Opinión

  • | 2008/04/11 00:00

    El mundo debería ser digitalmente más justo

    Las telecomunicaciones y la tecnología han creado una nueva forma de discriminación y una brecha que tiende a perpetuar la pobreza.

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A propósito de la edición de la revista Dinero del día 14 de marzo que dedicó una buena parte de su contenido a imaginarse el futuro de las telecomunicaciones, quise recapitular un poco sobre el efecto de las mismas en el desarrollo sostenible, la equidad, la igualdad y la percepción que de ellas tienen entidades como las Naciones Unidas.

No es exagerado decir que uno de los tres campos en que más ha cambiado el mundo en las últimas dos o tres décadas es justamente el de las telecomunicaciones, junto con la medicina y la tecnología de computadores.

Es común la afirmación de que el estado actual de la tecnología de telecomunicaciones ha derribado las barreras entre los pueblos o que la misma ha eliminado prácticamente el concepto de distancia que había experimentado la humanidad por millones de años.

Sin embargo, increíblemente esta afirmación es solo cierta para ciertos estratos sociales y económicos. Solo algunos grupos económicos pueden decir que se encuentran totalmente "conectados" o cuentan con el mismo acceso a la información que cualquier otro ciudadano de países libres y desarrollados.



La tecnología que aleja

En la práctica, lo cierto es que el mundo ha sido divido en dos: quienes tienen acceso a la conectividad digital y quienes no lo tienen.

Es tan fuerte esa diferencia, que la misma ha sido comparada a la diferencia que existe entre los seres humanos que saben leer y aquellos que no. No es para menos, la conectividad digital hoy en día significa ni más, ni menos, el acceso a la mayor fuente de información, datos y educación que se haya construido jamás por parte del ser humano.

La gran paradoja es entonces que la tecnología de telecomunicaciones ha creado una nueva brecha entre las distintas capas socioeconómicas.

Las telecomunicaciones se han convertido entonces en una nueva gran brecha a cerrar. No es concebible un mundo en el cual una porción de la población cuente con acceso a tanta información, a tanta educación, a tantas oportunidades, y otra parte de esa misma población simplemente no pueda siquiera saber qué es lo que se está perdiendo.



Las alertas de los organismos multilaterales

La brecha social que ha creado esta nueva realidad es tan preocupante, que entidades como las Naciones Unidas han dicho oficialmente que el acceso a internet debe ser considerado como un derecho humano básico. Más aun, eventos como los sucedidos en Myanmar y en el Nepal, o las restricciones en Cuba o China han sido denunciados como casos de violación de derechos humanos a la población.

Por un lado está el derecho a la información, cada vez más apalancada en internet. Por otro, el derecho a la comunicación, que usa internet como su plataforma básica. Pero finalmente está el derecho a la educación, en donde esta brecha conduce a la creación de grupos humanos condenados a la ignorancia y a la pobreza en forma dramática. ¿Quién pudiera hoy negar la desventaja con que llega al mundo alguien que no tiene acceso a una educación digital? No es aventurado afirmar que alguien en estas condiciones hoy día está condenado de por vida a la pobreza absoluta.



Los esfuerzos de la academia, el sector privado, gobiernos y el sector social

Conscientes del peligro social tan grande que entraña esta diferencia, un buen grupo de agentes sociales han puesto en marcha iniciativas para reducir esta brecha.

Algunos de los proyectos más importantes son los encaminados a dotar a cada niño en edad escolar de un computador con conectividad y acceso pleno a las redes de educación.

El proyecto más visible en este sentido, si bien no el único, es el desarrollado por el profesor Nicholas Negroponte del laboratorio de Media de la Universidad MIT, el cual ha sido denominado OLPC (sigla en inglés para un laptop por niño).

El otro gran proyecto es desarrollado en el Reino Unido y se ha llamado ELONEX One. Los dos han creado un computador de alrededor de US$200 que busca reducir esta brecha. Ojalá lo logren y ojalá sea pronto, ya que como casi todos los problemas de este siglo, su crecimiento es angustiosamente exponencial.
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