Opinión

  • | 1999/10/08 00:00

    El drama de la pobreza rural

    Con una economía de subsistencia y una agricultura atrasada, nuestro campo reclama atención.

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La pobreza rural ha sido el tema olvidado de los gobiernos de turno. No obstante, y a pesar del rápido proceso de urbanización que ha vivido el país, como el resto de América Latina, cerca del 30% de la población todavía vive en áreas rurales. De ellas, más del 30% vive en pobreza extrema, es decir, no tiene ingresos para comprar una canasta de alimentos con nutrición adecuada, según un estudio reciente del Banco Mundial. No ha habido, sin embargo, estudios que nos indiquen cuál es el drama real de estas personas, cuáles son su perfil social, características y condiciones de vida.



¿Qué oportunidades de paz tiene Colombia? ¿Y de lograr una agricultura moderna?



Una encuesta reciente del programa piloto de Bonos Campesinos de Paz, implementado exitosamente por la Gobernación de Cundinamarca, provee información aterradora sobre el perfil y las características socioeconómicas de estas familias. Esto puede ser representativo de los millones de campesinos marginales del país. La encuesta fue aplicada a 400 familias de zonas marginales deprimidas de 12 municipios de Cundinamarca e indica que más del 97% de los campesinos tiene un ingreso familiar menor a un salario mínimo mensual. Esto indica un bajísimo nivel de ingreso per cápita que no alcanza siquiera para cubrir las necesidades básicas alimentarias de esta población.



Otras características son que solo un poco más de la mitad de estas familias son propietarias de las parcelas que cultivan y muy pocas han contado con créditos oficiales para sus parcelas; por tanto, no recibirán los subsidios por condonaciones de deudas o reducción de tasas de interés que están en proceso con los Fondos de Reactivación recientemente anunciados. El 70% de los jefes de hogar tiene menos de 4 años de educación formal y solo un 19% ha cursado el 5º año de primaria. Un asunto aún más preocupante es que las tasas netas de escolaridad de los niños entre 5-15 años bajan notablemente a partir de los 10-11 años, cuando los niños desertan para empezar a trabajar.



Con estos datos, cabe preguntarnos qué oportunidades tenemos de lograr una agricultura moderna integrada a la economía mundial. Qué oportunidades de paz tenemos. También es importante destacar que muchas de estas familias están por fuera de los esquemas financieros de crédito y que dependen de una agricultura de subsistencia que merece tanto o más apoyo que la economía formal. Esta economía contribuye a reducir la migración a la ciudad y a reducir los gastos y subsidios en servicios públicos. Esta economía ha sido fuertemente apoyada en otros países con subsidios directos focalizados a estos grupos para mejorar su productividad e ingresos y para hacer que las familias mantengan a sus niños en el sistema educativo. Esta es la única oportunidad para que puedan salir del círculo vicioso de la pobreza en que se encuentran.
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