Opinión

  • | 2008/03/14 00:00

    El papel del sector privado en la crisis con Venezuela

    A la luz de los principios de la RSE ¿qué deben hacer las empresas ante la crisis? ¿Hay que apoyar la política internacional? ¿Hay que solo sobrevivir?

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Con frecuencia, las épocas de crisis ponen a prueba no solamente a las partes involucradas en los conflictos, sino también las costumbres, usanzas y patrones que en otras circunstancias creíamos inamovibles.

Colombia, Venezuela y Ecuador no solo son países hermanos, sino también comunidades hermanas y economías hermanas, y no estamos hablando de hermanas lejanas, o hermanas de distinto padre, se trata de "hermanas siamesas"; es decir, economías con un alto grado de interdependencia mutua.

Si habláramos del tema eminentemente humano, desde el punto de vista de sus comunidades, por décadas y décadas ha existido una gran movilidad poblacional que ha sido superior incluso a las decisiones migratorias o legales de las autoridades. ¿Quién no recuerda la visa que por tantos años teníamos que solicitar los colombianos para visitar Venezuela, al tiempo que se decía había más de tres millones de colombianos viviendo y trabajando en ese país en calidad de indocumentados?

El intercambio económico ha seguido exactamente el mismo patrón. ¿Quién sabe cuantos millones de dólares, bolívares, bolívares fuertes o pesos se han intercambiado por las fronteras, legal o ilegalmente? ¿Cuántos electrodomésticos, pimpinas de gasolina, alimentos enlatados, caramelos Kraft, botellas de whiskey, textiles, carros o alimentos han sido llevados de un lado al otro de la frontera, con o sin manifiestos de importación?

Algunas cifras de la oficina de estudios económicos del Ministerio de Comercio indican que Colombia cuenta con exportaciones registradas en el año 2007 de alrededor de US$4.000 millones a Venezuela, mientras que importa un poco menos de la mitad desde allá. Para Colombia, Venezuela es el segundo destino de sus ventas, mientras que para Venezuela, Colombia es su segundo proveedor de bienes, especialmente alimentos.

El sector privado es entonces un agente protagonista de lo que suceda con las relaciones bilaterales. En primera instancia se podría pensar que está llamado a jugar el papel pasivo de quien cruza los dedos para que las cosas no se le compliquen, de quien solo tiene que perder y por lo tanto con sigilo trata de negar que estamos frente a un problema estructural.

Desde hace un par de años, cuando todos ante el discurso de Chávez intuíamos que las cosas se podían complicar, se empezó a hablar de la necesidad de diversificar exportaciones, de abrir otros mercados, de ampliar la base de clientes, etc. Pues las cosas efectivamente se complicaron, y la realidad comercial es otra, los crecimientos del intercambio comercial han sido grandes y más aún, vitales dentro del crecimiento de la economía de los últimos años.

El Presidente de la SAC hace unos días daba un parte de relativa tranquilidad cuando afirmaba que el mundo actual iba camino a una situación alimentaria estrecha y que un país con superávit estaba en situación significativamente más sólida que aquel que requería de suministro externo. Por esta razón, para Colombia iba a ser mucho más fácil reubicar sus productos, que para Venezuela sustituirnos como proveedores.

Desde el punto de vista macro no hay duda de que es un argumento contundente; sin embargo, como siempre, los argumentos macroeconómicos no siempre se reflejan en los balances de las empresas. Es más, algunas empresas no son capaces de sobrevivir hasta que la macroeconomía opere tal como indican los libros.

El dilema es gigantesco. ¿Qué hacer? ¿Pasar agachados y tratar de seguir vendiendo? ¿Cancelar exportaciones y demostrar el valor estratégico y la dependencia que tiene Venezuela de nuestros productos? ¿Qué hacer con las inversiones que tenemos en Venezuela, hoy amenazadas de nacionalización? ¿Propiciar situaciones de escasez para que nos respeten? ¿Esperar a ver qué pasa y correr el riesgo de que decisiones irracionales cierren los mercados de un día al otro? ¿Presionar al gobierno colombiano para que llegue a un acuerdo? ¿Qué será lo que es más responsable? ¿Lo más responsable desde el punto de vista social? ¿Lo más consistente entre los intereses individuales y los colectivos?

Como siempre, todas las teorías y prácticas están construidas para situaciones de normalidad. No hay un libreto para las crisis y este es el caso de la situación actual. Es en esos momentos cuando hay que acudir a las herramientas de nuestra conciencia para que nos guíen por el mejor camino.
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