| 12/9/2008 12:00:00 AM

El escultor y la roca

El escultor y la roca

El legado patrimonial, cultural, organizacional y el conocimiento del que dispone la empresa siempre podrán ser perfeccionados.

por Diego Vélez

Sé de escultores que imprimen la forma preconcebida en la roca, forma que puede ser solicitada por el cliente o que surge como expresión libre de su imaginación. Sé de otros que dialogan con su roca, consideran su forma, tamaño, dirección de la veta y textura del material y respetando estas condiciones emergen figuras que satisfacen tanto el potencial de la materia (en psicología cognitiva, el affordance, la cualidad dada) como la visión del artesano.

Los miembros de las empresas de familia no son roca en bruto, material en blanco sobre el que los fundadores o directivos imprimen su visión, valores o estrategia. Cada uno contribuye con una experiencia propia, una cosmovisión y unas competencias que la empresa debe valorar y potenciar. Comunicar valores familiares y empresariales es el resultado, por un lado, del convencimiento real acerca de la grandeza, del significado, y de la utilidad de los mismos y, por otro, del compromiso por mantenerlos y acrecentarlos a través de decisiones y acciones transformadoras.

La virtud del artesano y del directivo empresarial no es por tanto hacer maquila de elementos -el primero- y talentos -el segundo-, seleccionando el mejor material previamente transformado, pulido, y calificado, para invertir menos en su formación y hacerlo rendir más. Su virtud, en cambio, está en hacer brotar lo mejor de cada uno, hacer consciente lo escondido y trabajar en la veta personal, las fortalezas, el talento individual y ofrecer la posibilidad de desarrollarlo asignando funciones compatibles. Incorporar y retener el talento, es bueno. Construir una compañía que cree en el talento personal y lo desarrolla es aún más grande. No me sorprenden aquellas instituciones educativas que exigen como condición de ingreso unos valores -que son en realidad los que aspiran formar- y para ello conducen estrictos procesos de selección a los candidatos de ciclos iniciales para que así estos logren altos resultados en pruebas de Estado o de ingreso a centros de educación superior. Admiro en cambio, aquellas que reciben al niño tal y como es, y en un proceso dialógico hacen emerger los valores y talentos específicos, los prueban en el terreno y los orientan a fines concertados.

Tampoco apruebo la expectativa opuesta: miembros de familia que condicionan su vinculación a la empresa, a que esta goce de un prestigio ampliamente reconocido, disponga de una estructura organizacional sólida, generosos planes de desarrollo, espacios físicos amplios y ergonómicos, plataformas tecnológicas de punta y que por supuesto ofrezca altos salarios y beneficios. Solo en un ambiente así, considerado un gran lugar para trabajar, ya constituido, creen algunos que pueden dar lo mejor de sí. En cierta forma, exigen un contexto óptimo para que los valores y talentos florezcan.

Siempre he creído que la parábola evangélica del sembrador enseña acerca de una semilla que no cayó en el camino o en la roca o entre espinos por equivocación sino que fue sembrada allí intencionalmente. No me refiero a la predestinación de funciones sino a una sana "indiferencia" frente a la expectativa de tener condiciones externas óptimas para realizar transformaciones significativas. Más aún, es de tan "buena cepa" que puede cambiar el terreno haciéndolo fértil. Esto es contra intuitivo, pero los valores y talentos se desarrollan y fortalecen como las cometas que se elevan más cuánto más fuerte sople el viento contracorriente. Los ambientes para trabajar se construyen, no hay que esperarlos. Es la historia de los grandes líderes y de las familias emprendedoras

No podemos generar falsas expectativas en familiares que incursionan en los negocios de la familia empresaria. El legado patrimonial, cultural, organizacional y el conocimiento del que dispone la empresa siempre podrán ser perfeccionados. La tradición no es un dato sino un mandato, una responsabilidad asumida para acrecentar con los valores y talentos individuales y colectivos.

Señor empresario familiar, ¿consideraría usted asignar a los más talentosos a trabajar en las empresas o áreas más complejas de la organización para que así la semilla buena transforme el terreno árido? ¿Qué cambios en la cultura se requerirían para que este tipo de iniciativas sean acogidas?

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