Javier Fernández Riva

| 1/25/2002 12:00:00 AM

El dólar patas arriba

Hay razones para creer que la reciente baja del precio del dólar es una anomalía que, si no se corrige pronto, dará lugar a un ajuste traumático en el futuro.

por Javier Fernández Riva

El contraste es interesante. Mientras Argentina mantiene congelados los depósitos en moneda extranjera para que los dólares no salgan en masa del país, y restringe los retiros de las cuentas en pesos para impedir que vayan a comprar más dólares, disparando su precio a las nubes, aquí, en Macondo, con Mono Jojoy y todo, el dólar cayó $40 la semana pasada, y habría caído más si el Emisor no hubiera comprado dólares para sustentar su precio, y si no hubiera bajado las tasas de interés, disminuyendo el atractivo de los depósitos en pesos.



¿Es bueno o malo que baje el dólar? La pregunta no puede responderse señalando quiénes se benefician con la baja del dólar (importadores, deudores en dólares, inversionistas extranjeros que remesan utilidades, etc.) y quiénes se perjudican con ella (exportadores, residentes con depósitos en el exterior, personas que reciben transferencias de sus familiares de la diáspora, etc.), y evaluando cuál de esos dos grupos es más numeroso o tiene mayores méritos. Todo cambio en un precio beneficia a unos y perjudica a otros, pero el criterio económico para determinar si el cambio es conveniente no tiene qué ver con consideraciones distributivas, demasiado subjetivas.



A corto plazo el mérito de cualquier alza o baja de un precio es que "despeja" el mercado: hace posible que todo aquel que esté dispuesto a pagar lo que vale pueda obtener el bien, sin hacer colas, usar influencias o untar ají, y que todos los vendedores que encuentren atractivo el precio, y solo ellos, vendan, sin que nadie los obligue a entregar sus bienes si el precio no les cuadra.



Despejar el mercado sin colas y sin ají no es poca cosa. Pero, en una perspectiva más amplia, los precios también orientan la asignación de los recursos: una caída, que no corresponda a una baja de los costos de producción, le dice al mercado, en el único lenguaje que este entiende, que debe disminuir los recursos para producir ese bien: menos inversión en exploración petrolera si la baja es en el precio del petróleo, menos hectáreas en arroz, si cayó el precio del arroz, y menos exportaciones y venta de servicios al exterior, y más compras de bienes y servicios al resto del mundo, si lo que cayó fue el dólar.



¿Hay razones para creer que la capacidad del país para generar dólares creció tanto, y que sus necesidades de dólares para pagos al exterior se redujeron de tal manera, que la señal correcta al mercado, en este momento, es una baja del dólar que le diga que debe asignar menos recursos a las exportaciones de bienes y servicios, y buscar que aumenten las importaciones y los gastos de dólares en turismo externo? Y, si esa no es la señal adecuada ¿refleja la reciente baja un accidente de corto plazo, que el mercado corregirá pronto, o hay una anomalía más permanente, que volteó patas arriba la señal para la asignación de los recursos, y que es necesario corregir?



La respuesta a la primera pregunta es un NO rotundo: no hay razones para esperar un gran aumento de los ingresos de dólares en los próximos años. El precio del café está por el suelo, y seguirá así. No ha habido hallazgos petroleros de importancia y las exportaciones físicas de crudo van de capa caída. El precio del petróleo está siendo precariamente sustentado por la OPEP y muchos analistas internacionales creen que no podrá sostenerse mucho tiempo. Las perspectivas de Venezuela, nuestro principal comprador de muchas cosas, lucen cada vez más sombrías. El costo del servicio de la deuda externa sigue aumentando, y lo hará todavía más cuando las tasas de interés en dólares retornen a niveles más normales. No estamos próximos a firmar la paz con las FARC, el único evento que, en mi opinión, induciría un retorno de capitales fugados. En cuanto a las importaciones, siguen muy bajas, después de cuatro años de nulo crecimiento promedio de la producción y un gran retroceso de la inversión. Las necesidades de divisas para importar crecerán en el futuro, sin necesidad de estimular las importaciones con un dólar barato.



En suma, los "fundamentos" no apuntan a una caída del dólar. Por eso digo que la señal está patas arriba. Cuando, más adelante, el mercado deba corregir el rumbo, el giro podría ser tan brusco que habría riesgo de desnucarse, como en 1998-1999.



Respecto a la segunda pregunta, creo que la traída de dólares oficiales, incluyendo los del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera, explica buena parte de la baja del dólar, pero también creo que hay anomalías adicionales, que el espacio me impide discutir. Sea cual fuere la causa de esa caída anormal del dólar, lo indicado es neutralizarla con una menor tasa de interés, tan baja como sea necesaria para evitar una revaluación exagerada del peso, mientras se identifican y se corrigen las causas de la perturbación transitoria.
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