Opinión

  • | 2006/04/27 00:00

    El fin de la CAN

    Después de tantos errores estratégicos como se cometieron al descuidar los intereses legítimos de la CAN conviene, por lo menos, no engañarse sobre lo que viene.

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La bomba que acaba de estallar en la Comunidad Andina de Naciones, con el retiro de Venezuela, comenzó a armarse hace dos años cuando, para sorpresa del país, se supo que el gobierno de Álvaro Uribe había definido como prioridad entrar en un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en el que no participaría Venezuela. No voy a hablar aquí del TLC pero sería imperdonable no comentar lo que ocurrió en la CAN y cómo seguirán las cosas.

Los medios y los gobiernos de Colombia y Perú insisten en presentar el retiro de Venezuela de la CAN como una decisión política del presidente Chávez, motivada por su visceral posición antiestadounidense. Esa presentación es falaz y busca crear confusión sobre los aspectos centrales del problema y sus implicaciones. Con independencia de la posición política de Chávez a estas horas el retiro de Venezuela de la CAN es la única decisión racional que puede tomar nuestro vecino para reducir los costos netos que le infligirá el TLC. Por tanto, creo que no tiene reversa.

A estas horas, digo, porque hace un año nuestra negociación del TLC con Estados Unidos hubiera podido tener en cuenta lo necesario para evitar daños fatales a la relación con Venezuela. Y porque, hace unos meses, una negociación realista y deferente con nuestro principal y más rentable cliente para la mayoría de las exportaciones no tradicionales, quizás habría podido retenerlo. Pero ello no se hizo. Colombia, el vendedor del Grupo Andino, no solo no incorporó como prioridad en las negociaciones del TLC la defensa de sus intereses comerciales con Venezuela sino que, en lugar de tratar a su mejor cliente con la atención y cortesía que merecía, lo trató con una displicencia que enfurecería hasta al cliente más fastidioso.

El problema general es que el TLC con Estados Unidos, que contempla la liberación plena del comercio con ese país, así no sea inmediata para algunos productos, es incompatible con el esquema de la CAN donde cada uno de los socios aceptaba brindar a los demás importantes "márgenes de preferencia" en el comercio, buscando reciprocidad. Dicho de otra manera, en la CAN cada país aceptaba pagar costos no despreciables al importar desde otros países del Grupo Andino, en lugar de importar de fuentes alternativas más baratas. Obviamente, lo hacía para que esos socios también le otorgaran preferencias comerciales. Por ejemplo, Venezuela aceptaba importar desde Colombia automóviles con un arancel nulo, mientras le aplicaba a las importaciones del resto del mundo un arancel de 35%. Sería absurdo esperar que hiciera eso si Colombia no le brindara al menos una compensación parcial.

Pero en la negociación del TLC Colombia no buscó preservar, o al menos evitar una erosión demasiado rápida de los márgenes de preferencia otorgados a sus socios. Casi lo contrario: como se puso en evidencia en el caso de la soya de Bolivia, buscó liberarse del extracosto del margen de preferencia. Ello será todo lo egoísta que se quiera pero admisible si respondía a un cálculo de costos y beneficios que aceptaba que la entrega del margen concedido a un socio de la CAN induciría una reacción y obligaría a pagar un costo. Pero tendría que verse como un caso de patética miopía si ese costo simplemente se pasó por alto. Hay algo que empeora mucho las cosas con Venezuela. En el comercio de Colombia con ese país el extracosto que Venezuela venía aceptando pagar por importar desde su vecino con cero arancel, mientras aplicaba altos aranceles a las importaciones desde el resto del mundo, valía, según mis cálculos, unos US$350 millones, más de 2 veces y media el margen que le concedía Colombia a Venezuela. Ello era así porque Colombia le vendía a Venezuela el doble de lo que le compraba, y muchos de los bienes que le exportaba disfrutaban de extraordinarios márgenes de preferencia. Ahora, tras el TLC de Colombia con Estados Unidos, Venezuela ni siquiera obtendrá esa muy incompleta compensación. Chávez tendría que estar loco para aceptar un esquema tan desequilibrado.

No tengo espacio aquí sino para añadir que el efecto sobre el comercio colombo-venezolano del retiro de Venezuela de la CAN, así como el costo de los subsidios y apoyos a los exportadores colombianos que se requieran para evitar un colapso, tendrán que ser incluidos en la evaluación final de los costos y beneficios del TLC. Puede que, aun así, se encuentre que sus beneficios netos son enormes. Ya se verá. Por lo pronto, es necesario que la contabilidad esté en orden.
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