Opinión

  • | 1998/03/04 00:00

    ¿El Elefante II?

    Guiados por los medios de comunicación y por encuestas interpretadas a medias, muchos electores se han rendido antes de dar la pelea por sus verdaderas convicciones.

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Apoyados en las encuestas de opinión, los medios han determinado que la contienda electoral de junio, luego de una primera vuelta sangrienta, será entre Horacio Serpa y Andrés Pastrana.



Lo mismo hicieron meses antes de la elección para Alcalde de Bogotá: decretaron --no pronosticaron-- quiénes serían los dos finalistas. Desde entonces, sólo los escucharon a ellos, lo cual reforzó los resultados de las siguientes encuestas, determinó quiénes recibirían la mayor ayuda financiera y los consolidó como finalistas. Menos mal ganó el bueno de los dos, pero habría podido ser una catástrofe.



Hoy los medios nos auguran para mayo una repetición de las presidenciales de 1994. Algo así como Tiburón II, con menos público y más aburrida. Lo que debiera ser un ejercicio de los ciudadanos, entonces, termina siendo una decisión de los medios, gracias a una lectura equivocada de las encuestas.



Me explico. No es que las encuestas estén equivocadas, pues quienes las hacen son serios. Pero las encuestas no son otra cosa que una fotografía del instante. Y lo interesante en política no es la fotografía de un momento dado --con excepción de la medición que se hace un día antes de la elección­, sino el movimiento que las mediciones pueden revelar. A la manera del cine, se requieren muchas mediciones, muchas fotografías, para entender el verdadero sentido de la trama.



Pero como en Colombia es tan escaso el buen análisis político y tan frívolo el cubrimiento de las campañas, las encuestas son una táctica muy eficaz. La teoría del "voto útil" o de "subirse al caballo ganador" hace que muchos colombianos prefieran ganar con seguridad antes que tomar la decisión que creen correcta. Pero esto también revela una de las causas más graves de nuestra crisis: pocos creen en el poder que tienen para cambiar las cosas y se entregan fácilmente, sin dar la pelea.



Es posible salir de la crisis en la que estamos. Pero el primer paso es abandonar el autismo, la neurosis de fracaso que nos aqueja.



Dar desde ya por descontada la elección del candidato del Gobierno es abandonar las posibilidades de un cambio de verdad. Faltan tres meses para la primera vuelta. En los cuarteles del presidente Bush, a tres meses de la elección daban por descontado el triunfo, pues su favorabilidad estaba por las nubes. Pero en poco tiempo, Bill Clinton, el desconocido gobernador de Arkansas, lo arrasó. A tres meses de la elección, lo que importa no son las encuestas. Lo que importa es que la gente escuche y piense y tome una decisión propia, independiente, por encima de la maraña de lugares comunes y frivolidad que hoy caracteriza a la elección presidencial.



Si no es así, preparémonos para ver El Elefante II, con actuación estelar de los indiferentes y de aquellos que conocemos desde cuando Medina usaba su teléfono seguro.
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