Opinión

  • | 2009/03/06 00:00

    El milagro de la primera infancia

    Los primeros tres años de vida son decisivos en el desarrollo de las capacidades humanas. Cinco líneas de acción pueden hacer el más grande de los milagros.

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¿Por qué los animales se defienden solos desde recién nacidos y los humanos nos demoramos tanto en lograr la independencia? La respuesta es fascinante: los animales nacen con el cerebro desarrollado y gran parte de la información que necesitan para ser y actuar como sus padres. Los humanos, en cambio, nacemos con apenas un tercio del tamaño final del cerebro y este con muy poca información. Esta aparente debilidad permite que nuestro sistema neuronal y nuestro organismo sean moldeables, lo cual nos permite adaptarnos a contextos variados, ser diferentes para complementarnos y estar en capacidad de ser mejores que nuestros padres.

La infancia y la adolescencia son precisamente la época de incorporación y desarrollo de nuestras capacidades humanas. El momento decisivo de este proceso son los tres primeros años de vida, en los cuales se llega al 90% del tamaño cerebral, se establecen las conexiones neuronales básicas y se crean los ejes definitivos y difícilmente modificables de conocimientos, aptitudes, comportamientos y valores.

Hasta hace poco creíamos que el proceso determinante del desarrollo del individuo era la educación escolar. Suponíamos que la formación de los cinco primeros años de vida servía esencialmente para crear disciplinas y aptitudes preparatorias para la escuela; por eso la llamábamos pre-escolar.

Los descubrimientos recientes en neurociencia -impresionantemente acelerados por las tecnologías de escaneo neuronal- así como los avances de la investigación en pedagogía y psicología nos plantean un nuevo paradigma: la primera infancia es el periodo de aprendizaje y desarrollo más importante de la vida de un ser humano.

El aprendizaje proviene de cada hecho, circunstancia e interacción. La lactancia y las rutinas de alimentación, las caricias y sonrisas, los juegos, la comunicación y el encuentro con otras personas son hechos educativos decisivos. También lo son los gritos y los castigos, la soledad y la falta de un ambiente sano. Todos ellos enseñan a amar o a odiar, a razonar o a imponer por la fuerza, a ser cooperativos o individualistas, a respetar las normas sociales o a desconocerlas, a ser pacíficos o violentos, a actuar como sujetos transformadores o pasivos, a ser hábiles o torpes y a sentirnos importantes y capaces o desafortunados y dependientes.

El milagro de los grandes aprendizajes humanos que pensábamos ocurría en la escuela o universidad, en realidad ocurre en la primera infancia. Este descubrimiento no resta importancia a la educación escolar, pero nos muestra que muchas deficiencias que le atribuíamos, en realidad son vacíos del desarrollo inicial.

Los niños nacen con iguales oportunidades pero la primera infancia los diferencia, creando brechas sociales permanentes. Si queremos tener dentro de 25 años una sociedad más humana, pacífica y justa, nuestro primer reto es garantizar condiciones de igualdad en los primeros años de vida. La experiencia de muchos países que han encarado este desafío incluye cinco ámbitos interrelacionados (la política pública colombiana apenas comienza a abordar dos de ellos).

* La gestación. Debemos lograr que los hijos sean deseados y que la decisión de tenerlos sea libre e informada. Nuestra sociedad debe esforzarse por garantizar óptimos controles médicos del embarazo y un parto seguro y necesita erradicar el embarazo adolescente.

* La familia. Es el centro insustituible del desarrollo y la adecuada socialización durante la primera infancia. Por eso cada sociedad debe asumir el reto de tener madres y padres buenos y capaces. Debemos establecer una gran oferta masiva de conocimientos, orientación y facilidades para el ejercicio de su responsabilidad.

* La comunidad. Es el primer complemento de la acción educativa de la familia. Tenemos que lograr que los pequeños tengan máxima prioridad y pleno cuidado en todos los ambientes sociales y que exista una amplia oferta de oportunidades públicas para su desarrollo.

* Los jardines infantiles. Son también un complemento -y no un reemplazo- de la acción de las familias y deben interactuar con ellas para reforzar las capacidades de crianza. Mas que centros de cuidado y guarda, debemos convertir los jardines en ambientes pedagógicos especializados y centros de monitoreo del desarrollo infantil.

* Servicios universales de recreación, salud y nutrición. Los programas recreativos y nutricionales y los servicios de salud preventiva y curativa para menores de cinco años deben tener carácter universal y gratuito y ser de óptima calidad, por su impacto en la calidad de vida y también en la equidad y la integración social.

Cinco líneas de acción para cambiar nuestro presente y nuestro futuro. Una fórmula simple para el más grande de los milagros.

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