Opinión

  • | 1999/01/29 00:00

    El Dios de los colombianos

    Los discursos crean o descubren o descifran realidades. Una criatura reciente es "el Dios de los colombianos". Propongo una modesta indagación preliminar sobre nuestro Dios.

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¿Será consistente? No lo creo. El Dios de los colombianos es "paraconsistente", localmente consistente. La lógica paraconsistente es uno de los orgullos latinoamericanos en materia de investigación científica. Idea básica: mientras que en un sistema lógico normal (consistente) una sola inconsistencia echa todo a perder, en una lógica paraconsistente se convive con la inconsistencia, se controlan sus efectos devastadores.



Nuestro Dios mira olímpicamente a cualquier otro dios obligado a no contradecirse. A él le basta con ser coherente dentro de la duración de un día, o de un medio día. Corta el tiempo en rodajas, como rodajas de un salchichón. Ni le preocupa que las rodajas sean del mismo salchichón.



Un Dios cambiante responde a una feligresía cambiante. Heráclito decía "nadie se baña más de una vez en un mismo río" y alguien le ripostaba "ni siquiera una vez". En Colombia es raro que le encendamos más de una vez las velas a un mismo proyecto. Podría pensarse que el Dios colombiano es vagamente cristiano. Por ejemplo, le gusta perdonar. Para que las cosas no caigan en el olvido, mejor perdonarlas aún calientes. A veces, recordando salsa de los 70, se le olvida que olvidó. Y claro olvida los clásicos requisitos de arrepentimiento y propósito de cambiar, por anticuados y contrarios al sistema de la tajada diaria de salchichón.



¿Por qué Dios permite el mal? es la pregunta teológica más espinosa de todas. ¿Por qué lo permite nuestro Dios colombiano? Para ponernos a prueba. Es un Dios experimental que experimenta. Un Dios que deja hacer "para ver".



A los demás dioses los acorrala la secularización, al Dios colombiano ésta le encanta. De hecho es su principal promotor. Pero ni él ni sus 37 millones de seguidores han entendido que vivir sin dioses requiere más coherencia, no menos. Claro, en Colombia más de un iluso aprende en carne propia eso tan simple: sin Dios, no sólo has de ganarte la coherencia del día a día, sino has de descubrir si día tras día te bañas en el mismo río y trabajas en la misma obra. La coherencia requiere voluntad de coherencia, voluntad de tener razón.



Todos aprendemos de todos. Tenemos un Dios aprendiz. Ahora las FARC acusan al Estado de haber sido buen discípulo suyo y haber pirateado la famosa fórmula de la "combinación de todas las formas de lucha". El Dios de los colombianos no es muy sensible a los derechos de autor: ya un secuestrado fue puesto en "libertad condicional". Magos para crear, magos para copiar, magos para correr riesgos, ¿por qué no nos damos un lapo, el de revisar nuestra teología?



Reconozcámoslo: tenemos alma de fundamentalistas. Pero como el fundamentalismo requiere coherencia, da pereza... Poseer un territorio grande, integrado, como el que aún sorprende a Colombia, tal vez nos ha exigido más coherencia de la que somos capaces de asegurar. No sólo el tiempo se puede cortar en rodajas, también el espacio.
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