Opinión

  • | 1995/08/01 00:00

    EL ESTADO OMNIPOTENTE

    "El Estado debe respetar y no se debe dejar irrespetar, pero..."

COMPARTIR

Al Estado lo irrespeta el gobierno del hermano país cuando, ya cansado de las incursiones de nuestra guerrilla en la frontera, le advierte que tropas venezolanas cruzarán la frontera porque no hay voluntad política del gobierno para perseguir a la guerrilla y tienen nuestros vecinos toda la razón.

Al Estado lo irrespeta la guerrilla, ya que en el caso de La Uribe no es él quien impone las reglas sino que se las deja imponer.

Al Estado lo irrespeta la delincuencia armada, ya que a él se le olvidó el hábito de mandar y lo sustituyó por el de contemporizar con todo aquel que quiera dialogar. Al Estado lo irrespetan los legisladores ineptos, que aprueban leyes y proyectos, sabiendo perfectamente que no existen recursos para ello, como la gratuidad de la educación primaria.

Al Estado lo irrespetan los políticos corruptos que proponen y aprueban proyectos y leyes que benefician exclusivamente a los funcionarios deshonestos, a los guerrilleros y a los narcotraficantes.

Al Estado lo irrespetan los fiscales y los jueces penales, que acogen con benevolencia y laxitud a los bandoleros y a los narcotraficantes y les negocian penas ridículas, ya sea porque los incentivan o por afinidades ideológicas.

Al Estado lo irrespetan los funcionarios corruptos, que con base en sus desfalcos y peculados han diezmado prácticamente todas las empresas comerciales y de servicios públicos del país.

Al Estado lo irrespetan los funcionarios corrompidos, que en llave con los contratistas corruptores permiten que se hagan puentes que se caen y vías que se desploman.

Al Estado lo irrespetan los redactores de nuestros códigos y normas penales, cuando permiten la excarcelación de estupradores y de corruptores de menores y no permiten la acumulación de penas. En Colombia da lo mismo asesinar a uno que a treinta y de paso se conservan intactos los patrimonios mal habidos.

Al Estado lo irrespetan los sindicatos de las empresas públicas y oficiales, haciendo huelgas a su libre albedrío y dictando reglas sobre qué se puede y qué no se puede privatizar, como en el caso de Telecom y del Sena.

A su vez, el Estado a través de su implacable burocracia, irrespeta al ciudadano con sus trámites inútiles y su inexplicable papeleo y procedimiento.

El Estado irrespeta a los contribuyentes cuando les exige que financien con sus impuestos a gran parte de su inepta, aplastante, ruinosa y corruptora burocracia.

El Estado irrespeta a los conductores y transportadores al exigirles el pago de peajes para transitar en vías que se asemejan a caminos de herradura.

El Estado irrespeta al viajero cuando le cobra una absurda tasa aeroportuaria para hacerlo soportar esperas infernales en aeropuertos inseguros y malolientes.

El Estado irrespeta a los ciudadanos cuando, por pusilánime o por tontarrón, los obliga a soportar los secuestros, boleteos y desafueros de la narcoguerrilla marxista y leninista, para no hablar de la delincuencia común.

El Estado irrespeta a todos los colombianos cuando emite moneda sin respaldo y le dice al sector privado que tiene que prepararse para combatir la inflación, cuando a su vez el mismo Estado, en lugar de apretarse, se suelta el cinturón en aras del salto social.

El Estado irrespeta al ciudadano en su intento de crear una cultura oficial a través del Ministerio de Cultura, donde lo único que logrará es convertir al artista o al intelectual en otro burócrata pagado con dinero oficial.

El Estado irrespeta a los colombianos cuando permite que, fuera del Reinado Nacional de la Belleza, el único reinado que impera en el país es el de la impunidad.

por ello irrespeta y es irrespetado. Como admirablemente lo expresa Carlos Lemos Simmonds en su libro "El Estado ladrón": "El Estado en Colombia es cantinero, deportista, banquero, artista, educador, ingeniero, médico, patrono, industrial, latifundista, comerciante, importador, exportador, empresario, periodista, publicista,

radio-difusor, transportador, productor de cine y de televisión y, desde luego, ladrón y mendigo. Pero lo que ya no es, porque el resto de sus actividades no le dejan ni tiempo ni recursos para serlo, es Estado a secas. Es decir, garante del orden, de la armonía social, de la paz en serio y de la seguridad".

El historiador Hugh Thomas nos señala que la época dorada de Inglaterra transcurrió desde mediados del siglo XVIII hasta principios del siglo XX, y señaló que buena parte del éxito de la Gran Bretaña se debió al papel insignificante del Estado en los asuntos económicos del país y sus colonias, ya que concentró sus energías en establecer el imperio de la ley, dejando a los individuos la libre creación de la riqueza. Precisamente por esto el Estado era profundamente respetado; hacía poco y lo poco que hacía lo hacía bien. El Estado se ocupaba principalmente de defender la vida y la honra de sus ciudadanos. En el campo económico, el Estado se limitaba a asegurar la libre competencia, a eliminar los monopolios, a establecer patentes, a asegurar ciertas reglamentaciones urbanísticas y educacionales. Ninguno de ellos papeles insignificantes.

Por contra, España durante esta misma época se hundía en la miseria, por no hablar de las guerras civiles. España seguía siendo un imperio burocrático enfocado en el pasado, en el cual toda la actividad económica necesariamente tenía que ser organizada, reglamentada y supervisada por el Estado, en aras de un control del comercio con las colonias que al final se resquebrajó, despedazando lo que llegó a ser el mayor imperio de la historia.

Nada más complejo en la historia que las relaciones entre el Estado y la Nación. El Estado a través de la historia ha tratado de usurpar los papeles que no le corresponden y esto es lo que conlleva a que se le pierda el respeto. Antes de la caída del Imperio Romano, el Estado se había convertido en el mayor latifundista, en el mayor industrial y en el mayor de las minas y las canteras. Pero había perdido hacía buen tiempo el respeto de los ciudadanos.

El Estado es por definición el representante de un conjunto de ciudadanos que ocupan un lugar geográfico que son la Nación y que requieren del Estado como garante del orden y de la armonía social. Cuando el Estado se limita a tan loable objetivo y a su vez circunscribe su papel en la actividad económica a lo estrictamente necesario, los países prosperan. A la inversa, cuando el Estado descuida su objetivo primordial, para asumir un protagonismo innecesario en la actividad económica, las naciones se empobrecen y el Estado irrespeta y es irrespetado.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?