Opinión

  • | 2007/01/19 00:00

    El Festival Internacional de Música de Cartagena

    ¿Puede un evento aparentemente artístico generar impacto social más allá del efecto cultural?

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Acaba de terminar en Cartagena el I Festival Internacional de Música, evento auspiciado, creado y liderado por la Fundación Víctor Salvi. Para su realización se contó con el apoyo de algunas empresas y entidades nacionales e internacionales.

Más allá del impresionante éxito cultural y artístico, debido a la excelencia de los intérpretes, del repertorio y de la organización del Festival, vale la pena destacar el impacto social que tienen eventos de esta naturaleza sobre el país y especialmente sobre la ciudad.

El Festival se encargó de convertir a Cartagena en un inmenso escenario dedicado a la música, durante la segunda semana de enero. Allí se llevaron a cabo conciertos en el Teatro Heredia, en las capillas de Santa Clara y Santo Toribio, al aire libre y gratis en la Plaza de San Pedro Claver, conferencias, talleres para jóvenes y seminarios.

Usualmente no es fácil medir el impacto social de los eventos y proyectos culturales. Sin embargo, después de haber visto todo lo que sucedió durante esa semana, queda uno con la impresión de que para cualquier ciudad, y en especial para una ciudad turística como Cartagena, el beneficio es inmenso. El simple hecho de que se hayan vendido a precios muy accesibles más de 5.000 localidades, y que más de 3.000 personas por noche hayan podido asistir a conciertos gratis con la orquesta de cámara de Montreal I Musici, o con algunos de los solistas más cotizados del mundo, justificaría todos los esfuerzos para tratar de que este se convierta en un evento anual.

Sin embargo, los efectos trascienden con creces los anteriores logros. Por ejemplo, ¿cuánto le representa a la ciudad una semana adicional de vacaciones? Una semana durante la cual se ocupan habitaciones hoteleras, restaurantes, se usan taxis, se venden artesanías y otras cosas. Una semana durante la cual Cartagena es referenciada en los medios culturales internacionales, durante la cual tenemos la oportunidad de vendernos como destino turístico de gran nivel en el Caribe, y durante la cual tenemos la oportunidad de mercadear en forma directa con los visitantes músicos y melómanos que ya vinieron nuestros mejores productos turísticos.

Debemos apreciar la verdadera magnitud de los beneficios que puede generar el turismo internacional. Países como España o, para no ir tan lejos, Perú han logrado contar con un flujo estable de turistas que genera una gran cantidad de divisas y empleos alrededor de esta industria.

En alguna de las entrevistas otorgadas por los músicos visitantes, el chelista chileno Andrés Díaz se mostraba impresionado por la calidad de este primer festival, al tiempo que afirmaba que en su opinión estaba en camino de convertirse en uno de los destinos favoritos de los melómanos en el mundo. No se trata de pecar de nacionalistas, pero destacaba algunas cualidades que permitirían este posicionamiento, como la ciudad, los escenarios, la voluntad de la Fundación Salvi y elementos aparentemente menores pero con gran peso al final, como la época en la cual se desarrolla que coincide con el frío invierno del hemisferio norte, temporada durante la cual además la actividad musical está muy limitada.

Parece que se ha identificado una ventaja comparativa para la ciudad que debería ser utilizada en la mejor forma posible. Si, además, como sucedió, resulta que los visitantes dictan talleres para los estudiantes y profesores colombianos, o si los músicos se vinculan con causas sociales como sucedió con los violinistas que visitaron una escuela en el barrio Nelson Mandela, o si sencillamente los recursos excedentes de la taquilla se dedican a las actividades de la fundación, como sucedió, entonces estamos ante una oportunidad de oro para una ciudad que tanto lo necesita.

Finalmente, cabe destacar la participación de algunas empresas colombianas que creyeron en el evento y en su capacidad de impactar positivamente la ciudad y apoyaron esta primera versión del Festival. Sin embargo, hay que seguir trabajando, para que se consolide y se repita año a año, para lo cual se requiere el apoyo decidido de autoridades y empresa privada.

Es una oportunidad de oro para proyectar a la ciudad, para generar empleo, para mercadearnos internacionalmente, para atraer turismo de alto nivel y, por supuesto, para escuchar el mejor arte.



* Miembro Compartamos con Colombia

email: brucemacmaster@compartamos.org
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