El equilibrio cambiario

| 11/5/1999 12:00:00 AM

El equilibrio cambiario

El Banco de la República tiene razón: el tipo de cambio real de equilibrio subió durante el último año. Pero el ajuste requerido no se ha dado y habrá más devaluación.

por Javier Fernández Riva

Después de haber tenido durante los últimos años tantos desacuerdos en materia cambiaria con el Banco de la República me alegra poder decir que por fin hay algo en que estamos de acuerdo: durante el último año se elevó el nivel de equilibrio del tipo de cambio real.



Nuestra única diferencia es que el Banco sigue creyendo que tenía razón hace un año cuando decía que el tipo de cambio de $1.500 por dólar era adecuado. Y que, aunque luego ciertos desarrollos modificaron las cosas e hicieron inevitable el alza del dólar, el ajuste requerido ya se efectuó y no hay razones para esperar más devaluación real en el futuro. En cambio yo creo que hace un año el dólar estaba demasiado barato y que el alza ya ocurrida era previsible desde entonces. Los nuevos desarrollos, cuyo reconocimiento, pero no su interpretación, es el punto de coincidencia con el Banco, inducirán una nueva devaluación real en los próximos 18 meses.



El asunto es algo técnico y me temo que será de interés limitado para los lectores de Dinero. Los únicos cuyos bolsillos se podrían ver afectados por quién tenga la razón en esta materia son los exportadores que estén decidiendo sobre inversiones para el desarrollo de su mercado externo. Y los importadores que estén evaluando las alternativas de financiarse con crédito de proveedores y de elevar o no sus inventarios una vez se afirme la recuperación económica. Y las firmas que tengan o planeen tener deuda externa, así como sus prestamistas locales, que requieran proyectar si la carga de intereses para sus clientes se aliviará o se volverá más gravosa en el futuro. Y las personas y empresas que estén tratando de decidir si invertir en pesos o aumentar su portafolio de inversiones en dólares. Y los inversionistas extranjeros que necesiten prever el retorno de sus inversiones.



Qué le vamos a hacer. Uno no siempre puede escoger temas que le interesen a todo el mundo.



Había dos razones principales para pensar, desde hace un año, que el dólar estaba barato y que la banda cambiaria se elevaría o sería eliminada a más tardar a comienzos del 2000 para permitir un alza importante. La primera era que llevábamos muchos años con un gran déficit en la cuenta corriente que había implicado una explosión de los pasivos del país con el resto del mundo, de manera que cuando los mercados de capitales se dieran cuenta nos cortarían el chorro. La segunda era que estábamos entrando al año pico de las exportaciones petroleras sin haber encontrado nuevos pozos y que, a menos que tuviéramos suerte con las exploraciones, pronto comenzaría el declive hacia una situación de importadores de crudo.



Lo primero ya es una realidad. Los mercados de deuda se cerraron o encarecieron este año más allá de toda previsión oficial, el país fue degradado por las calificadoras internacionales y la política económica cayó bajo la férula del FMI con la esperanza de evitar la sequía total. En cuanto a las perspectivas de la balanza petrolera hace quince días el Presidente y el Ministro de Minas declararon en Estados Unidos que, a menos que el país se gane la lotería petrolera ("que encontremos pronto otro pozo similar a Cusiana") las consecuencias serían "devastadoras".



El Ministro de Minas también subrayó indirectamente el problema del cierre de mercado externo de capitales al señalar en el Congreso que las privatizaciones programadas para el 2000 (Isa, Isagen, etc.) son indispensables para evitar una nueva crisis de balanza de pagos y una devaluación masiva. Pero ocurre que con esas privatizaciones estaríamos raspando la olla, a menos que usted crea que el primer acuerdo con Tirofijo será la privatización de Ecopetrol.



El accidente que, según el Banco de la República, elevó el tipo de cambio real de equilibrio y lo forzó primero a cambiar la banda y luego a abandonarla fue el cierre del mercado internacional de capitales, al parecer una simple consecuencia de perturbaciones externas sin relación con el deterioro de los indicadores de balanza de pagos del país. Al mismo tiempo, el cambio de tipo estructural, que le permite confiar en que el nuevo nivel del dólar es adecuado, en la reducción observada en el déficit en la cuenta corriente, que este año caerá en más de US$4.000 millones.



Cada vez es más difícil para un país como Colombia acceder a los recursos de los mercados internacionales de capital.



En mi opinión, esa no es una forma razonable de mirar las cosas. Es cierto que el cierre del mercado de capitales ocurrió antes y fue más completo de lo esperado. Pero la reducción de los flujos de capitales para un país cuya deuda se disparó en los últimos cinco años, y que ha venido financiando buena parte de su déficit con inversiones externas que no generarán dólares en el futuro pero que sí remesarán utilidades (energía eléctrica, banca y seguros, comercio interno, comunicaciones) debe considerarse duradera, no un accidente. Los créditos y la inversión no van a frenarse en seco, pero cada vez será más difícil que excedan las amortizaciones y las remesas de utilidades y capitales, esto es, que sirvan para financiar déficit corriente.



En contraste, la mayor parte de la reducción que este año se presentará en la balanza comercial correrá por cuenta de una caída de US$3.000-3.500 millones en las importaciones, por la depresión y el colapso de la inversión privada. Aunque la reciente ganancia de tipo de cambio real contribuirá a frenar las importaciones, si el país aspira a volver a crecer e invertir debe prever una recuperación importante del tipo de cambio a partir del 2000. En cambio, como no se ha encontrado petróleo, hoy estamos un año más cerca del que ya luce como inevitable (y ojalá transitorio) retorno a la condición de país importador neto de hidrocarburos.



De manera que, en parte por lo que ocurrió (un cierre más rápido y completo del mercado de capitales que el que había previsto) y en parte por lo que no ocurrió (ningún hallazgo petrolero importante) el tipo de cambio real de equilibrio es ahora más alto que hace un año. Ya me imagino a las autoridades explicando, dentro de quince meses, la cadena de acontecimientos, supuestamente imprevisibles, que forzaron una mayor devaluación a partir de un nivel que, según sus últimos y muy concienzudos análisis de paridad cambiaria, era holgadamente de equilibrio.
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