El peso de la deuda

| 4/28/2000 12:00:00 AM

El peso de la deuda

Hay incompetencia económica en un país que, con una deudapública tan moderada como la colombiana, se siente aplastado por la misma.

por Javier Fernández Riva

Patético. Así fue el comienzo de las audiencias públicas sobre el empleo, en la Zona de Despeje. El día de las exposiciones de los gremios los asistentes soportaron la repetición, hasta la náusea, del lugar común de la relación entre el empleo y el crecimiento. Luego vino la rechifla, previsible. Y en los días siguientes tuvieron lugar las audiencias populares, donde se oyeron propuestas como la de hacer obligatorio que cada chofer de bus tenga un ayudante, que se construya una ciudad en la selva y muchas otras de las que El Tiempo ofreció el sábado 15 una muestra cruel pero representativa. Lo de representativa lo digo con conocimiento de causa porque hace unos meses acepté, de puro pendejo, evaluar 150 propuestas para incrementar el empleo, presentadas en respuesta a una convocatoria gremial. Todas por el estilo.Pero, aunque muchas de las iniciativas populares para elevar el empleo son ridículas el problema real no tiene nada de divertido: uno de cada tres jóvenes está desempleado y sin muchas esperanzas, a pesar de la cantidad de gente que cada mes se retira de la fuerza de trabajo para emigrar a Estados Unidos, a la mendicidad extorsiva, a los paramilitares o a la guerrilla. El Gobierno prevé una tasa de desempleo casi estable durante varios años, y esa proyección es congruente con el mediocre crecimiento económico esperado, que promete llevarnos en el 2002, y si no se atraviesa un nuevo obstáculo, al ingreso per cápita que teníamos en 1995. Muchos, aquí y afuera, siguen dudando que el país pueda lograr esa modesta meta. Yo soy de los optimistas, aunque reconozco que los recientes recortes a la inversión pública, cuando ya no parecía que quedara mucho para recortar, no mejoran las perspectivas. Durante los próximos años el principal freno al crecimiento provendrá del ajuste fiscal porque, según la sabiduría convencional, se requiere aumentar los recaudos tributarios y reducir los gastos para poder bajar el déficit fiscal y frenar el crecimiento explosivo de la deuda pública. Y lo curioso es que la mayor parte del déficit fiscal se explica por los pagos de intereses. De acuerdo con el último informe del Banco de la República al Congreso en el 2000 la Nación pagará intereses por $6,6 billones, suma que equivale al 60% del déficit del Gobierno Nacional tras los últimos recortes anunciados en el gasto, y es casi el triple de toda la inversión que se ejecutará.En este punto, el lector probablemente dará por descontado que Colombia ha alcanzado un nivel escandaloso de su deuda pública, que la obliga a tomar medidas drásticas, como los últimos recortes en la inversión pública. Y se sorprenderá al saber que la deuda pública colombiana, medida como proporción del Producto Interno Bruto, PIB, es mucho menor que la de Estados Unidos y cualquiera de los países europeos.La deuda pública colombiana equivale hoy al 38,2% del PIB. En Estados Unidos anda por el 60%, después de una reducción lograda tras una década de crecimiento sostenido del PIB y tasas de interés moderadas. Muchos países europeos siguen haciendo esfuerzos para reducirla, dentro de unos años, al 60% del PIB, el tope acordado dentro de la Unión Europea.Por ejemplo, el Ministerio de Hacienda de Bélgica consigna en su página de internet, con orgullo, que en la segunda mitad de los 90 logró una reducción del endeudamiento público "espectacular": la deuda pública se redujo de 129,8% en 1995 a 114,4% en 1999. En Estados Unidos la deuda pública alcanzó al cierre del pasado año fiscal US$5.656 billones, 63,9% del PIB, aunque se redujo desde 67,6% en 1994.Por supuesto, si un país tiene hoy una deuda pública de 60% o del 100% de su PIB, esto es, una vez y media o tres veces mayor que la deuda relativa colombiana, es porque en el pasado y durante muchos años ese mismo país tuvo un déficit fiscal mayor que el de Colombia, y emitió deuda para financiarlo. No quiero convertir esto en una sopa de cifras pero me parece interesante recordar que, a raíz de la Gran Depresión, la deuda pública de Estados Unidos saltó de 15,6% del PIB en 1929 a 46,2% en 1935. Y también que luego, para financiar el esfuerzo de guerra, trepó a 120,7% del PIB en 1945. Luego bajó, pero rara vez se situó por debajo del 35% del PIB. Por su parte, en la mayoría de los países europeos la deuda pública se disparó a más de 100% del PIB la reconstrucción, tras la Segunda Guerra Mundial, y luego permaneció a niveles similares durante varias décadas. Detrás del rápido crecimiento de la deuda pública de los países desarrollados durante las épocas de recesión, de guerra o de reconstrucción, en el siglo pasado, estuvo un gran déficit fiscal, en el que se incurrió para apoyar el crecimiento. Y la razón por la que luego la deuda relativa se mantuvo alta en medio de una prolongada bonanza fue que se emitió nueva deuda para financiar el pago de los intereses. Sin ir más lejos, entre 1990 y 1999 Estados Unidos pagó intereses sobre su deuda pública por US$3,1 billones pero elevó el saldo de su deuda en US$2,8 billones, esto es, en el equivalente al 88% de los pagos de intereses. No hay evidencia de que ese proceso, que tanto escandaliza a los virreyes y a los economistas de la Colonia, haya tenido un efecto nefasto sobre las economías de las metrópolis.La viabilidad de un esquema de financiamiento de intereses de la deuda pública con más deuda depende, entre otras cosas, del nivel de las tasas de interés. Si en Estados Unidos o en Europa alguna vez se hubiera cometido la locura de subir hasta el cielo las tasas de interés para defender una banda cambiaria la deuda pública, que ya es alta a pesar de las tasas de interés irrisorias, habría alcanzado niveles absurdos.Por supuesto, queda abierta la cuestión sobre si la presión de una deuda pública creciente no disparará las tasas de interés, arruinando las condiciones para el desarrollo. Me imagino que tendré que volver sobre ese punto. Por ahora simplemente señalo un hecho y hago un anticipo. El hecho: durante el siglo pasado el proceso descrito no disparó las tasas de interés reales ni en Estados Unidos ni en Europa. El anticipo: esa coexistencia de un gran endeudamiento público con tasas de interés moderadas no fue un accidente. La política monetaria, incluyendo los mecanismos utilizados por los bancos centrales para aumentar la oferta de dinero en el largo plazo, tuvo mucho qué ver en el asunto.
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