Opinión

  • | 1999/09/24 00:00

    El fracaso de Rusia

    La antigua Unión Soviética no ha recibido de Occidente el apoyo que sí han disfrutado otros países de Europa Oriental.

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Rusia continúa causando estupor y asombro. Diez años después de la caída del muro de Berlín y casi ocho años desde el fin de la Unión Soviética, Rusia ha fracasado a la hora de encontrar su camino en el mundo. La economía se ha desplomado, con muy pocas señales de recuperación. La corrupción está por todas partes. El sistema político se mueve de crisis en crisis sin ninguna conexión aparente entre los líderes políticos y la sociedad rusa. El presidente Boris Yeltsin está enfermo y es errático. No hay voces rusas confiables en el escenario mundial.



¿Qué se debe hacer? Un planteamiento sostiene que el problema recae en la estrategia de reforma económica que Rusia adoptó después de 1991. Algunas personas afirman que Rusia se reformó "demasiado rápido" y que ha debido adoptar una estrategia de reforma gradualista, algo así como la llevada a cabo por China. Otras sostienen que Rusia puso la privatización por delante de reformas institucionales, tales como el establecimiento de un sistema judicial. De acuerdo con esta posición, la clave para la estabilización de Rusia y su eventual crecimiento económico recae en revitalizar el control del Estado sobre algunos aspectos de la vida económica.



En mi opinión, es un grave error culpar de los problemas de Rusia a la "rapidez" de sus reformas económicas, en especial porque las verdaderas reformas fueron muy pocas. Yo fui asesor económico de Polonia (1989-91), Estonia (1992), Eslovenia (1991-92) y Rusia (1992-93) y observé muy de cerca todos estos países (y a muchos otros). Ofrecí consejos generales similares en estos países. Estonia, Polonia y Eslovenia han prosperado; Rusia no lo ha hecho. La causa de estas diferencias no recae en una "velocidad" excesiva de las reformas rusas, pero sí en su geografía, condiciones estructurales y obviamente en la política.



Rusia falló al hacer las reformas y ha descendido más y más en la corrupción y la decadencia.





La geografía es crítica, aun cuando es comúnmente descuidada por los comentaristas. Los países más cercanos a los mercados de Europa Occidental (Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia y los Estados Bálticos) han tenido una más fácil transición hacia el capitalismo que las economías más distantes de la antigua Unión Soviética. Cuando una empresa de Europa Occidental (Volkswagen, por ejemplo) decide comprar autopartes de una firma de Europa del Este, muy seguramente se dirigirá primero a un país vecino (por ejemplo, Polonia), en lugar de hacerlo a Ucrania o Rusia. Por tanto, los países más cercanos de Europa Occidental han recibido los mayores flujos de inversión extranjera desde Europa Occidental y han sido capaces de expandir sus exportaciones hacia la Comunidad Europea. La inversión extranjera y las exportaciones se han convertido en los dos principales motores de recuperación económica en países como Polonia, Eslovenia y Estonia.



Las condiciones estructurales de Rusia también han sido importantes. Por supuesto, Rusia tradicionalmente ha dependido de sus exportaciones de petróleo y gas; pero el valor de esas exportaciones se desplomó en los años 90. La producción de petróleo en Rusia ha caído fuertemente y los precios mundiales de energía también han sido bajos desde 1986.



Más aún, antes de 1989, la Unión Soviética podía vender sus tecnologías pasadas de moda a los países comunistas de Europa del Este. Tan pronto como el poder soviético en Europa del Este se derrumbó en 1989, estos países pudieron cambiarse a las superiores tecnologías occidentales en computadores, telecomunicaciones, transporte, farmacéutica y muchas otras áreas. Las inversiones rusas en tecnología fueron barridas muy rápidamente, lo cual causó una mayor pérdida de ingresos.



Las condiciones estructurales rusas también impidieron las reformas gradualistas, al estilo chino, de las empresas del Estado. China, después de todo, era una sociedad campesina en 1978 cuando inició sus propias reformas de mercado: 70% de la población china vivía en áreas rurales; solo 18% trabajaba en empresas del Estado. Por tanto, China podía ser gradual frente a los problemas en las empresas del Estado, debido a que el sector no estatal era muy grande (de paso, China no ha resuelto aún los problemas de sus empresas estatales generadoras de pérdidas).



En contraste, en Rusia hacia 1992, más del 90% de la población trabajaba en empresas del Estado. Rusia y los otros países de la región, incluyendo Polonia, tuvieron que actuar de manera mucho más decisiva con la reforma de empresas estatales y la privatización. No podían confiar en el enfoque chino.



La política es la tercera y más crucial dimensión que explica los fracasos rusos. La Unión Soviética había construido un sistema de política corrupto e inmoral que ha continuado hasta estos días. Los miembros de la vieja nomenklatura soviética se convirtieron en los nuevos gerentes políticos de Rusia. La Unión Soviética había reprimido o destruido todo vestigio de la sociedad civil --asociaciones profesionales, grupos religiosos, sociedades de caridad, medios independientes--, el tipo de organizaciones sociales que normalmente ayudarían a limitar la expansión de la corrupción gubernamental. En contraste, Polonia tenía grupos cívicos fuertes, incluyendo la iglesia, las sociedades campesinas y el sindicato Solidaridad. Por tanto, en Polonia, la corrupción se había y se ha mantenido bajo control, mientras que en Rusia esta es penetrante y profundamente dañina para la sociedad.



Hay también una dimensión internacional en la crisis política rusa. Los gobiernos occidentales estaban mucho más preparados para ayudar a Polonia que para ayudar a Rusia. Polonia, por ejemplo, recibió una cancelación parcial de sus deudas; Rusia, no. Polonia recibió ayuda temprana de Occidente para estabilizar su moneda; Rusia, no. En general, Occidente nunca se esforzó mucho por ayudar a Rusia. Esto pudo haber sido una consideración estratégica o, simplemente, una decisión tomada por ignorancia. En todo caso, podemos afirmar con seguridad que la carencia de ayuda apropiada de Occidente ha agravado profundamente las posibilidades de recuperación económica para Rusia.



Finalmente, Polonia (y otros países en Europa Central y Occidental) llevaron a cabo reformas honesta y efectivamente. Tales países se aprovecharon de su geografía favorable para atraer inversiones a gran escala desde Europa Occidental. Polonia y muchos otros recibieron ayuda oportuna de Occidente. En contraste, Rusia falló al hacer reformas y ha descendido más y más en la corrupción y la decadencia.



La situación en Rusia permanece inestable y por tanto peligrosa. Unicamente el liderazgo nuevo, honesto y democrático en Rusia, combinado con un verdadero compromiso por parte de Occidente de ayudar a este país, puede ayudar a corregir esta peligrosa situación.
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