Opinión

  • | 2010/06/25 00:00

    El gran desastre, es mejor prevenir que curar

    El desastre del Golfo de México por la explosión y hundimiento de una plataforma petrolera que ha vertido millones de barriles de crudo, plantea una nueva dimensión sobre lo que deben ser los sistemas de seguridad y las exigencias regulatorias en la explotación de hidrocarburos fuera de costa. Colombia no pude ser la excepción.

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Es el día 59 desde el momento en que la plataforma Horizonte de Aguas Profundas para la extracción de petróleo en el Golfo de México explotó y se hundió, dando así inicio al mayor desastre ambiental en la historia de los Estados Unidos. Luego de varias semanas de sucedido el hecho, aún no hay solución y se empieza a saber que los datos suministrados inicialmente por la British Petroleum (BP) sobre el crudo derramado no han sido correctos. Inicialmente se informó que la fuga llegaba a 5.000 barriles diarios, luego se dijo que eran 19.000 y ahora se sabe que son cerca de 60.000. A hoy, la cifra total del derrame alcanza los 3,5 millones de barriles. También se ha sabido que la BP no hizo las inversiones requeridas para evitar todos los riesgos que implica este tipo de operación, tal como lo habían solicitado en varias oportunidades sus asesores y cuerpos técnicos, privilegiando las ganancias por encima de la seguridad. Por su parte, el gobierno también sale mal parado ante la debilidad de sus regulaciones y controles.

Esto le ha quitado total credibilidad a la empresa y ha enfurecido a los americanos y al mismo presidente Obama, quien por primera vez enfrenta un problema que pareciera estar por fuera de su control político; un problema dentro del territorio americano que afecta a millones de nacionales al cual, 59 días después de iniciado, no se le encuentra solución. Es tal su dimensión que el presidente ha tenido que cambiar su agenda y suspender los viajes internacionales para atender de manera prioritaria el asunto personalmente. La presión en este momento está sobre el Presidente directamente y ya no hay fusible que lo proteja.

Semejante lío ha caído como anillo al dedo a los republicanos de cara a las elecciones para Congreso a finales del año. Todo presagia una derrota demócrata, algo que no estaba en la agenda 59 días atrás. Todos los noticieros y medios impresos, incluyendo las portadas de Time, Newsweek, The Economist y los editoriales del New York Times y el Financial Times tratan sistemáticamente el tema. CNN ha decidido desplazar a uno de sus principales reporteros a la zona del desastre y cada hora presenta un reporte. Las imágenes son devastadoras, cientos de aves, peces y tortugas envueltas en petróleo. Las playas de cinco estados costeros empiezan a verse contaminadas por el crudo. Por su parte, los debates políticos en el Congreso americano no se han quedado atrás y piden cuentas a la administración por no contar con regulaciones y controles adecuados para evitar este tipo de tragedias y no tomar acciones para que la empresa detenga el derrame. De manera agresiva varios congresistas piden la renuncia del presidente de la BP. El debate político aumenta cada día que pasa y se convierte en una bola de nieve que incluso empieza a generar fricciones entre los gobiernos del Reino Unido y el americano.

Para contrarrestar las crecientes críticas, Obama ha hecho su primera alocución desde la Oficina Oval a la nación con el fin de calmar los ánimos. En ella expresó que la tragedia ha puesto a prueba el conocimiento tecnológico de la humanidad para enfrentar este tipo de situaciones y ha ordenado una moratoria de seis meses a todo tipo de actividades petroleras en el Golfo. Además, ha hecho énfasis en la necesidad de una nueva política energética basada en energías limpias sustitutivas de los hidrocarburos, algo que pareciera extemporáneo en los actuales momentos hasta tanto no se solucione el problema. También ha dicho que su compromiso es hacer pagar a la BP por los daños ocasionados, algo que se concretó al día siguiente en su reunión con los más altos ejecutivos de esa empresa en la Casa Blanca, quienes también tuvieron que enfrentar las críticas y cuestionamientos en el Senado.

Por primera vez desde que se inició el derrame y luego de varios días de negociación con el gobierno, las directivas de la empresa han puesto la cara. El presidente de la Junta Directiva, luego de acceder a la creación de un fondo de US$20.000 millones para reparar los daños ambientales y compensar a los afectados, además de anunciar la suspensión de dividendos a sus accionistas, estimados en otros US$7.500 millones, ha pedido perdón por los daños ocasionados al pueblo americano. La afectación económica para la empresa y sus accionistas es inmensa. En menos de dos meses el valor de sus acciones ha caído en cerca de 50%, algo así como US$80.000 millones. Esto sin que aún haya sido posible cuantificar el costo del daño a las pesquerías, los ecosistemas, el turismo y otras actividades económicas, producido por los millones de barriles derramados hasta el momento. Costos que, sin duda, aumentarán en la medida en que el derrame no sea detenido en su totalidad. Se estima que el total de las indemnizaciones podría alcanzar los US$40.000 millones.

Para muchos, la intervención del presidente Obama ha sido tardía y está llena de promesas sin que se concrete en hechos reales y verificables. Su discurso parece no haber cumplido con su objetivo. La mayoría de los americanos no están satisfechos con el desempeño del presidente y la forma en que ha manejado la crisis. El tiempo juega en su contra.

Ante la incertidumbre, todo el mundo se pregunta cuáles son los planes en caso del peor escenario. Nadie sabe cómo se va a solucionar el problema ni cuándo va a terminar la pesadilla, todos los intentos de la BP para cerrar la fuga han sido parciales o nulos y se estima que una solución definitiva va a tomar por lo menos dos a tres meses. A nivel gubernamental, son cerca de 15 agencias las que intervienen sin ningún tipo de coordinación hasta el momento y no se sabe quién está a cargo del tema. El desastre es un caos en el país más poderoso del mundo.

La pregunta que uno se hace es qué tan preparado está nuestro país para eventos de este tipo en momentos en que se empiezan a entregar concesiones para la exploración de hidrocarburos en la plataforma submarina en nuestros dos océanos. A la fecha, son 16 contratos en ejecución adjudicados a varias compañías, entre ellas la BP, y este año se adjudicarán varios más. Si bien las expectativas de yacimientos en las costas colombianas están asociadas al gas, nada quita que también se puedan localizar yacimientos petrolíferos. Si Colombia quiere ingresar en este campo, es necesario que se defina un marco regulatorio muy exigente para evitar cualquier tipo de riesgo. Hasta el momento no existen regulaciones para estos casos. Y Colombia no es los Estados Unidos, donde la presión política, ciudadana y de la prensa han hecho posible que la empresa asuma su responsabilidad y repare los daños.

El desastre del Golfo de México inexorablemente plantea una nueva dimensión a lo que deben ser los sistemas de seguridad y las exigencias regulatorias para la explotación de hidrocarburos fuera de costa. Colombia no pude ser la excepción y más vale prevenir que curar.

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