Opinión

  • | 2008/10/24 00:00

    “El mercado no puede ser visto como una fatalidad”

    Es un mecanismo de decisión en el cual los individuos, si actúan correcta y racionalmente, serán capaces de optimizar el resultado para el bien de todos.

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Adela Cortina estuvo en Bogotá; probablemente la voz más autorizada de la comunidad académica hispano-americana en términos de formalización de temas éticos y también una de las personas más interesantes en el mundo de la responsabilidad social corporativa.

La mayor gracia o mérito de la profesora Cortina, al menos en mi opinión, reside en liderar y representar una de las pocas escuelas organizadas de pensamiento, en el sentido más académico de la palabra, que han sido capaces de 'formalizar' algunas ideas y pensamientos que sirvan de marco conceptual para algo tan 'etéreo' como la responsabilidad social.

Desde el instituto Ethnor en la Universidad de Valencia, la profesora Cortina ha liderado una corriente de pensamiento que logra explicar los procesos de responsabilidad social empresarial como experiencias básicas enmarcadas dentro de los principios de la ética.

La venida de Adela Cortina se dio en medio de la más avasalladora crisis que hayan sufrido la economía y mercados financieros mundiales. Una situación en la cual los mercados se han comportado con la contundencia de un huracán y los planes de salvamento son tan costosos como los necesarios para recuperar una comunidad después de un evento natural de esas magnitudes.

La crisis, tal como los huracanes, siguió una ruta. Fue de Occidente a Oriente. Se formó en América, casi toca el polo norte en Islandia, bajó a Irlanda, Reino Unido y llegó a Europa. Pasó sobre ciudades y Estados, donde lo único que podían hacer los individuos era esconderse en un rincón rogando que la tempestad no se quedara a vivir sobre ellos.

Pero bueno, a pesar de esto, la crisis no fue un acto de la naturaleza o como dicen los sajones, "un acto de Dios". Mucho tuvimos que ver los humanos en ella.



¿Cómo debe ser entendido el mercado?.

Una de las ideas más interesantes de cuantas nos dejó la profesora Cortina, es aquella en la cual afirma que una de las cosas que más le ha impresionado durante la crisis es la reacción de los economistas, financistas, empresarios, periodistas y analistas que se empeñan en mostrar el mercado como una fatalidad, como una desgracia.

Una fatalidad que en ciertas ocasiones, por nuestra virtud, logra enriquecer a los pueblos, pero en otras, por culpa, eso sí, de la mala suerte y lo inexplicable, "las fuerzas del mercado" que parecen actuar como un ángel maligno, se sale de control y nos conduce a crisis como la que estamos viviendo.

Nos recuerda que, por el contrario, el mercado debe ser entendido como un mecanismo de elección. Un mecanismo que diseñamos y en teoría entendemos y manejamos. De elecciones enmarcadas dentro de un esquema ético, apropiado o no, que hacen los individuos y en condiciones ideales produce la mejor asignación de recursos. Eso es lo que esperamos de él.

Todo este proceso tiene que ser entendido dentro del marco del dramático cambio que sufrió el planeta cuando, en la década de los 90, se otorgó al sector privado la capacidad de decidir e influenciar sobre una gran parte de las sociedades y nuestras vidas.

¿Será el sector privado consciente del poder que tiene? ¿Será que es consciente de la responsabilidad tan grande que le hemos otorgado y carga sobre sus hombros? ¿Será que los Estados son conscientes a su vez de todo el juego que le han otorgado al sector privado? ¿Será incluso que los Estados sabían lo que estaban haciendo cuando adoptaron el neoliberalismo como modelo y se prepararon para ello?

Independientemente de las respuestas a las anteriores preguntas, hoy tenemos una realidad que debemos administrar y que de hecho ha colapsado y tiene que ser tutelada por los Estados.
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