Opinión

  • | 1998/07/21 00:00

    El interés del país

    No hay nada con mayor capacidad de daño económico inmediato y prolongado que el disparo de las tasas de interés.

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Sí, señor. El problema del déficit fiscal es gravísimo. También es grave el de la balanza de pagos. Y ni hablar del desempleo. Y así podría seguir enumerando las calamidades que heredará el próximo gobierno, como seguramente lo hará el ministro Juan Camilo Restrepo dentro de unas semanas. Pero si yo tuviera que escoger el problema con la mayor capacidad de daño inmediato y prolongado no vacilaría en señalar las tasas de interés.



En las últimas semanas la tasa de CDT ha estado más de 20 puntos sobre la inflación sin alimentos. A su vez, las tasas efectivas de crédito empresarial se han situado entre 35 y 40 puntos por encima de la inflación básica porque las entidades financieras han tenido que "fondearse" no sólo con CDT a tasas entre 36 y 44% sino en el mercado interbancario a tasas que han bordeado los límites de la usura.



No hay nada con mayor capacidad de daño que esas tasas de interés. Las encuestas industriales más recientes ya sugieren el final de la recuperación y habría que ser bobo o Ministro del actual gobierno para pensar que, con esas tasas, no hay peligro de una recesión de verdad verdad. Además los problemas de los deudores van a volverse inmanejables porque, incluso si parte de los intereses se capitalizan como ocurre en la mayoría de los créditos de vivienda, la deuda está creciendo a un ritmo que no guarda proporción con los ingresos. Ni ­para desgracia de los prestamistas­ con el valor de las garantías de los créditos. Los intereses de los préstamos están ya 30 ó 40 puntos por arriba de la valoración anual de los inmuebles hipotecados, y esa brecha seguirá ampliándose por la depresión de la propiedad raíz.



Una cosa es reconocer la tradicional solidez de la banca colombiana y otra muy distinta engañarse pensando que es invulnerable y aguanta todas las barrabasadas de la política macroeconómica. La combinación de recesión, desempleo, pérdida del valor real de las garantías de los créditos y tasas de interés por las nubes es el mejor caldo de cultivo para una crisis financiera.



Por eso hablo de daño "prolongado". Si nos tiramos el sector financiero colombiano, los esfuerzos que se hagan en otros frentes para corregir el déficit fiscal y para restablecer la confianza en el país fracasarán y la economía se enredará por largo rato.



No comparto la opinión de que las tasas de interés se mantendrán a los actuales niveles, e incluso aumentarán. Creo que, aun si el gobierno y el Banco de la República no hacen nada, la recesión y la reducción de la inflación harán bajar la DTF, que hoy está en 37%, a un rango de 34-35%. Pero ­claro­ eso no sirve de nada. No será mucho consuelo que la economía se quiebre con tasas pasivas del 15% real y no con tasas del 17%.



Ahora bien, el disparo de las tasas de interés a partir de junio solamente puede explicarse por una sequía monetaria creada por el Banco de la República para defender la banda cambiaria. En el último envión de la DTF, el gobierno sólo jugó un papel de chivo expiatorio pues desde el 27 de mayo no coloca un peso en bonos de deuda pública. Cierto que lo ha intentado tres o cuatro veces, pero en cada ocasión ha salido corriendo por las tasas de interés que quieren clavarle.



En cambio, el 26 de junio los medios de pago mostraban un aumento anual de 2,2%, 18 puntos por debajo de la inflación y con seguridad una de las menores tasas de crecimiento del mundo.



En medio de una sequía monetaria es imposible bajar las tasas de interés no importa cuánto se haga en el frente fiscal. En cambio, los esfuerzos de ordenamiento fiscal mediante recortes al gasto corren el riesgo de fracasar si las tasas de interés no bajan rápido. Ni un mago podría reducir el déficit fiscal en medio de una recesión y grandes costos de intereses de la deuda pública. Y mucho menos sin subir impuestos.



Pero no se trata de recomendar una política monetaria laxa. La junta del banco central trazó desde enero un corredor para la "base monetaria" en 1998 y debería proveer la liquidez necesaria para llegar al menos al punto medio de ese corredor, en lugar de situarse muy por debajo del piso como ha venido ocurriendo desde hace dos meses. El Banco de la República sabe de sobra que la política sugerida no pondría en peligro la política de estabilización, y mucho menos ahora que estamos entrando en una nueva recesión.



No. El estrangulamiento monetario no tiene nada que ver con fines estabilizadores. Sencillamente, hay una política de represión de un precio real, el del dólar, a la que desgraciadamente el banco central ha querido asociar su "credibilidad".



Hoy hay un exceso de demanda de dólares en el mercado corriente, del orden de US$5.500 millones por año, y toda la política está orientada a atraer capitales para financiar ese déficit. La pieza clave de esa política es mantener tasas de interés a niveles como los actuales.



No tengo espacio para entrar en una discusión conceptual de todo el complejo asunto sobre los pros y contras de evitar que el dólar suba pero, frente a la insistencia de que es preferible quebrar la economía a punta de tasas de interés que permitir que el dólar suba, ¿se imaginan cómo los mismos analistas mundiales que les recomiendan esas políticas a países subdesarrollados, las ridiculizarían si se llegaran a proponer a Japón, país que no ha tenido agüeros en permitir que el yen caiga más de 60% frente al dólar en los últimos tres años?



O, para un ejemplo más cercano, ¿se imaginan lo que le hubiera ocurrido a Colombia si en 1985, en medio del gran déficit corriente y el endurecimiento del mercado internacional de capitales por la crisis latinoamericana, Roberto Junguito, el entonces ministro de Hacienda, en lugar de haber devaluado más del 50% hubiera disparado las tasas de interés a la estratosfera para tratar de evitar que el dólar alcanzara un nivel de equilibrio?



Pues eso es exactamente lo que va a ocurrirnos si el Banco de la República no corrige pronto su rumbo.
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