Juan Manuel López Caballero

| 3/21/2003 12:00:00 AM

El dilema de la oferta o la demanda

Si las dificultades se tratan como problemas de demanda, se podrían conseguir mejores resultados que buscando soluciones del lado de la oferta. La droga es un ejemplo.

por Juan Manuel López Caballero

El debate central en el campo económico gira en alguna forma alrededor de qué tiene más validez: si la Ley de Say, según la cual la oferta crea su propia demanda, o el enfoque keynesiano que propone que es la demanda la que mueve la economía.

Excepto para compra de empresas a valor de ganga, el intento de atraer el capital extranjero mediante los ajustes fiscales, liberación de flujos financieros y todas las recetas del FMI ha sido un rotundo fracaso; por otro lado, el ahorro interno desapareció al punto de que ni siquiera se menciona la palabra en el modelo prevaleciente; esto hace que respecto al dilema planteado y a los supuestos efectos del aumento de la oferta mediante mayor inversión no sea posible derivar conclusiones de nuestra propia experiencia? La controversia teórica más que estéril parece cansona, pues mientras no se logren crear las condiciones que concreten el aumento de la inversión ni se ensaye la teoría contraria, no habrá argumentos empíricos para invalidar o confirmar la una o la otra.

Pero sí es interesante estudiar el tema para otro caso en el cual se ha trabajado sobre las mismas bases y sobre el cual sí tenemos resultados a la vista: el caso de la droga.

El principio mismo de que es la oferta la que arrastra el consumo pone una premisa de partida según la cual son los perversos campesinos andinos los que generan los males de los inocentes consumidores estadounidenses. La segunda conclusión es que si se busca reducir el consumo hay que atacar la producción. Esa ha sido la política de los últimos 15 años y el resultado no coincide con la teoría; la reducción de las plantaciones de Bolivia las desplazó a Perú y a Colombia pero no redujo el consumo; las políticas de interceptación fueron efectivas para aumentar las capturas de envíos pero inefectivas para disminuir la demanda; y otro tanto ha sucedido con la estrategia de erradicación de cultivos donde con más de 200.000 hectáreas fumigadas no disminuye el apetito por drogas de los estadounidenses.

En cambio, si analizamos el mismo problema desde el enfoque de la demanda, vemos que la teoría predice y explica lo que ha sucedido. La persecución en el origen produjo su desplazamiento; la disminución en la oferta por detenciones en los envíos produjo una elevación de precios, que mantuvo la demanda total equivalente; el equilibrio del mercado propició un aumento de siembras, que se incrementaron en proporción paralela a los decomisos; y la erradicación hizo necesario ampliar las áreas cultivadas para responder a la demanda y cubrir las que se perdían por esa intervención. Por eso en Colombia, un aumento de los decomisos del 20% y de las fumigaciones de otro tanto ha incrementado las siembras en cerca del 40% y el área en producción en 20%.

En términos económicos, esa espiral viciosa es aún más clara pues al aumentar la necesidad de materia prima se multiplica la inversión en ella y suben los márgenes de rentabilidad, volviendo más grande y más atractivo el negocio. La violencia crece porque la dinámica de la economía de la droga le suministra cada vez más recursos y no, como algunos creen, que lo que sucede es que la primera es la que genera las condiciones para que haya narcotráfico.

Nada de lo anterior es de gran profundidad ni desconocido para quienes toman las decisiones aquí o en Estados Unidos. ¿Por qué entonces no hay cambios de políticas o de estrategias? Tampoco en esto hay misterio: los intereses creados alrededor de estas políticas (de burocracia y de poder, pasando por los políticos, e incluyendo los económicos) no lo permiten. Por eso, la solución del Gobierno Reagan fue declarar el tema como 'asunto de seguridad nacional' eliminando cualquier debate al respecto. En cuanto a por qué Colombia se somete a esa determinación, mejor ni comentarlo.

Tal vez una explicación adicional se encontraría en el más reciente informe de la Organización Internacional para el Control de Estupefacientes, que aclara que "lejos de enriquecer la población de los países productores y en especial de los campesinos que la cultivan, la droga genera utilidades en los países donde los productos finales se venden y consumen" y que "el ingreso de los agricultores que cultivan drogas ilícitas en los países en desarrollo equivale solamente al 1% del monto destinado por los toxicómanos para financiar sus hábitos de consumo".

Tal vez si tratamos nuestras dificultades como problemas de demanda, podríamos conseguir mejores resultados que buscando soluciones del lado de la oferta.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.