El futuro de las escuelas de gerencia

| 10/13/2000 12:00:00 AM

El futuro de las escuelas de gerencia

La clave está en la generación de conocimiento.

por Enrique Ogliastri

Una revista chilena, de cuyo nombre no quiero acordarme, publicó el mes pasado una evaluación de los programas de maestría en administración (MBA) de América Latina. Entre los 25 líderes solo aparece uno colombiano (los Andes) y siete chilenos (¿será pura coincidencia?). A pesar del uso caprichoso de sus propios criterios (por ejemplo, la clasificada 14 tiene mejores resultados que la 13), esta evaluación es estimulante. Me gustaría señalar las tendencias que mejorarán a las escuelas: los profesores de tiempo completo, que hayan hecho un PhD (doctorado), la acreditación y las alianzas internacionales.



¿Qué se debe evaluar?



El programa, la escuela, los profesores, o los estudiantes... También habría que definir la perspectiva: para los estudiantes, para quienes pagan su educación, para la escuela que quiere evaluar y mejorarse, para el sector productivo, para el sistema universitario... Cada una de estas perspectivas implica una evaluación distinta. No creo apropiada la idea generalizada de que los estudiantes son "clientes" de las escuelas. Por ejemplo, la revista Forbes en Estados Unidos evalúa solamente el dinero: cuánto ganaban los muchachos antes de empezar a estudiar, cuánto ganan después de la maestría, y con ese diferencial cuánto se demoran en pagar sus estudios. También el Financial Times usó este indicador a comienzos del año. La medida es bastante crasa y dice más de la cultura angloamericana que de las escuelas o de los programas.



¿Cuáles son los criterios para evaluar una escuela o un programa?



El primero de todos es la Misión de la escuela: ¿se trata de hacer programas masivos de educación popular? ¿Se trata de abrir caminos nuevos de excelencia que los otros puedan seguir después? No se puede evaluar a una escuela con criterios totalmente externos a su medio y a su propósito esencial. Por ello, lo primero que se define es la Misión de cada universidad o programa, lo que quiere hacer. Pero también hay criterios más universales: de todos los recursos de una escuela los más importantes son sus profesores. Lo fundamental es la evaluación de los profesores, de los estándares de excelencia en la enseñanza, en la investigación y en la producción intelectual.



La primera tendencia, hacia profesores con tiempo completo, trata de conseguir mejor atención al estudiante y de que se produzcan conocimientos, para lo cual el profesor necesita tiempo para investigar y escribir. Aunque este esquema ha sido exitoso a largo plazo, resulta más costoso que los profesores por horas. Para mejorar sus evaluaciones, algunas escuelas llaman "de tiempo completo" a profesores que no lo son de hecho, e incluyen a decanos y funcionarios administrativos. Tampoco lo es el heroico profesor universitario que enseña ocho horas diarias en tres universidades distintas, quien no tiene tiempo de estar al día ni de investigar o escribir. Por ello, debe medirse la producción intelectual de las escuelas: textos, investigaciones, publicaciones. Esto es lo que justifica la existencia del profesor con tiempo completo.



La tendencia hacia profesores con doctorado (PhD) va orientada a la profundidad y a la capacidad de producir conocimientos propios, lo que también redunda en mejor educación. El doctorado se hace después del grado profesional universitario y de la maestría, y toma varios años durante los cuales se trabaja con rigurosidad en teorías y metodologías de investigación. Los que han hecho una maestría profesional (MBA orientado a la acción, no a la academia) no han recibido suficiente capacitación en investigación, y es equivocado pedirles ese cometido. Infortunadamente, también hay programas doctorales muy deficientes. En últimas, la pregunta tiene que ver con el aprendizaje de los estudiantes y con el volumen y la calidad de la producción académica.



La certificación internacional es tan importante como el ISO de las empresas. Se necesitan estándares que garanticen los programas y diplomas para los estudiantes y la comunidad. Primero, es necesario distinguir entre programas académicos y programas de extensión o educación continuada; es necesario desestimular escuelas que alegremente bauticen "programa MBA" a cualquier contenido y dedicación. Una escuela argentina tiene un MBA de tiempo completo en 8 meses, cuando los estándares internacionales tradicionales han sido de programas de dos años (18 intensos meses a tiempo completo).



Los programas interinstitucionales son a la vez una oportunidad para enriquecedores intercambios de estudiantes y profesores, y una medida (benchmarking) de la talla internacional de la escuela. Pero el apoyo extranjero no quiere decir que nuestras escuelas hagan propios esos profesores (menos aún cuando el programa es por teleconferencia) ni las certificaciones internacionales del asociado. En estas alianzas estratégicas, las universidades extranjeras ponen la técnica y las locales la administración y el conocimiento del mercado; se trata de aprender del otro, y después de tres programas cualquiera de los dos podría dejar al otro y hacerlo solo.



En síntesis, el futuro está en la investigación y en la generación de estándares internacionales de calidad educativa que, ligados a rigurosidad y seriedad, puedan dar mayor transparencia tanto al estudiante como a los sistemas universitario y productivo.
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