Connie Cárdenas de Santamaría

| 5/16/2003 12:00:00 AM

El instinto materno

La incondicionalidad de las madres hace pensar en el instinto, pero no lo es.

por Connie Cárdenas de Santamaría

Si algo constaté cuando tuve a mi hija es que el instinto materno no existe. Instinto se define como aquella "conducta no aprendida, que se presenta siempre igual, dirigida a un objetivo y que es específica de la especie". Basta observar a las mujeres para ver las diferencias entre nosotras, en todo sentido, tanto cuando quedamos embarazadas, como cuando tenemos el hijo o hija. Nada más exigente en términos de aprendizaje, reflexión, revisión, que la maternidad. En todas las dimensiones y en las diferentes etapas de la vida de nuestros hijos, tenemos que estar replanteando lo que hacemos, buscando opciones, encontrando alternativas. Luego, de instinto, poco.

Esto no quiere decir que las mujeres como madres no tengamos muchas cosas en común y que las relaciones con nuestros hijos no tengan características semejantes. A veces, querríamos que fuera instintivo porque quizá sería más fácil, no requeriría tanto esfuerzo y se evitarían las dudas y las equivocaciones.

En alguno de mis cursos, al revisar con mis estudiantes las relaciones con las madres, para rescatar su particularidad, les pedí que hicieran asociación libre al pensar en su madre y, en orden de presentación, dijeron: incondicional, leal, confianza, amistad, afecto, entrega, cercanía, culpa, obediencia, cariño, comprensión, paciencia, apoyo, dependencia, intransigencia, tolerancia, autoridad.

Muchas de estas características son comunes a otras relaciones. Pero tal vez la primera y más mencionada, y que me atrevo a distinguir como específica de esta relación, es la incondicionalidad, ese amor sin exigencias, con una entrega especial, a cualquier hora, y a cualquier costo, sin esperar nada a cambio. Tal vez nadie más tiene esa relación con uno. Incluso la pareja, aun cuando la relación sea excelente, puede estar mediada por condiciones. Pero la madre sí es incondicional.

La confianza es otra característica especial de las relaciones con la madre. "A la mamá uno le cuenta todo, no le da ni pena ni miedo. Uno sabe que es leal con las cosas de uno, que no se las va a contar a nadie más", me decían las amigas de mi hija.

Pero para dar confianza, hay que tenerla: en uno mismo y en el hijo o hija. Y esta tiene su base en cómo fueron las relaciones con los propios padres. Si uno aprendió solo por el ejercicio de la autoridad, si los valores fueron impuestos, si se nos exigió obediencia ciega, sin "derecho a pataleo" ni diálogo, es probable que repitamos el esquema, y no solo con nuestros hijos, generando resistencia, desconfianza y minusvalía.

De aquí la importancia de la relación madre - hijos. Si como madres, en cualquiera que sea la edad o etapa de nuestros hijos, estamos dispuestas a revisar nuestras normas y a cambiar nuestras ideas fijas y nuestros cómodos esquemas mentales y de conducta, podemos desarrollar y mantener la comunicación, el respeto y la flexibilidad que esta y todas las demás relaciones requieren.

Una característica que es casi "instintiva" a las mujeres y que se desarrolla sobre todo en la relación con los hijos e hijas es el sexto sentido: esa comunicación especial y única que nos lleva a las madres a saber que algo anda mal, o que todo está bien. No abandonemos esa intuición -que en cierta forma nos caracteriza- en nombre del conocimiento o la formalidad que nos exige hoy nuestro trabajo. La maternidad, como todas las relaciones, se desarrolla con la práctica y es una oportunidad de crecimiento permanente. Por eso, no es instintiva.

Feliz Día de la Madre en su día que deben ser todos los días.
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