Opinión

  • | 2009/02/20 00:00

    El patito feo al agua

    Fuera de la fuerza que le daría el imitar a su jefe, la otra fuente de respaldo de Uribito sería su gestión en Agricultura, pero la 'recuperación' de la que se precia es más bien deprimente.

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Parece que el Dr. Arias cree ser el cisne de ese cuento, y que, con crecer al lado del Presidente, al independizarse puede aspirar a convertirse no solo en el príncipe del estanque, sino que se puede saltar toda trayectoria política y, sin haber tenido nunca ningún voto ni ejercido ningún puesto de relevancia diferente del que ahora abandona, puede convertirse en el soberano de los colombianos (porque esa es la forma del poder Uribista y la que su pretendido delfín desea heredar).

Fuera de la fuerza que le daría el imitar a su jefe, la otra fuente de respaldo sería su gestión y manejo en la cartera de Agricultura. Analicemos esto, pero recordando que no se trata de calificar a una persona sino de evaluar el resultado de la política del gobierno que representó y del modelo con el cual trabajó.

Su presentación es que hacía tiempos ese sector no mostraba crecimientos como los que tuvo durante el periodo en que él dirigió el Ministerio. Lo cual no parece tan cierto, pero además debe estudiarse dentro del contexto en el cual se dio.

Porque lo que sucedió -como ya es reconocido- es que la economía mundial creció, y que eso arrastró a la economía colombiana, y bajo esas condiciones es como debemos ver lo que pasó.

El crecimiento del PIB agropecuario en comparación al PIB nacional fue en 2004 de 2,0%, frente a 4,9% del PIB total; en 2005 de 1,9% frente a 4,7%; en 2006 de 2,3% frente a 6,8% y en 2007 de 2,6% frente a 7,5%, según el Departamento Nacional de Planeación.

Es decir que, en proporción al crecimiento nacional, decayó cada año y cayó a apenas un tercio de aquel. El consolidado de esos años fue de 20,3% para toda la economía y de solo 6,88% para esa cartera.

Para responder a las críticas sobre el abandono de la seguridad alimentaria se precia el nuevo candidato de que deja el país con autosuficiencia en proteína animal, en verduras y legumbres, y en lácteos.

Con respecto a la leche, en realidad aumentó su producción; pero como ya éramos autosuficientes (solo marginal y ocasionalmente tuvimos pequeñas importaciones) y en el mundo hay sobrantes de oferta, se da la paradoja de que lo que se logró fue crear unos excedentes que tienen en crisis a quienes se dedican a esa explotación.

Respecto a verduras y legumbres basta decir que todos los países son autosuficientes en estos rubros, y que si bien existe algún nivel de comercio internacional marginal de ellas en forma de enlatados o de congelados, estos ya se consideran productos industrializados.

En cuanto a la proteína animal, la de aquí proviene del ganado vacuno y del pollo; y lo que pasó con la carne de res es que hoy apenas nos abastecemos, lo cual es un significativo atraso si se tiene en cuenta que el pollo sustituyó buena parte del consumo local, y que antes además alcanzaba para exportaciones a Venezuela y al Caribe mientras hoy estas están reducidas al mínimo; y omite también que la producción de pollo -que ha sido el crecimiento más grande de toda la economía agropecuaria- depende casi en su totalidad de la importación de granos para alimentarlos, y que en proporción a ese crecimiento han aumentado esas importaciones (o sea que es una 'autosuficiencia' que depende del abastecimiento externo).

Esto ha llevado a que subimos las importaciones de alimentos a más de ocho millones de toneladas, lo cual el nuevo candidato lejos de verlo como un problema de dependencia o de fracaso de su gestión, lo ve como un desarrollo del modelo que dice que debemos comprar en el exterior lo que aquí cueste más caro producir (no buscar la eficiencia para garantizar la independencia o soberanía alimentaria), pagándolo con lo que entra por lo que exportamos.

Esto fue posible por las alzas del petróleo y del carbón y por el aumento de las remesas de los expatriados, pero esa 'bonanza' pasajera se acabó; y con ella se debe acabar -por fortuna- el modelo de subdesarrollo que consiste en 'globalizarnos', pero no con un modelo que se fundamente en desarrollar sectores de la economía más avanzados y que sean generadores de riqueza -manufactura, industria, servicios, información-, sino con uno basado en adquirir los bienes de consumo que necesitamos, usando como vía el agotar activos como nuestros recursos naturales no renovables (petróleo, carbón, níquel, oro), o el exportar colombianos para que nos envíen remesas con lo que producen en otros países donde encuentran las soluciones que su Patria no les ofrece.

Habla de 4,9 millones de hectáreas, un millón más sembradas que al inicio del Gobierno, pero sin decir que esto es en comparación a la catástrofe que dejó Pastrana, ni mencionar que en 1990 ya se sembraban 4'623.745. Es decir que la 'recuperación' de la que se precia el ex ministro es más bien deprimente.

Imitando el modelo que pretende copiar, cita cifras fuera de contexto (a veces falsas) y así oculta que olvidó los programas integrales para desarrollo del sector y, en vez de tener proyectos de mediano plazo para mejorar la competitividad y la productividad de la economía del campo, los reemplazó por la repartición de diferentes formas de subsidio -del orden de centenares de miles de millones de pesos- para las empresas más grandes del campo (floricultores, azucareros, palmeros, bananeros, etc.) que pasan por etapas de crisis. Por eso habla de grandes aumentos de las financiaciones que manejó el Ministerio, pero no hace mención alguna a la ineficiencia que muestran los resultados.

Paralelo a ello no se creó ninguna infraestructura que mejorara el manejo de los problemas climáticos -como distritos de riego para los veranos, o jarillones para encausar los ríos e impedir las inundaciones-; ni estos recursos se reflejaron en mejoras en la condición de los habitantes del campo, limitándose al mantenimiento de los cultivos de pancoger, y brillando también por su ausencia los planes para mejorar la condición de los campesinos, lo que es en parte causa del desplazamiento rural y constituye uno de los elementos que atenta contra la paz. Bajo el modelo de economía y de guerra que él defiende, reconoce el Gobierno que fueron desplazados de sus hogares un millón y medio de colombianos entre 2004 y 2008 (Codhes estima que se acerca más a los dos millones y medio).

Pero repito: no se deben entender estos resultados como el mérito o la culpa del Dr. Arias. No es (ni fue) una propuesta suya, sino la de la coalición que se armó en torno a una prioridad absoluta de 'matar la culebra', y de la extensión del capitalismo salvaje, es decir la que terminó agrupada alrededor la personalidad de Uribe. Él cumplió con lo que supone el modelo que igual lo pueden representar Vargas Lleras, o Rodrigo Rivera o Cesar Gaviria o, por vía de una candidatura del partido conservador, Holguín o Pastrana. Como candidato el Dr. Arias es quien más ha definido que representaría esas ideas y ese modelo; falta ver hasta dónde el país sigue por ese camino y hasta dónde los poderes que quieren continuarlo lo respaldan a él.

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