Opinión

  • | 2009/04/03 00:00

    El G20 no puede perder tiempo

    Es necesario poner en marcha un paquete concertado y ambicioso de apoyo fiscal, monetario y financiero en los países desarrollados.

COMPARTIR

Cuando esté en circulación esta edición de Dinero serán públicas las conclusiones de la reunión del G20 del 2 de abril en Londres, un evento crítico para el desenlace de la crisis mundial. Las veinte economías más importantes del mundo tienen necesidad de actuar de inmediato si quieren impedir que la economía mundial se hunda en una fase prolongada de estancamiento.

En 1933 tuvo lugar una reunión igualmente crucial. En medio de la Gran Depresión, las máximas autoridades económicas de 66 países buscaron coordinar esfuerzos para rescatar a la economía mundial del desánimo de los consumidores y los inversionistas, de la tragedia del proteccionismo comercial y del exceso de deudas de los gobiernos. El presidente Roosevelt torpedeó la reunión. Los demás discutieron durante un mes y no lograron mayores acuerdos. Como resultado, la crisis se prolongó durante varios años más, contribuyendo a los descontentos que dieron origen a la Segunda Guerra Mundial.

Dos factores fueron decisivos en el fracaso. No hubo suficiente liderazgo y era demasiado tarde para echar atrás casi cuatro años de errores individuales y colectivos desde el derrumbe de la bolsa de Nueva York en 1929.

El G20 todavía está a tiempo de impedir que algo semejante vuelva a ocurrir. Estados Unidos ha tratado de persuadir a Europa para que haya un compromiso colectivo de aumentar el gasto público, mantener abiertos todos los grifos de liquidez monetaria, inducir a los bancos a volver a dar crédito, y ampliar la capacidad de préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Es preciso actuar en forma efectiva y rápida. El tiempo es crucial por tres razones. Primero, hay que ganarle la carrera al desplome de precios de los activos reales y financieros, pues estos aumentan los riesgos de incumplimiento de las deudas de los consumidores y las empresas y erosionan los ingresos de los gobiernos, generando un círculo vicioso del que es difícil escapar.

Segundo, hay que actuar antes de que la confianza del sector empresarial se hunda más profundamente. Si los ánimos de inversión ya están decaídos, pueden llegar a colapsar totalmente una vez que crezca la enredadera odiosa del proteccionismo y los sistemas políticos pierdan la paciencia con el "viejo capitalismo", caracterizado por la libertad de mercados y la globalización comercial, financiera y de inversión.

Tercero, el capital político doméstico de Obama y su equipo económico para enfrentar la crisis puede desgastarse rápidamente. La cadena de rescates financieros se ha hecho interminable y difícil de explicar. El público ha reaccionado contra las bonificaciones millonarias pagadas a los ejecutivos de las entidades rescatadas. La adversidad política contra los banqueros está socavando las posibilidades de éxito de la última iniciativa, anunciada a fines de marzo, que depende crucialmente de la participación del sector privado para limpiar de activos tóxicos los balances de los bancos. También se dice que el paquete de estímulos fiscales contiene demasiados proyectos clientelistas y que el Tesoro está endeudándose en exceso. Si la situación económica no da muestras de estabilizarse rápidamente, estos factores erosionarán la credibilidad política del equipo económico.

No hay tiempo que perder. El G20 debe evitar distraerse con ideas valiosas, pero que no van a solucionar los problemas actuales, como el reemplazo del dólar por una moneda compuesta, según lo ha propuesto China, o como la creación de una entidad global de regulación financiera. Para eliminar la posibilidad de que la economía mundial quede atrapada en una recesión prolongada se requiere poner en marcha un paquete concertado y ambicioso de apoyo fiscal, monetario y financiero en los países desarrollados, y una ampliación sustancial de la capacidad de préstamo del Fondo Monetario Internacional y de la banca multilateral para los países en desarrollo.



Nota: El autor está vinculado al BID pero se expresa aquí a título estrictamente personal.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?