Opinión

  • | 1999/07/02 00:00

    El elefante asiático

    La crisis asiática tiene muy poco de "sicológica". Asia Oriental acumuló una montaña impagable de pasivos externos. Y Colombia va por el mismo camino.

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Durante el último año, Asia se fregó y nos fregó a nosotros. Los precios del petróleo se fueron al suelo, cosa que nos duele por partida triple. El mercado internacional de capitales, antes tan confiado y confiable, se volvió retrechero. Y la presión por las importaciones coreanas es tan intensa que hasta algunos empresarios locales que se mueren de la vergüenza de parecer proteccionistas han comenzado a clamar por salvaguardias.



Como suele ocurrir con las crisis cambiarias, se han escrito muchas bobadas sobre la presunta naturaleza "sicológica" de la crisis asiática. Muchos, empezando por los gobiernos de los tigres heridos, prefieren suponer que es un temor animal el que indujo la estampida de capitales que desplomó sus monedas y todavía mantiene a los banqueros e inversionistas alejados, a pesar de que esos países ofrecen activos a precios irrisorios en dólares, cuentan con trabajadores productivos y disciplinados y con gobiernos con probada capacidad para mantener el orden fiscal y la seguridad interna, no como otros que peor sería meneallo.



Bobadas, insisto. Es obvio que los prestamistas se niegan a prestar porque dudan de que les paguen y que los inversionistas no quieren invertir porque temen bajos retornos y más devaluaciones. Pero sus temores no son irracionales. Por el contrario, tras su dolorosa sorpresa de los últimos 10 meses se han dado cuenta de lo que una pila de basura analítica les había ocultado hasta hace poco. Hoy saben que esos países ya han acumulado una montaña de deuda e inversión externa y que su carga de intereses y utilidades es desproporcionada con sus exportaciones y con su ingreso nacional, por lo que seguir metiéndoles plata sería una locura.



Para colmo, cada día que pasa confirman que, precisamente al aplastante peso de los pagos netos al extranjero, ahora que ya no pueden financiarlos con más deuda, esos países sufrirán una depresión que reducirá todavía más sus posibilidades de pagar intereses y de generar utilidades sobre la inversión. Según las últimas proyecciones de UBS Securities, el PIB de los cuatro tigres más afectados ­Malasia, Corea, Tailandia e Indonesia­ caerá este año entre 4,7% y 23,2%.



En el cuadro que acompaña este artículo incluyo dos columnas para el PIB en dólares de los tigres asiáticos: una para el PIB que resultaría con el tipo de cambio promedio de ese año, todavía sobrevaluado a pesar de que el ajuste cambiario ya se había iniciado, y otra que resulta de aplicar a las cifras de PIB de 1997 en moneda nacional el tipo de cambio promedio proyectado para 1998, mucho más realista.



La terrible sobrevaluación del PIB en dólares, consecuencia de la sobrevaluación de las monedas locales, distorsionó indicadores como la relación de deuda externa a PIB o de déficit corriente a PIB y contribuyó a despistar a los analistas, los banqueros y los inversionistas. Como ocurrió tres lustros antes en América Latina, todo el mundo se dio cuenta, a la hora nona, que Asia Oriental había acumulado una montaña impagable de pasivos externos.



En el cuadro incluyo, como puntos de comparación, a tres países latinoamericanos: México, que desde 1995 se tomó la medicina, Brasil, que continúa bajo presión, y Colombia, donde nuestro inefable banco central se obstina en atribuir los temores cambiarios a razones sicológicas. En esos países no he ajustado el PIB, para evitar discusiones laterales, pero creo que en Brasil y en Colombia el PIB en dólares está sobreestimado.



La comparación facilita apreciar que los países asiáticos, a pesar de tener en la mayoría de los casos un superávit fiscal o virtual equilibrio en sus finanzas públicas, se durmieron sobre su fama de frugalidad y durante los 90 vivieron al debe, alimentando un "elefante" de deuda externa que nadie vio hasta cuando fue demasiado tarde.



Por supuesto, la deuda externa es apenas una parte de los pasivos externos que generan presión sobre la cuenta corriente. Pero como tengo poco espacio y los datos de deuda externa son tan contundentes, prescindiré de presentar mis estimaciones de los pasivos externos totales de esos países. Sólo diré que, mientras en Colombia la explosión de la inversión extranjera directa es muy reciente (entre 1994 y 1995 recibimos US$12.240 millones, casi tanto como el aumento de la deuda externa en ese período) en la mayoría de los tigres la inversión extranjera venía disparada varios lustros antes de la crisis.



Por esa razón, ya está generando una terrible carga sobre la balanza de pagos en cuenta corriente por concepto de utilidades y dividendos.

Mientras la crisis asiática continúa desarrollándose, aquí en forma muy discreta y con la invaluable colaboración del Banco de la República, que no tiene reparos en mantener el peso sobrevaluado y en fomentar la venta de activos domésticos para seguir estirando un poco más la cuerda, Colombia sigue engordando su propio elefante de balanza de pagos
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