces mayor que la que podría llegar a tener Venezuela.

Una confrontación directa (con o sin salida como la de Iraq) sería perjudicial para ambas partes, pero al mismo tiempo favorecería a Estados Unidos en su dependencia petrolera, y a Chávez en su posición política.

En alguna medida, a ambas partes les interesa evaluar y fijar posiciones de confrontación por medio de casos de terceros y en un escenario ajeno a ellos... (eso me suena, me suena.).

Parece inminente un cambio en la relación alrededor de los negocios petroleros entre esas dos naciones. La pregunta es si ese cambio será en cámara lenta o bruscamente.

Según las condiciones bajo las cuales se tramite ese cambio, habrá una mayor o menor alza, pero lo previsible es que se dé de todas maneras.

Colombia agotó sus reservas exprimiéndolas al máximo para compensar todas las deficiencias, o por lo menos los deficientes resultados de las políticas gubernamentales del último lustro.

Durante ese período, tanto nuestras reservas probadas como los niveles de extracción han disminuido dramáticamente; hoy compramos parte de nuestro propio crudo a las trasnacionales que aquí lo extraen, importamos parte de nuestro consumo, y para el año entrante lo que llamaríamos nuestra balanza petrolera -es decir, lo que exportamos menos lo que importamos en hidrocarburos- será negativa. (A pesar de ello, el Ministro de Hacienda considera bueno que sigan subiendo los precios).

Tanto aquí como en Estados Unidos, quienes piensan más emotivamente (según sus simpatías o antipatías) tienden a suponer que Venezuela, o más correctamente Chávez, es solo una mariposa (negra, eso sí).



1. Estos datos se encuentran en eia.doe.gov
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