Opinión

  • | 2006/08/04 00:00

    El linchamiento de Santofimio

    Alberto Lleras: "Un pueblo mal informado no tiene opinión, sino pasiones".<br><br>

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En las películas del oeste se montan escenas en las que el pueblo ha decidido castigar a quien por algunas apariencias podría ser culpable y ha sido acusado por quienes tienen cierta ascendencia sobre la gente, mientras aparece como impotente el sheriff buscando oponerse a esa forma de 'justicia', no por ser el aliado del reo sino por su condición de defensor del orden legal y de la necesidad de que se respete el debido proceso en la Administración de Justicia, con la connotación de que esto representa un progreso para una comunidad anárquica donde el orden lo impone la violencia, y una garantía contra la posibilidad de que, contrario a lo que se busca, se cometa una injusticia.

Esto se reproduce en la realidad cuando se toma a alguien representativo de un sector poblacional que por algún motivo —posiblemente explicable— encarna la animadversión de la comunidad, y se manifiesta y desahoga en él como chivo expiatorio ese resentimiento. La forma en que se resuelve esa situación expresa el nivel de madurez de una Nación.

No sé si Santofimio es culpable o no de lo que se le acusa, ni tengo razones o interés en tomar posición respecto a lo uno o lo otro. Sí tengo claras dos cosas: la una, que se está promoviendo un linchamiento en el que independientemente de la realidad se está descargando en él el resentimiento del país contra la clase política; y dos, que, como se reconoce públicamente y se puede decir que casi unánimemente por quienes son profesionales del Derecho y se han informado sobre el contenido del proceso, sería una aberración una condena basada en los elementos que hasta ahora se han aportado.

En relación con el delito que se juzga, los indicios nacidos de los testimonios de Popeye y Oviedo que permitieron la acusación es más la duda que dejan que lo que prueban. Ante la 'presunción de inocencia' y la 'duda razonable' no cabría una sentencia condenatoria.

Aparecen entonces las declaraciones de Virginia Vallejo.

En ningún juicio puede el fiscal ordenar nuevos testimonios cuando la acusación ya ha sido presentada porque a partir de ese momento es el juez quien tiene la competencia para esas decisiones; y cerrada la etapa probatoria tampoco puede el juez llamar a un testigo extemporáneo sin que se plantee una posible violación al debido proceso.

La oferta de presentación de Virginia Vallejo fue posterior a ambas cosas, a sabiendas de que no se podía concretar. Testimonio no habrá y su entrevista a El Nuevo Herald no debería tener ninguna incidencia en el juicio, contrariamente a lo que está sucediendo entre la opinión. Los medios han buscado y logrado rating alrededor de 'la diva', y la han convertido en el personaje más importante del momento. Así, aunque no existe nada concreto o nuevo que tenga qué ver con el proceso, con el propósito de producir más animosidad en la opinión pública, se ha logrado mucha polémica y mucha confusión pero nada de ilustración sobre lo que realmente tiene qué ver con el juicio.

¿Qué dijo, que tenga qué ver con el caso?

Que ella oyó que después de unas manifestaciones, Santofimio sugería que Galán era un obstáculo que había que eliminar. Que le oyó repetir eso en 1984 y en el 85 después de unas reuniones públicas, y que también de eso le habló Escobar en el 87. Que Escobar le manifestó que odiaba más a Santofimio que a Galán.

En caso de ser cierto, ¿qué se supone que debería probar?

Que antes de 1983 Santofimio le 'reveló' a Escobar que Galán era un obstáculo que iba a impedir que ambos llegaran a la Presidencia; que lo convenció de que la manera de alcanzarla era matándolo; que a pesar de haberlo expulsado públicamente siguió insistiéndole en esto en el 84 y el 85; que en el 87 Escobar sintió el impulso de contárselo a ella; y que de todo esto la conclusión que se deduciría es que 'no faltó sino que Santofimio apretara el gatillo'.
 
La fragilidad de cada una de estas afirmaciones salta a la vista: ¿necesitaba Escobar que le explicaran que Galán era un obstáculo, ¿o que una forma de eliminar es matar, ¿o que quien 'renegó' de él lo ratificara en ello, ¿o que su amante se enterara de esto? Pero sobre todo: ¿probaría esto que por eso varios años después, en 1989, se decidió el crimen? ¿Equivaldría esto en verdad a que 'no faltó sino que Santofimio apretara el gatillo'?

Lo siguiente en un testimonio es verificar la posibilidad de que sea cierto lo que en él se dice. No se puede afirmar que es imposible (aunque sí improbable) que, entusiasmado por el éxito de Escobar, Santofimio tuviera la idea de matar a Galán y salir del rival y así se lo transmitiera delante de Virginia Vallejo a Escobar; pero en un testimonio no basta una afirmación sino depende de que el cómo, cuándo y dónde de los hechos que se mencionan sean posibles: desde el 83 no hubo manifestaciones conjuntas y desde el 84, después de la muerte de Lara Bonilla, Escobar estaba en la clandestinidad, lo que hace imposible las situaciones que ella describe.
 
No hay razón para que no fuera posible que Escobar le informara en el 87 sobre este 'proyecto' si en verdad hubiera existido, pero en todo caso en el video de donde después se transcribió la entrevista, ella no dice eso…

Cuenta también la valoración de la credibilidad de la persona.

Es verdad que contra Virginia Vallejo no pesa ni la condición de delincuente ni ningún testimonio previo a diferencia de lo que sucede con el caso de Popeye. Pero en cambio los antecedentes de carácter sí suscitan mucha inquietud. Se ha destacado lo protagónico de su 'carrera' mas no lo cuestionable de ella, o sea, hasta dónde cedió principios o valores en función de lo que para ella era el éxito y el poder avanzar en sus propósitos.
 
En cuanto a las circunstancias y el contexto de la entrevista es claro que fue producida en un momento y con un propósito determinado; poco se le puede atribuir el sentido de testimonio y mucho de acto interesado. Si la razón aducida de no presentarse antes fue el miedo, ¿qué elemento nuevo cambió eso? A pesar de ser puntos tan subjetivos, el posible miedo y las posibles razones para que desapareciera solo explicarían por qué ahora podría dar ese testimonio, pero no el porqué tendría interés en hacerlo: no convence la afirmación de que al ver a Santofimio con los anteojos bajitos declarándose inocente se le revolvieron las vísceras.
 
En cambio, intereses ajenos al caso, como el trámite que ya estaba adelantando buscando calidad de testigo protegido ante Estados Unidos —que la liberaría de las angustias económicas que la asedian y la pone a distancia del rechazo social que hoy sufre—, o la promoción de un eventual libro de 'confidencias' que podría tener igual o más éxito que el de Popeye, parecen motivos evidentes para 'construir' un testimonio en este momento. En todo caso no valorizan, sino que ponen en duda la 'pureza' de las declaraciones y explica que se hubiera organizado en tal forma que se evitara el riesgo de un contrainterrogatorio en caso de que se presentara como testigo.

Por algo a lo que menos importancia se ha dado es a estudiar y evaluar el contenido y la motivación de esas declaraciones. Detrás de ellas se revela más el montaje tras un linchamiento que la prueba de culpabilidad que requiere la acusación.
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