Opinión

  • | 1999/10/08 00:00

    El futuro del sector financiero

    Las instituciones financieras colombianas no podrán continuar con las habilidades del pasado.

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Colombia viene experimentando un proceso de recesión que ha afectado de manera significativa al sector financiero. La desaceleración de la economía trajo consigo un incremento en los créditos vencidos del sistema, hecho que amenazó con la descapitalización de algunas instituciones financieras. Al mismo tiempo, el deterioro general del mercado de bienes raíces ocasionó la disminución en el valor de las garantías otorgadas como colaterales de los préstamos vigentes. Por último, el sistema comienza a enfrentar un ambiente de reducción de tasas que probablemente llevará a la contracción de los márgenes financieros y a aumentar la presión sobre la necesidad de lograr mejoras operativas que incrementen los niveles de eficiencia.

Luis Fernando Andrade



Algunas instituciones, las más débiles, no lograron sobrevivir en este entorno. Muchas otras, con frecuencia con el apoyo de Fogafin, han entrado en procesos de reestructuración y capitalización para fortalecer sus balances. En todos los casos, las administraciones de las instituciones están haciendo grandes esfuerzos para mejorar el desempeño a corto plazo dada la difícil situación que enfrentan.



Un nuevo mercado



En estos momentos, sin embargo, no debe perderse el foco del largo plazo por la urgencia de resolver los problemas inmediatos. En el futuro, el sector financiero se verá obligado a enfrentar las condiciones de un mercado más sofisticado y más competido.



En primer lugar, la base de clientes será más exigente en relación con la confiabilidad y estabilidad de las instituciones en las que deposita su dinero.



En segundo lugar, habrá una mayor exigencia en relación con la sofisticación de los productos ofrecidos y los canales por los cuales se distribuyen. Claramente, el desarrollo de internet va a abrir muchas alternativas en este sentido.



Tercero, el desarrollo del mercado de capitales va a abrir posibilidades de titularización y fondeo que cambiarán la naturaleza de negocios como la financiación de viviendas y vehículos.



Finalmente, como ya se mencionó, los menores márgenes de intermediación van a exigir mayores niveles de eficiencia.



Por esta razón, las instituciones financieras colombianas no podrán continuar basando su operación en las habilidades que poseían en el pasado. Dados los cambios que se avecinan, la "vara" de exigencias en desempeño subirá a niveles sin precedentes. Para tener éxito, estas instituciones tendrán que mejorar significativamente sus procesos de negocios en los próximos años y, en muchos casos, reconstruirse de forma importante. Esto será particularmente cierto para las instituciones controladas por el Estado, cuyos niveles de desempeño han estado muy por debajo de sus contrapartes privadas.



En la nueva etapa del sistema financiero, la inversión extranjera será una vía rápida para obtener capital y know how.



Lo que viene



Por lo menos tres aspectos serán importantes en el proceso de reconstrucción. Como prerrequisito para asegurar la confianza de los clientes, tendrán que mejorar principalmente los indicadores de solvencia y las estructuras de costos. Para muchas instituciones, esto puede significar fusiones o alianzas con otras instituciones no solo para generar sinergias, sino también para atraer nuevos capitales.



Un segundo aspecto de la reconstrucción tiene que ver con el posicionamiento estratégico en el mercado. Acostumbrados a ofrecer toda la gama de productos con poca especialización por segmentos, los bancos tendrán que reorientar y especializar más sus canales y productos. Las instituciones de menor tamaño tendrán que ser mucho más hábiles en identificar nichos y servirlos de una forma más especializada para competir en un ambiente cada vez más consolidado. La capacidad de innovación y de absorción de nuevos esquemas y tecnologías serán claves en estos procesos.



Por último, las instituciones financieras deberán adquirir habilidades de calidad mundial en sus áreas más críticas, como gerencia de riesgos y tecnología. En particular, los procesos de gerencia de riesgos deben ser revisados. La actual crisis crediticia no fue solo consecuencia del entorno adverso. En general, muchas instituciones no habían desarrollado adecuadamente sus habilidades de crédito y cobranza. Esto se puede ver en la gran dispersión en el tamaño del problema crediticio institución por institución. Aunque todas han sido afectadas, unas lo han sido mucho más que otras.



Hay instituciones en países como Brasil, donde se han vivido crisis económicas con más frecuencia y severidad, que han desarrollado habilidades de crédito y cobranza que les permiten tener éxito independientemente del estado general de la economía. Nuestras instituciones deben prepararse para que la próxima recesión en 5 ó 7 años no cause los estragos que está causando la actual.



Por estas razones, actualmente hay una gran oportunidad para invitar a inversionistas extranjeros a participar en el capital de las instituciones financieras nacionales. Las instituciones extranjeras no solo podrían contribuir con capital adicional, sino también transferir conocimientos y tecnologías que podrían acelerar el proceso de transformación requerido. Claramente, esto no vendrá sin obstáculos. El mal desempeño reciente y la difícil situación económica del país probablemente les generarán valoraciones muy por debajo de lo que los accionistas nacionales esperan de sus entidades. Para superar este obstáculo, tendrán que estructurar operaciones más flexibles y creativas, tal vez incluyendo negociaciones con pagos diferidos y mecanismos de ajuste del precio que se basen en metas de desempeño.



En resumen, por resolver lo urgente no debe olvidarse lo importante. Es crítico asegurar los logros en el corto plazo. Sin embargo, si el sector financiero no inicia los procesos de transformación ahora con miras en el mediano plazo, no podrá capturar los beneficios de la recuperación económica en los próximos años. Hay que aprovechar la actual ventana de oportunidad para arrancar. Es en momentos de crisis cuando las organizaciones están más abiertas a hacer grandes cambios.
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