Connie Cárdenas de Santamaría

| 4/11/2003 12:00:00 AM

El estudiante guerrero

Hay que revisar los mensajes que damos a los jóvenes y propender por valores que los habiliten para convivir en un mundo en el que quepamos todos en igualdad de condiciones y oportunidades.

por Connie Cárdenas de Santamaría

Todas las guerras que estamos presenciando en el mundo tienen su origen en una formación personal-individual que se gesta, casi siempre inadvertidamente, en las experiencias infantiles en la vida familiar, en el salón de clase, con las amistades. El caso que aquí se describe así lo ilustra.

Desde pequeño Juan Manuel se destacó entre sus primos y amigos como un muy buen atleta. El mismo no podía creer lo fácil que le era saltar distancias, alcanzar alturas que a los demás les costaba tanto esfuerzo. Su musculatura era la envidia de su hermano mayor y su agilidad para el baloncesto le ganó aplausos en las competencias intercolegiales. Además, era un muy buen alumno lo cual le permitía dedicar bastante tiempo a jugar. Le fascinaban los juegos estratégicos de guerra. Al principio eran ladrones y policías. Después eran los Power Rangers. Luego llegaron los juegos electrónicos y pudo poner al servicio de su inteligencia, su habilidad manual y su destreza para "matar" a los muñequitos enemigos que aparecían en la pantalla del computador. Se pasaba las horas intentando ganar más puntos en esas guerras. Y lo disfrutaba inmensamente.

Si bien gozaba con estos juegos, no era agresivo en sus relaciones. Tenía muy buenos amigos. Su "cuento" de la guerra se quedaba en la pantalla, era simplemente un juego. Fascinante, ¡eso sí!

Al terminar el colegio pensó en "regalarse" al Ejército, pero sus padres lo convencieron de que se presentara y si salía se le cumplía el sueño, si no, quería decir que no era el momento. Para alegría de sus padres, no salió en el sorteo y entró a la universidad.

¡Y ahí empezó la guerra! Aquí ya no era el líder destacado, el deporte era secundario y la lucha era otra: quién era el mejor para tal o cual materia, cómo ganarles a los compañeros en el promedio para obtener la beca semestral, cómo afinar los argumentos para aplastar al que estaba en desacuerdo, cómo vencer al profesor.

Sin darse cuenta, estaba jugando a esa guerra que como niño libró en sus juegos o veía en el cine. Aquí salieron a flote esos aprendizajes: cómo pensar por el otro, anticiparse para decir de primero lo que le permitiría ganar la atención y ojalá la admiración del profesor, obtener la mejor nota, "armar" el argumento más agudo, en fin, ¡ganar! como en los juegos de niño. Esto lo llevó a identificar a los "débiles" -que no peleaban- y los "malos" -que no estaban de acuerdo con él-. Y le iba muy bien, al punto de ser considerado para el grado cum laude.

En el último semestre, Juan Manuel conoció a Marcela, estudiante de otra carrera, monitora de una materia electiva. Era una mujer inteligente, excelente expositora, muy clara en sus explicaciones. Lo sorprendió que ella parecía no darse cuenta de su presencia. Cuando él le preguntaba algo sobre su nota o le pedía explicaciones sobre los planteamientos del profesor, le respondía con gran claridad, pero sin ninguna deferencia. Juan Manuel resolvió hacer un trabajo extra para mejorar aún más su nota, pero sobre todo para atraer la atención de Marcela. Y, para su sorpresa, ella no pareció percatarse de lo que él consideraba un trabajo genial. Esto lo desesperó al punto de no poder controlarse y le dijo: "¡Hola!, ¿a usted qué le pasa conmigo?". Marcela lo miró y le dijo: "A mí nada, lo que tengo claro es que jamás quisiera tener algo qué ver con usted".

Atónito, Juan Manuel logró preguntar: "¿Por qué?". "Porque jamás he visto una persona tan agresiva, competitiva e interesada como usted. Parece que lo único que le importa es usted y así ¿quién cabe en su vida? ¡Lo felicito! Sacó la mejor nota. Disfrútelo. Ciao".

Sin darse cuenta, este estudiante, como tantos otros, se vuelve un guerrero para todo, con lo cual se inhabilita para la vida. Hay que revisar los mensajes que damos a los niños y a los universitarios y propender por valores que los habiliten para compartir y convivir en un mundo en el que quepamos todos en igualdad de condiciones y oportunidades, hombres y mujeres, "débiles" y "malos" y de todas las etnias.
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