Opinión

  • | 2009/03/20 00:00

    El fin o el comienzo de una era

    Nos encontramos en la etapa de fusionar los valores e intereses, que habían sido abandonados, con los que hasta ahora habían logrado imponerse.

COMPARTIR

Me llamó la atención un amigo sobre lo significativo que podía ser que todas las cadenas internacionales de información, y especialmente todos los noticieros de televisión producto y símbolo del capitalismo (CNN, BBC, FOX, Bloomberg), se concentraran en lo que pasaba en el Congreso del Partido Comunista Chino.

En efecto, hace 20 años ni siquiera mencionaban que este se reunía, mucho menos aún estaban pendientes y pasando en directo el momento en que tomaban las decisiones.

Esto supuestamente marca el comienzo de una nueva era, traída en parte por el desarrollo económico y la ubicación en la economía mundial de ese país, y en parte por la llegada a la presidencia americana de Obama.

Puede haber sin embargo una interpretación diferente, en el sentido de que no es el comienzo de una nueva etapa sino la continuación o el desarrollo de un proceso que viene de tiempo atrás.

La caída del muro de Berlín y lo que se ha llamado el fin de la alternativa del modelo socialista marcaron el triunfo del capitalismo como modelo económico y de las democracias como opción política. Pero, al desaparecer lo que era esa contraparte, perdió importancia la confrontación con ella y comenzaron a desarrollarse los conflictos o contradicciones internas.

Esto sucede inicialmente como un paso eventual que es seguido por algún tipo de procesos dialécticos que producen generalmente avances, como se dio en el tema de los derechos humanos. Mientras durante la guerra fría estos eran identificados por las potencias occidentales como los derechos civiles y políticos (libertad de expresión, de opinión, de asociación, etc.), el bloque socialista hacía énfasis en que los derechos económicos y sociales (educación, salud, empleo, etc.) por tener más relevancia justificaban restricciones a los anteriores. Hoy, una vez resuelta la competencia entre ambos modelos, se considera que son de igual jerarquía y que son un tema integral, asumiendo incluso más interés los segundos por el mismo éxito que acompañó a quien defendía los primeros: en el ámbito de los derechos humanos la competencia y la libertad de mercado asumen como necesidad implícita la existencia de esos derechos civiles y políticos, y por eso la atención se dirige a cómo se pueden atender los otros derechos.

Pero lo que aquí se señala es que, sin contrapeso o propuesta alterna, el neoliberalismo con todas sus premisas de libre competencia, globalización, flexibilización laboral, reducción de la intervención del Estado, etc. se desarrolló sin restricciones, produciendo los resultados que debía producir; esto es, la crisis que hoy se presenta en sus diferentes aspectos (medio ambiente, social, política, económica).

El reconocimiento de las fallas de este, que se había implantado como modelo de desarrollo de la humanidad, ha llevado a que esté hoy siendo reconsiderado, ya no solo en foros 'alternativos' como el 'Foro Social', sino también en reductos tan representativos de las doctrinas imperantes como el Foro de Davos.

En nuestro continente ya no solo los líderes 'de izquierda' parten de premisas diferentes y buscan objetivos diferentes, sino el mismo vocero del gran imperio habla en términos de nuevas visiones y nuevas relaciones (el caso de Uribe es hoy la excepción y no la regla).

No estamos ante una ruptura, sino ante la continuidad de un proceso.

El cambio no nace porque subió Obama al poder; no es él la locomotora que arrastrara el tren de la historia, sino es el momento en que Estados Unidos se amarra como vagón de cola a una evolución que de tiempo atrás se venía consolidando.

La propuesta china de trabajar conjuntamente con Taiwán para superar la crisis sin involucrar el tema de la soberanía no es una jugada política; es la simple adaptación a los tiempos, dejando en segundo plano las controversias o confrontaciones que son residuos de situaciones anteriores pero que ante la realidad presente pierden actualidad o sentido.

Algo similar representa el reemplazo de Fidel por Raúl en Cuba. Después de cincuenta años de haber vivido con y del enfrentamiento con los Estados Unidos, y de haber aguantado durante 12 periodos presidenciales todo el poder que eso representaba (desde intentos de asesinatos de la CIA, pasando por el apoyo a invasiones como la de Bahía Cochinos, hasta el indefendible y hoy incomprensible embargo) es un simple aggiornamento reconocer que los tiempos han cambiado y que un relevo puede ser oportuno para manejar la nueva situación.

Pero todo lo anterior, la aparición de líderes 'izquierdistas' en América Latina', el reconocimiento de la catástrofe ambiental que se avecina sobre la tierra, las protestas en las cumbres capitalistas mundiales (Seattle, Rio, Davos) la crisis del sistema económico a nivel global, la nueva actitud de quienes representaban el desafío al modelo capitalista, todo esto venía gestándose y sucedió antes y como antecedente a la elección de Obama.

Nos encontramos en la etapa, no de iniciar un nuevo mundo, sino de fusionar los valores e intereses que habían sido abandonados (y las teorías que los sustentaban) con los que hasta ahora habían logrado imponerse.

Sin negar que también quienes defendían las alternativas al capitalismo hoy buscan modos de adaptarse a él, lo que es más paradójico es que ahora lo que trata la humanidad es de poner al servicio de los objetivos de quien fue perdedor los instrumentos y las capacidades del ganador. La preocupación por los cambios climáticos, por el desempleo, por acabar la pobreza, por disminuir las desigualdades, por dar más importancia a la solidaridad que a la competencia, se tomó las agendas, tanto de cada uno de los países desarrollados como de los foros donde trabajan conjuntamente.

Y no solo en dimensiones sociales, políticas, o de relaciones económicas. También en campos como la lucha contra la droga hay ya bastante formado un consenso sobre la búsqueda de nuevos caminos y nuevas estrategias.

Sin entrar en la discusión sobre lo apropiado en el campo interno de las propuestas y modelos que se pretenden continuar en Colombia, sería cegarnos a una realidad el no tener en cuenta que nos estamos aislando del resto del planeta y de la evolución de la historia si no buscamos correcciones al rumbo que llevamos.

Discutir sobre las condiciones del momento y alrededor únicamente de lo que hoy se ve (en nuestro caso además solo de elecciones y de uno u otro nombre) es prescindir de las explicaciones que aportan la historia y los antecedentes; es decir, de lo que sí es real y no simple especulación o teoría.

Valdría la pena pensar y debatir no solo sobre quién se aliará con quién o qué posibilidades tiene cada uno de los candidatos, sino sobre en qué momento estamos situados en relación al proceso histórico que vivimos y cuál es nuestra ubicación en el contexto mundial. Es más: es en función de eso que deberíamos tomar nuestras decisiones, y no de una polarización que impide tener en cuenta esas dimensiones.

Es sorprendente que ante una lluvia de aspirantes a la primera magistratura y ante la inminencia de unos comicios en los que se decidirá un paso trascendental para el País, no se haga ni siquiera una referencia a estos temas, mucho menos un desarrollo analítico al respecto.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?