El lío monetario de Argentina

| 12/7/2000 12:00:00 AM

El lío monetario de Argentina

Argentina no tiene otra salida diferente a devaluar.

por Jeffery Sachs

De nuevo, los esfuerzos por ofrecer un mundo seguro para la inversión bancaria están en pleno movimiento. El FMI está preparando un auxilio que se calcula en US$20.000 millones para evitar que Argentina incumpla el pago de los créditos internacionales. Como siempre, los inversionistas recibirán sus dividendos mientras que el país se hunde cada vez más en la crisis.



La historia se remonta a décadas atrás. Argentina tuvo malos gobiernos desde la década de los 40 hasta principios de los años 90. Los gobiernos militares y civiles se alternaron con políticas monetarias y fiscales irresponsables además de un proteccionismo comercial que marginó al país de los mercados mundiales. Esa combinación produjo una deuda externa masiva, un bajo nivel de exportaciones con respecto al tamaño de la economía y una alta inflación.



A principios de los años 90, el presidente Carlos Menem y su ministro de Finanzas Domingo Cavallo tomaron medidas drásticas como la reducción del déficit de presupuesto y la terminación del proteccionismo. Sin embargo, para combatir la inflación, recurrieron a un truco que consistió en fijar la tasa de cambio del peso argentino a un valor de un peso por dólar estadounidense, con la promesa de que esta tasa nunca cambiaría. Este sistema se conoce como un acuerdo de "caja de conversión".



Fijar la tasa cambiaria de manera irrevocable fue, en el mejor de los casos, una apuesta y, en el peor, un error craso. La tasa cambiaria es una válvula de seguridad: cuando una economía pasa a no ser competitiva, es decir, si se presenta una declinación de la demanda internacional por sus productos, o los costos locales se elevan por encima de los de otros países, es posible que un descenso en el valor de la moneda pueda restaurar la demanda por el producto nacional y de esta manera, ayudar a preservar el empleo. Cuando esta tasa se fija irreversiblemente, esta válvula de seguridad desaparece. La economía puede permanecer siendo no competitiva durante años, lo que causa un desempleo crónico y un crecimiento lento.



Al principio, la aventura de Argentina pareció redituar beneficios. Los inversionistas extranjeros, con un pobre conocimiento de la macroeconomía y del crecimiento a largo plazo, estaban fascinados con la nueva estabilidad argentina. Aportaron dinero y Argentina pareció experimentar una bonanza. Pero esto es fácil cuando el dinero abunda. Los inversionistas no comprendieron que Argentina corría el riesgo de estancarse a largo plazo como resultado de la aventura emprendida con su caja de conversión.



Los salarios y precios subieron de manera importante desde 1991 hasta 1993, con lo que Argentina se sobrevaluó por fuera de los mercados mundiales en muchos productos de exportación. Por suerte, Brasil también se estaba convirtiendo en una economía costosa como resultado de la fijación del real brasileño al dólar en 1994. Los productores argentinos podían vender mercancías a Brasil en momentos en que no podían hacerlo en ningún otro mercado. Argentina experimentó una profunda crisis financiera en 1995, pero se recuperó rápidamente con el aumento de las exportaciones a Brasil.



Con la complacencia por su éxito, Argentina comenzó a aconsejar a otros países el establecimiento de la caja de conversión. Yo discutí con ellos y puse de presente que Argentina se encontraba en mayores problemas de lo que parecía y que no debería alentar a otros a correr el mismo riesgo. Pocos escucharon y, en repetidas ocasiones, los funcionarios argentinos me indicaron que estaba equivocado, que el país se encontraba en perfecto estado. El FMI también presentó a Argentina como un campeón; un ejemplo se dio en la exigencia a Bulgaria para que siguiera el mismo enfoque y, como era previsible, la apuesta argentina se convirtió en agridulce. A principios de 1999, Brasil decidió devaluar su moneda. De manera súbita, los productos brasileños eran más baratos que los argentinos, lo que provocó que los consumidores y negocios brasileños redujeran sus compras. Los fabricantes de automóviles que tenían distribuida su producción entre Argentina y Brasil la llevaron a las fábricas brasileñas.



El desempleo creció en Argentina y el PIB cayó en 3,1% en 1999, mientras que en Brasil creció en un 1%. La economía argentina no fue la única que sufrió ese año, pero las otras ajustaron sus tasas cambiarias para restaurar su competitividad internacional. Argentina estaba atascada con su caja de conversión y su moneda sobrevalorada.



Una vez que los inversionistas comprendieron el predicamento argentino, comenzaron a liquidar sus bonos del gobierno y las primas de riesgo sobre préstamos a Argentina crecieron bastante en porcentaje. A principios del año, los inversionistas requerían una prima de riesgo de casi 6 puntos para comprar las deudas argentinas. Las agencias de calificación de riesgo disminuyeron la categoría de la deuda gubernamental, lo que contribuyó a un aumento adicional en la tasa de riesgo. Ahora, los tenedores de la deuda argentina reciben una tasa de retorno del 15% anual y aun mayor. La alta tasa de interés compensa el riesgo de que Argentina pueda dejar de pagar las deudas o devalúe su moneda, o adopte ambas medidas.



Los tenedores de la deuda argentina gritaban aterrados que el mundo se acabaría si Argentina devaluaba su moneda o suspendía el pago de su deuda. El FMI creyó su deber ir en rescate de los tenedores de los bonos. El FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo se aprestan a prestarle a Argentina US$20.000 millones para que pueda continuar con el pago de la deuda sin cambiar la tasa de cambio. (En caso de devaluar la moneda, los acreedores de la deuda argentina en pesos recibirían una cantidad menor en dólares estadounidenses).



Este "auxilio" no va a ayudar a Argentina. El consejo del FMI solo hizo la crisis más profunda: recorte del gasto gubernamental y elevación de los impuestos. Este dinero de auxilio alentaría a los bancos inversionistas a continuar ignorando los riesgos. Sí, probablemente la deuda argentina se pagaría en su totalidad, pero los que pagaban impuestos y los trabajadores tendrían que soportar una pesada carga en los años venideros.



¿Qué debería hacerse? Primero, Argentina debe terminar con la caja de conversión y devaluar su moneda. Argentina no es competitiva y le esperan muchos años de crecimiento lento si no varía la tasa de cambio. En principio, podría devaluar la moneda y luego formar parte de la unión monetaria con Brasil. La otra esperanza argentina es que el valor del dólar estadounidense colapse en comparación con el euro, de manera que el peso argentino se vuelva más competitivo con respecto al euro.



Segundo, el FMI debería permitir que Argentina y sus acreedores refinancien o reprogramen sus acuerdos. Un auxilio solo enriquece a los acreedores y les permite continuar apostando de manera irresponsable e ignorando las realidades macroeconómicas. Tercero, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, ambos instituciones de desarrollo, no deberían desperdiciarse en auxilios a corto plazo. Cuarto, el FMI y otros bancos deberían dejar de ocuparse de las pilatunas monetarias como las cajas de conversión y las tasas de cambio fijas. Tales acuerdos tienen sentido en muy raras ocasiones, tal vez en una economía abierta y muy pequeña como Estonia. Incluso si el sistema tuviera sentido para la Argentina de 1991 para terminar así con la hiperinflación, sería un precio demasiado alto que no debe ser pagado por otros países.
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